lunes 19/4/21

Palestina: una atrocidad calculada

La aparición de los cadáveres de los tres colonos adolescentes secuestrados el 12 de junio en las afueras de Hebrón...

La aparición de los cadáveres de los tres colonos adolescentes secuestrados el 12 de junio en las afueras de Hebrón (Palestina) ha desencadenado las habituales represalias del Gobierno israelí. Nada más confirmarse la tragedia, las fuerzas armadas realizaron una treintena de “precisas” operaciones  de castigo en la banda de Gaza, demolieron las casas de los dos sospechosos del secuestro y asesinato, dos palestinos (un barbero y un comerciante, en paradero desconocido desde la desaparición de los muchachos), realizaron una redada masiva y detuvieron a 400 personas militantes o simpatizantes de Hamas. Asimismo, un adolescente palestino ha sido secuestrado y asesinado, sin que de momento se conozcan las causas. Se sospecha que pudiera haber sido ajusticiado por extremistas judíos.

or su intensa carga emocional, estos trágicos acontecimientos contienen todos los ingredientes para detonar una conflagración más amplia y de efectos más devastadores en Palestina. El secuestro de los muchachos a la salida de una escuela religiosa ha inflamado a los sectores más intransigentes de la sociedad y de la clase política israelí.

En los últimos años, la apuesta irresponsable y provocadora del gobierno israelí por la colonización continuada en los territorios palestinos ocupados han aislado a Israel de la comunidad internacional y, lo que resulta más grave, de su principal valedor exterior, Estados Unidos. Obama ha intentado en numerosas ocasiones que el primer ministro Netanyahu abandonara una política absolutamente incompatible con el proceso de paz. La acumulación de fracasos ha generado la mayor tensión en décadas entre Washington y Jerusalén.

El drama de estos días ha provocado una corriente de simpatía y solidaridad de la gran mayoría de la sociedad israelí por los colonos, según encuestas publicadas estos días en la prensa local. Es un fenómeno tan comprensible como seguramente efímero, ya que nunca como ahora ha estado la sociedad israelí tan escindida. Los sectores laicos, progresistas y moderadamente pacifistas están absolutamente convencidos de que la deriva extremista de Netanyahu, en parte forzada por las exigencias de sus socios ultras, pero también como fruto de sus propias convicciones cada vez más radicales , conduce al país al desastre.

La atrocidad de Hebrón y las consecuentes están cargadas de amenazas de más largo alcance. Si en el bando israelí, las tres semanas que han transcurrido entre el secuestro de los adolescentes y la aparición de los cadáveres han estado cargadas de tensión política y emocional, no menos ha ocurrido en el lado palestino.

LA UNIDAD PALESTINA, AMENAZADA

El presidente de la Autoridad Nacional, Mahmud Abbas, aparte de condenar los secuestros, se ofreció a colaborar con las fuerzas de seguridad israelí en las operaciones de rastreo y búsqueda de los muchachos. Esta decisión provocó un fuerte malestar en Hamas, que se niega a simpatizar con Israel por motivo alguno, aunque su dirección negara con rotundidad la implicación en el secuestro que le han atribuido desde un principio las autoridades israelíes.

El desencuentro palestino por este asunto es la primera carga de profundidad contra el gobierno nacional de unidad, formado recientemente, tras el histórico ‘acuerdo de reconciliación’ suscrito en abril. Aunque el ejecutivo palestino está formado en su integridad por independientes de perfil claramente técnico, con el inteligente propósito de no verse corroído por disputas políticas y/o ideológicas, la tensión entre Fatah y Hamas, las dos principales entidades políticas, puede desestabilizar en cualquier momento al gabinete del primer ministro Hamdallah´.

El presidente Abbas es consciente de que abundaban las fuerzas que intentarían boicotear la ‘unidad palestina’ desde el principio. Por eso, no ha querido dejar a Israel la mínima posibilidad de reprocharle complicidad o incluso pasividad en el caso del triple secuestro. Sus esfuerzos han sido parcialmente inútiles, porque el gobierno israelí ha despreciado la colaboración del presidente palestino con el argumento del doble juego: rechazar el terrorismo y seguir gobernando en colaboración con Hamas.

Aunque pueda resultar repugnante, lo cierto es que a Netanyahu le puede resultar políticamente rentable la tragedia de Hebrón, porque tiene un enorme potencial destructivo de la unidad palestina. Enfrentar a Fatah con Hamas es el objetivo de los líderes conservadores israelíes desde antes incluso de haberse fraguado la reconciliación. Si ya resultaba peligroso el gobierno palestino de unidad, la aceptación del mismo por Estados Unidos, con los correspondientes efectos de financiación (500 millones de dólares anuales) y reconocimiento diplomático lo convertían en insoportable.

Esta realidad, que nadie pone en duda, dispara las especulaciones sobre la autoría y motivaciones del secuestro y asesinato. Aunque los dirigentes de Hamas no hubieran ordenado secretamente la acción, no es descartable que sectores radicalizados o rebeldes de la organización, frustrados por el acuerdo con Fatah, decidieran actuar por su cuenta  y, aparte de cobrarse venganza, debilitar la unidad palestina. Sin embargo, algunos analistas israelíes apuntan hacia otros presuntos responsables: Jihad Islámica, células salafistas de Al Qaeda o el Comité de resistencia popular. Todos estos grupos condenan el acuerdo de reconciliación, acusan a Hamas de entreguismo con el propósito de arrebatarle gran parte de su base social.

La debilidad de la otrora poderosa organización palestina es palpable y causa directa, precisamente, de su decisión de pactar con Fatah. La caída, hace ahora un año, del gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto le colocó en una situación de extrema vulnerabilidad política y operativa. El nuevo gobierno, controlado enteramente por los militares, aunque bajo una engañosa apariencia civil y democrática, es completamente hostil a sus intereses.

En estas condiciones, Netanyahu puede sentir la tentación de aniquilar a Hamas o precipitar su regreso a posiciones radicales, lo que sería probablemente suicida y, en consecuencia, también destructivo. De momento, y aparte de las represalias señaladas, el primer ministro ha conseguido frenar los impulsos más vengativos del gobierno y aplazar la votación de ulteriores medidas, como ataques militares masivos o incremento de colonias. No ha debido pasarle desapercibido el tono de la reacción del presidente Obama, al urgir a “todas las partes a abstenerse de acciones que pudieran desestabilizar aún más la situación”.

Palestina: una atrocidad calculada