domingo 16/5/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

La “espantá” de la Ayuso

España no se merece actitudes infantiles, ni caprichos. Hay que tomar medidas. Hay que dialogar. Hay que llegar a acuerdos. Esa es la dinámica de la democracia.
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Foto de archivo

¡Vaya circo político el que se ha armado en Madrid, Murcia! Como si no hubiera suficiente con el que teníamos. ¡En manos de quien estamos! No sólo los habitantes de estas Comunidades, sino todos los españoles que, resignados, seguimos pagando continuamente en metálico, en sudor y en lágrimas, las tropelías, corrupciones e ineptitud de nuestros abyectos políticos.

Por si fuera poco con la pandemia, el paro juvenil, la degradación de los servicios, el hambre que padecen familias enteras, y un largo etcétera de calamidades que sufrimos a diario, llegan unos politicuchos de pacotilla, y ¡hala!, ahí os quedáis, compuestos y sin novio. Pobre españolito que paga y paga sin recibir más que olvido y desprecio por quienes debieran preocuparse por su bienestar, por su futuro y el de sus hijos, que para eso han sido elegidos. ¿O los que están no son los elegidos? No se qué pensar. Ante tanta corrupción rampante como nos invade, tengo incluso derecho a sospechar que, entre bandas de partidos, anda el juego, a ver quién se lleva la mejor baza, quién reparte, y a quién le toca el pastel. Para conseguirlo son capaces de cualquier cosa con tal de arrimar el ascua a su sardina. Pobre España. Mientras el pueblo sufre las desgracias, algunos políticos no cesan de mirarse el ombligo y pensar en sí mismos, sin preocuparse de lo que pasa en la calle. Sin reparar en más daños.

Una de las virtudes de quien toma las riendas de la responsabilidad comunitaria, debe ser la oportunidad de sus medidas. Una medida inoportuna es siempre perniciosa, lejos de mejorar, empeora la situación. Y lo curioso es que algunos de estos cerriles dirigentes saben qué es “oportunidad”; de ella echan mano cuando va a su favor. No en favor de la propia comunidad a la que dicen servir. Vergonzoso.

Cuando peor están las cosas, en un alarde de rabieta de niña mimada, ha echado a los consejeros de Ciudadanos a la calle, y ha dicho, hala, aquí mando yo...

El desplante, de la noche a la mañana, de la presidente IDA de la Comunidad más rica de España, y la que peor va, el desplante de dimitir, digo, de irse como se le ha ido el novio, es de una irresponsabilidad gravísima, estando como están las cosas, en el peor momento. Pero no es nuevo.  A esta señorita todo le viene ancho, como anchas son sus caderas, larga y viperina su lengua, y alocadas sus decisiones, sobre todo en lo referente a las medidas para atajar la pandemia, y al confinamiento. Para ir contra todo y contra todos, echa mano de un discurso cuyo significado desconoce, libertad, “Madrid es la libertad”, “negocio o ruina” y otras sandeces por el estilo... Como si la salud no fuera el mejor negocio. Sin salud no hay nada, ni vida, ni relaciones, ni negocio. Libertad... para emborracharse, para contagiarse, para contagiar a los demás... Madrid, ya lo apuntan algunos medios extranjeros, es el foco de la expansión del virus, el comienzo de una nueva “leyenda negra” que marcará a la capital de España y a su comunidad. Es una ingenua la señora IDA por dar prioridad a asuntos que carecen de importancia si falta la base, lo importante, la vida. Así no acabaremos nunca. Y vendrán más olas, y con mayor virulencia, aunque Madrid -por si ella no lo sabe-, no tenga mar. Son olas de muerte, de escasez. de aislamiento continuado sin respiro, si se salta a la torera, en contra del sentido común, las medidas prescritas y necesarias. Y sólo por llevar la contraria. Con argumentos de perogrullo, por destacar, porque hablen de ella... aunque sea mal. Debe ser la consigna de sus asesores, cuyas ideas distan mucho de ser lógicas, fruto de cabezas de chorlito. No me extraña que ellos exijan libertad en Semana Santa... tan necesitados deben andar por vestirse de capirote para hacer el “nazareno” en las procesiones, como hacía cuando uno de ellos estaba en Valladolid; “una larga tradición que tengo”, me confesó personalmente en cierta ocasión. No quiero nombrarlo porque todos conocemos el nombre de este susodicho.

Para eso son las normas, para saltárselas, debe pensar esta ínclita señorita de ascenso rápido en la política, protegida por su ama y dueña de la perra, la vieja lideresa Aguirre, personaje también de ascenso meteórico, como su otra sucesora, “la masterizada”, y como el gran predecesor, padrino de todas ellas que se movía por los pasillos de la política con gallardía y donaire. Personaje de derecha rancia, con apariencia de izquierda progre, o de izquierda comedida, que actuaba como derecha rancia. Gallardón era, por su progenitor, y donaire, por su suegro, ex ministro de Franco. Todos subieron raudo y veloz a lo más alto. Nadie pensaba que cayeran tan rápido y con estrépito. Y cayeron. Ahora alguno sigue bajo sospecha de corrupción. Que mire la Ayuso de anchas caderas, donde se las den todas, antes de arriesgarse a unas elecciones creyendo que ganará... Quizás desconozca que cuanto más rápido sube uno, menos tarda en caer. Quizá esta convocatoria sea tan inoportuna para ella como lo es para los madrileños. No es tiempo de andar en debates electorales y campañas cuando está la casa sin barrer. Y sin desinfectar.

Me recuerda su actitud al torero, “el Divino Calvo”, alias Rafael el Gallo, y sus famosas “espantás”, cuando el toro se complicaba. La “espantá” no era sino que si el toro le miraba mal, o salía del chiquero por el lado que no le gustaba, echaba a correr, tiraba el capote, y saltaba de cabeza al burladero como alma que lleva el diablo. El público, respetable, y respetado, temía más por su vida contra las tablas a riesgo de abrirse la cabeza, que por una cogida del animal. Más de una vez acabó en el calabozo. De manera semejante ha actuado la presidente de la Comunidad de Madrid. Cuando peor están las cosas, en un alarde de rabieta de niña mimada, ha echado a los consejeros de Ciudadanos a la calle, y ha dicho, hala, aquí mando yo... Y ahora... a los tribunales. Otro hueso duro de roer. No para los políticos, cuyos huesos son blandos, sino para el pueblo, que sin comerlo ni beberlo, le toca roer los huesos más duros por culpa de unos irresponsables encaramados en la chepa. Descerebrados. España no se merece actitudes infantiles, ni caprichos. Hay que tomar medidas. Hay que dialogar. Hay que llegar a acuerdos. Esa es la dinámica de la democracia. Nadie manda. Sólo deben administrar el bien, y velar por la protección de la vida, cuyo símbolo es la salud y la convivencia. Y deben hacerlo con responsabilidad. 

La “espantá” de la Ayuso