sábado 15/5/21

El “Régimen del 78” y su sabiduría política

23F 1

Eso que algunos llaman despectivamente “Régimen del 78” no tenía tan siquiera tres añitos cuando nuestro Parlamento fue asaltado y tiroteado por gente armada. Hicieron tirarse al suelo a los representantes electos del pueblo español, anunciando que enseguida vendría la autoridad competente, militar por supuesto. Afortunadamente no compareció. Javier Cercas ha fotografiado y radiografiado cuanto pasó aquel 23 de Febrero de 1981 en su Anatomía de un instante.

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, al igual que Manuel Gutiérrez Mellado, quedaron sentados. Fue algo muy simbólico. Quien había sido Secretario General del movimiento se atrevió a legalizar al Partido Comunista de España en plena Semana Santa, consciente de que sin el PCE no podía llevarse a cabo la transición española. Por otra parte, Fraga Iribarne, que había sido el ministro más joven de Franco, se revolvió en el escaño. Nadie había contactado con el fundador de Alianza Popular para dar un Golpe de Estado.

Eran tiempos revueltos. Los abogados laboralistas de Atocha fueron acribillados en su despacho, ETA seguía matando tras una Ley de Amnistía y el ruido de sables se dejaba oír en los cuarteles de un ejército que echaba de menos a su Generalísimo. Pese a todo se firmaron los Pactos de La Moncloa y se aprobó una Constitución en la que todos sus redactores hubieron de hacer concesiones de calado bajo el arbitraje del ahora denostado Alfonso Guerra, el parlamentario más longevo de la democracia española hasta su retirada de la política.

Nunca olvidaré que aquella tarde había ido al cine con mi novia para ver la película Galileo en el Palace. Al salir nos extrañó ver unos autobuses aparcados junto al Parlamento, donde se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. Aquella fue la noche de los transistores, nadie pudo conciliar el sueño y todos estuvimos atentos a las noticias que iba facilitando la radio. Un gobierno de subsecretarios aseguró que no hubiera un vacío de poder y las instituciones funcionaron.

Algunos nostálgicos del franquismo pensaban que las cosas no habían quedado tan bien atadas. De aquel atolladero se salió porque había unas formaciones políticas muy responsables –como el PCE- y unos líderes políticos curtidos en muchos frentes supieron hacer política con mayúsculas, aparcando sus siderales diferencias ideológicas para orientar un rumbo común.

Al recordar este aniversario cuarenta años después, resulta aún más bochornoso que desde un partido gubernamental se critique nuestra “calidad democrática” y se simpatice con quienes alteran el orden público, llegando a saquear tiendas para llevarse patinetes. Las declaraciones de Pablo Echenique, como portavoz de UP, y de Pablo Iglesias como vicepresidente de mi Gobierno (que no parece ser el suyo aun cuando forme parte del mismo) son algo más que meramente desafortunadas. Son un auténtico patinazo. Tampoco resulta edificante ver cómo Pablo Casado vende la sede del partido para renegar del pasado que le ha catapultado hasta la presidencia del PP o retrasa por enésima vez las negociaciones para renovar el Consejo General del Poder Judicial o la dirección de RTVE.

Parece muy claro que con las actitudes y aptitudes de nuestros actuales actores políticos el Régimen del 78 nunca hubiera tenido lugar. Mas no porque hubieran sabido hacer algo mejor. En absoluto. Sencillamente hubieran sido absolutamente incapaces de ponerse de acuerdo en medio de unas circunstancias que requerían protagonistas muy solventes.

Conviene aprender de las lecciones que nos deja la historia para edificar y orientar nuestro futuro social. Renovar las instituciones y los liderazgos políticos ha demostrado no ser una cuestión generacional. No tiene nada que ver con la edad y la fecha de nacimiento. Nuestro sistema democrático necesita representantes que no se miren tanto al espejo y demuestren una solvencia que conjure la irresponsabilidad perpetua.

Los artífices del 23F logran tener un efecto benéfico. Seguramente aquella intentona fue decisiva para que Felipe González barriera en las elecciones de octubre de 1982 y se pudiera desarrollar la consolidación democrática que había iniciado la transición.

Sería interesante tener en cuenta todo esto a la hora de formar un gobierno en Cataluña, donde pudiera haber pactos que consolidaran la gobernabilidad de España. Pero esto requiere que los agentes políticos sepan estar a la altura de las circunstancias y abandonen sus nocivas imposturas.

Dentro del escepticismo que dan los años, siempre cabe abrigar la esperanza de una mirada utópica. Sin pensar lo imposible nada cambiaría. Siempre cabe soñar con un mundo mejor, como decía Javier Muguerza.

El “Régimen del 78” y su sabiduría política