viernes 7/5/21

Un mundo inestable

CONGRESO

“Uno nunca puede estar seguro de lo que debe hacer
y jamás tendrá la certeza de que ha hecho lo correcto”

Zygmunt Bauman


Decía Paulo Coelho que cuando has defendido públicamente tus ideas, si no quieres cabalgar en la contradicción, si aspiras a la claridad moral y que otros no te critiquen y te pasen factura, debes vivir de acuerdo con ellas. Estas reflexiones pretenden ser un alegato en favor de la honestidad y del respeto a toda la ciudadanía. En tiempos decadentes e inestables el desafío fundamental que hay que enfrentar con responsabilidad consiste en recuperar la confianza y la capacidad del sistema constitucional que nos hemos dado para que vuelva a funcionar de una manera auténticamente democrática y transparente. Mientras el mundo debería caminar hacia una integración diferenciada y plural, nuestra política nos lleva a la separación y a la polarización entre sectores e ideologías. Se dan la espalda quienes debieran darse la mano para hacer política, no en beneficio propio ni de partido, sino para solucionar los problemas que tienen los ciudadanos, a los que casi se les obliga a elegir trinchera, con ideas y argumentos del pasado. Las equivocaciones, errores y desaciertos de lo que hayan hecho o estén haciendo, tanto las altas instituciones del Estado, como el gobierno o la oposición, no pueden tener como pago el silencio de los ciudadanos.

Nos movemos en mundos endogámicos; y si son muy peligrosos los contagios del Covid, en España tenemos también peligrosos contagios de endogamia política, porque las utopías de la bondad y la generosidad altruista no existen en la realidad. Habiendo en España mucha inteligencia donde elegir para gestionar las instituciones y la política, se acude, sin embargo, al fichero del partido y al de los fieles ideológicos. Sin embargo, hay muchas y buenas cabezas pensantes que, si se les garantizase la no manipulación partidista, estarían dispuestas a contribuir muy positivamente a la mejora de la inestable situación española. Decepciona cuando contemplamos que esas inteligentes y bien amuebladas cabezas, desperdiciadas por los partidos, sorprenden gratamente a la opinión pública y a la ciudadanía, cuando aparecen en programas televisivos en directo u otros medios de comunicación con argumentación intelectual serena y sensata y no movidos por prejuicios ideológicos. Mientras, vemos con tristeza cómo los advenedizos y adolescentes políticos organizan un laberinto cuya salida les es desconocida y del que no saben salir, anunciando propuestas nuevas cuando todavía no han gestionado las promesas que hicieron: “marean la perdiz”. Vemos en el parlamento cómo aparcan cuestiones y problemas sustantivos a la par que polarizan los debates al terreno de lo afectivo y de lo de lo personal, movilizando las emociones, incluso los insultos y el odio.

Para juzgar la calidad de la política hay que aceptar que existen malas políticas, que hay gestiones inaceptables, aunque criticarlas signifique directamente denunciar que hay políticos que no valen, que se puede prescindir de ellos, incluso más, que deben dimitir o hacerlos dimitir; eso no significa ofender su dignidad sino respetar la dignidad de los ciudadanos a los que han prometido servir. La simple enumeración de las fatales consecuencias y los problemas que sus políticas generan en la sociedad es razón más que suficiente para pedir y exigir su dimisión. ¡A cuántos políticos tenemos que soportar su visión de la vida política en la que, si la realidad no se ajusta a sus teorías, peor para la realidad! Son los huérfanos del pensamiento crítico y de la inexistente realidad en la que viven: es absurdo ver día tras día cómo sus limitados conocimientos los vierten en un tuit, creyendo que en esos 140 caracteres están encerrados los saberes universales de la política. Utilizan un protagonismo mediático insoportable; y si a su cansina presencia en los medios se añade el exceso de palabrería vacía, el victimismo, la ambigüedad y la incoherencia, llegan a ser insoportables. Si pudiéramos llegar a contar las muchas palabras que dicen y las pocas verdades que encierran, descubriríamos la aridez y banalidad de su pensamiento.

La realidad social producida por el “coronavirus” nos está dando duros golpes de realidad; estos meses de confinamiento nos ha dejado un país que mira al futuro con incertidumbre; necesitamos vías de escape para canalizar y metabolizar todas las dudas que no han sido capaces de despejarnos los políticos en medio de esta compleja situación. Y si la incertidumbre es un estado de suspensión del juicio con el fin de ir clarificando nuestras decisiones, en esta inestable situación casi se nos exige que nos posicionemos a favor de unos y en contra de otros, cuando, a la hora de la verdad, dudamos de seguir votando a quienes siempre hemos votado; ni las emociones ni los sentimientos, tan a flor de piel en la actualidad, ayudan a ejercitar con responsabilidad nuestro voto ni a tener que estar de acuerdo con una Constitución y una forma de monarquía parlamentaria que está defraudando y mucho. Nuestra actual sociedad, en esta incierta salida postpandemia y nueva normalidad, necesita recuperar y aunar, en diálogo colaborativo, cuantos ajustes sean necesarios para evitar tanta intolerancia, tanto enfrentamiento, exabrupto y ruido, con la mirada puesta en un futuro mejor y posible que debe llegar, tomando distancia, a cambia aquellas políticas que conducen a la inactividad y al bloqueo. Sería un higiénico y saludable ejercicio abandonar esas dinámicas de polarización extrema que contemplamos a diario y poder respirar, como en una UCI coral, esa atmósfera política serena que admite los acuerdos y los desacuerdos.

No es acertado que cuando conseguimos únicamente nuestros propios objetivos, creamos que el camino y el resultado han sido buenos, si esos objetivos no afectan, sobre todo, a los más vulnerables y desfavorecidos, en especial, a la pobreza infantil que en España podría llegar a finales de año a que uno de cada tres niños esté en riesgo de pobreza si no se toman medidas urgentes, pobreza que afecta, sobre todo, a familias monoparentales; sin descuidar a los que en estos meses hemos llamado “la población de riesgo”, los mayores que, como ningún otro colectivo, han padecido con triste desenlace esta pandemia. Como señala el informe de Oxfam Intermón, llama la atención sobre la realidad laboral que viven miles de trabajadores en España: los auxiliares de dependencia, los profesionales sanitarios, los mensajeros de plataformas, las trabajadoras del hogar, las cajeras de supermercado, etc., que en estos meses han demostrado que son más esenciales que los “políticos, los banqueros y los grandes empresarios. Son quienes no han parado durante esta crisis de cuidar nuestras vidas todos los días, cuando el país parecía paralizado; y lo han hecho en condiciones laborales de temporalidad y precariedad. Y si hay que señalar alguno de estos colectivos, sin olvidar a los demás, el ejemplo de las trabajadoras del hogar o de cuidados, que una de cada tres vive por debajo del umbral de la pobreza, o las auxiliares de geriatría cuyo sueldo base es de menos de 1.000 euros o la precariedad laboral que afecta especialmente a los jóvenes que trabajan en el sector sanitario, donde la tasa de temporalidad es del 80% entre las y los enfermeros de 24 a 35 años contratados en el sistema público. Para ello hay mil razones y soluciones que se imponen y se exigen: si la política mal gestionada ha creado problemas, también la política ha de ser capaz de solucionarlos.

El filósofo polaco Zygmunt Bauman ha sido uno de los pensadores más críticos, lúcidos y comprometidos de nuestra sociedad. Con su muerte, ocurrida en 2017, se apagó una de las voces que mejor supo definir el cambio de los tiempos y la revolución social y cultural que supuso el siglo XX. Entre sus más destacas tesis sobresale su modelo de “modernidad líquida” en la que reflexiona sobre el fin de aquellos referentes sólidos y constantes que habían pervivido en una sociedad que ahora se encuentra en un constante y permanente cambio inestable, en el que se hereda la pobreza y se cronifican las desigualdades, pues el ascensor social en España dejó de funcionar en el año 92; tal vez, con el ingreso mínimo vital (IMV), el ascensor puede comenzar a funcionar.

La sociedad líquida que conceptualiza Bauman define el actual momento histórico en el que se han desvanecido las instituciones sólidas dando paso a una realidad marcada por la precariedad, el ritmo cambiante, la rapidez informativa pero carente de verdad, la celeridad de los acontecimientos y la dinámica agotadora y con tendencia al individualismo de las personas; una sociedad maleable, escurridiza, que fluye en medio de un capitalismo y consumismo livianos. Con el culto a la satisfacción inmediata, a conseguir rápidamente los deseos y apetitos, se ha perdido la capacidad de la lenta y serena espera. Las mentes actuales solo se alimentan de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados; ya no se tolera nada que no sea inmediato: “¡ya!”, si no es así, se entra en fases de aburrimiento.

Para Bauman la libertad conseguida con la emancipación ha hecho que el hombre se vaya enrocando más en sí mismo, se haga más individual y menos social, despreocupándose aún más de lo que sucede a su alrededor; para él, el hombre está inmerso en una sociedad consumista, que cada vez busca más, y más rápido, su propia satisfacción. A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento: Narciso es hoy el símbolo o paradigma de nuestro tiempo: el narcisismo se ha convertido en uno de los iconos de nuestra cultura e Instagram, Facebook, twitter y otras redes sociales son su vehículo. Hoy se vive mirándose en el espejo de las pantallas, pero se prescinde del discurso, de la reflexión y de la palabra comunicada e interpersonal.

En esa misma línea discurre el ensayo de Muñoz Molina en el que, como dice el título de su libro, hemos perdido gran parte de “Todo lo que era sólido”. En él hace una llamada de atención personal a toda la ciudadanía para buscar una reflexión crítica, empezando por uno mismo, para que no consintamos con nuestro silencio, con nuestra indiferencia o con nuestra connivencia; cómo nuestro país ha desembocado en esta actual situación de inestabilidad, extendiéndose como un cáncer imparable; al final deja abierta una ventana a la esperanza; esperanza que la condiciona a que haya una regeneración política que es responsabilidad no sólo de los políticos, sino de cada uno de los ciudadanos, antes de que sea demasiado tarde para no perder lo que realmente importa; de no ser así, es muy posible que los derechos conquistados, la educación, la sanidad, la ley de la dependencia, los servicios públicos, la democracia, en suma; derechos que creíamos conquistados pero que se pueden esfumar en un instante, al no tener garantía de que vayan a ser eternos.

En libertad democrática no se puede boicotear ni silenciar al disidente o al que discrepa con las instituciones y con quienes las representan o las gestionan. La autocensura personal o de los medios de comunicación por miedo es una merma grave de los derechos democráticos; el debate público se empobrece y la transparencia y la verdad desaparecen. Por poner dos ejemplos de signo contrario -son numerosos los posibles-, los españoles tienen derecho a conocer todo ese “sucio entramado en el que está envuelto el rey emérito y sus apéndices empresariales y de relaciones dadivosas” y despejar todas las dudas que el caso “Pablo Iglesias-Dina Bousselham” y su guerra personal ha creado, con graves consecuencias para la estabilidad del gobierno de coalición.

En la fragilidad de la condición humana y en el mundo inestable del que nos habla Bauman, existe un divorcio total entre el conocimiento científico, crítico y reflexivo y el que hoy aportan en abundancia y rápidamente las redes sociales, convirtiendo en certezas o verdad, puras opiniones no contrastadas cuando no, medias verdades, bulos, mentiras o, como hoy llamamos, las peligrosas “fake news”, capaces de ignorar la importancia cada vez mayor que, en un mundo de incertidumbres, tienen la transparencia, la mente bien ordenada e informada y  la verdad. No es posible conocer la realidad si no es desde la propia verdad. Sin entrar en hipótesis profundas o análisis epistemológicos, la comprensión inicial de la realidad objetiva se ha desplazado hacia la comprensión de una realidad interpretada y construida subjetivamente y falsa, con lo que se pone en cuestión la validez de los hechos objetivos, que quedan sujetos a múltiples interpretaciones, sabiendo que la gente acepta la verdad que le es más favorable. Ya lo decía Machado en sus sencillos versos: no es lo mismo que te digan la verdad que buscar la verdad; que alguien te diga su verdad no es siempre de fiar, buscar la verdad, depende de cada uno si se busca desde la honesta sinceridad. Solamente un necio es capaz de afirmar que únicamente es verdad aquella realidad que le es favorable.

Es peligroso y estéril creer que uno domina el mundo gracias a las redes sociales e internet cuando no se tiene la formación, la altura y cultura suficientes que permitan filtrar y discernir la buena de la mala información. Son siempre rechazables esas maniqueas antinomias, paradojas o contradicciones irresolubles que dividen sin matices y contraponen la realidad introduciendo la mente en conflicto. Decía Kant que cuando la razón quiere rebasar la experiencia, cae en antinomias, tal vez desde perspectivas razonadas pero contradictorias, sabiendo que la pasión no puede, mejor, no debe, cegar la razón. En una de sus cartas, la 2ª a Timoteo (4,3-4), el texto de san Pablo describe perfectamente una tentación general de todos los hombres: la de acomodar la verdad a sus deseos y pasiones: “Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos”. Y, apartando el oído de la verdad, saturado de bulos, mitos, mentiras y “fake news”, se encuentra este mundo inestable, esta líquida o gaseosa sociedad.

He visto durante estos días de confinamiento una interesante serie estrenada en Movistar, que recomiendo, titulada “La voz más alta” (The Loudest Voice); está protagonizada magistralmente por Russell Crowe, con una caracterización de “oscar”, interpretando al mediático magnate, fundador de Fox News, Roger Ailes, un personaje despreciable, la cabeza pensante detrás de las primeras grandes “fake news” de este siglo; fue el creador de la máquina de propaganda más efectiva en la historia de los Estados Unidos, la cadena de noticias Fox News que supo llegar a una audiencia que otros ignoraron. Era un genio de la comunicación que encontró en la llamada “América real” el nicho de votantes conservadores que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca, una personalidad infantil, soberbia y enfermiza que, como escribe su sobrina en una crítica biografía, “hacer trampas es su forma de vida”. Ailes era el activo más valioso de Rupert Murdoch, el magnate australiano dueño de News Corp., en cuyo imperio mediático está la Fox que tiene contratado desde hace años a José María Aznar, en cuyo último ejercicio le ha pagado en metálico, en acciones y otros conceptos 311.176 $, (se ve que Aznar no le hace ascos a la ideología y praxis de la entidad televisiva). Roger Ailes fue “todo” en Fox News hasta que un escándalo sexual le derrumbó definitivamente. Un hombre que utilizaba su poder para manipular a la sociedad, a la clase política, a la vez que abusaba sexualmente de trabajadoras de la cadena. La serie muestra descarnadamente los trapos sucios del periodismo, de ese periodismo sin moral ni ética. Fue un degradado e inmoral personaje, depredador sexual, ególatra, conspiranoico, baboso y machista, al que no le temblaba el pulso a la hora de publicar noticias falsas de los candidatos políticos que no gozaban de su simpatía como fue el caso de Barack Obama, cuyo recorrido hacia la presidencia de los Estados Unidos intentó echar por tierra en no pocas ocasiones lanzando bulos a través de sus informativos y tertulias. Esta bajeza moral de periodismo es lo que le llevó de la cima del mundo de la televisión al momento más bajo de su carrera y de su vida. La denuncia por acoso sexual de una de las presentadoras más famosas de su canal es lo que hizo que uno de los hombres más poderosos del mundo de la comunicación saliese para siempre de su despacho y que lo hiciese por la indigna puerta de atrás.

Roger Ailes, que con tal de ganar justificaba la metodología más infame, fue el estratega superdotado de las mentiras y los bulos, convencido de que existe una audiencia enorme en las televisiones que desea ser manipulada, que necesita creerse las mentiras y la deformación de la realidad. El creador de Fox News siempre dejó muy claro cuál era su agenda política y que utilizó el poder de la televisión para dar a la audiencia su visión del mundo, porque, como decía alto y claro, “la gente no quiere informarse, quiere sentirse informada”. Pero lo más indignante es que era consciente de su privilegiada posición y de su poder. “Es lo mismo que hacemos en la FOX. Tenemos uno o dos puntos que repetimos. Y al final la gente acepta la verdad que les es más familiar”. Verosímil hasta repugnar. Por desgracia, en este mundo inestable el periodismo de Roger Ailes no es el único, sin llegar a tal degradación, este modelo de periodismo no solo es posible sino real.

El periodismo tiene hoy una función esencial, más importante que en el pasado, sobre todo, por el acceso infinito que tenemos a las fuentes de información. Una infinidad de fuentes que nos llegan en desorden y que necesitan una evaluación y una jerarquización de la información. Este es el rol que debe tener en la actualidad el periodismo: organizar ese flujo y ese caos. Con este verdadero sentido el periodismo sería irremplazable. Ya no se trata de dar a los lectores información, porque la información les va a seguir llegando, sino la de organizarla y jerarquizarla para que llegue al ciudadano veraz y honesta. Para conseguirlo el periodista debe ser, además de honesto, creativo. La creatividad es ver la noticia que otros no han visto. Combinar ideas para resolver problemas y ser capaz de buscar y recibir la noticia o el relato en la correcta interpretación. Hoy día contamos con enormes posibilidades de acceso a contenidos, a informaciones, que lleven a repensar qué noticias son importantes de contar y qué otras son importantes de replantear o rechazar. Es necesario tener claro que las noticias las tenemos de inmediato en el bolsillo, en el móvil; más necesario es saberlas contrastar con la realidad, desechando bulos y falsas e interesadas noticias. Quizás sea más importante y de mayor interés, el sano ejercicio de formación permanente de aprender a aprender. Entonces, este periodismo veraz y honesto contribuirá a romper ese muro de infamia y esos bulos que permiten que personajes como “Trump” alcancen el poder.

Y una reflexión final ajustada a la actualidad: al final de los años 80, incorporada España a la Unión Europea, participé durante más de un año en un grupo de trabajo europeo, “Dimensión europea en la educación”, como responsable del Ministerio de Educación; además del documento final, se llevaron a cabo diferentes proyectos y actividades en cada uno de los países de la Unión, cuya finalidad fue la de despertar en el profesorado y alumnado de los centros escolares la importancia y los valores que significaba pertenecer a la nueva Europa de los ciudadanos. Hoy, la ilusión y el entusiasmo que significó integrarse en aquella Europa, se ha convertido en decepción para muchos. Una de las causas más actual, existen demasiadas razones, ha sido la votación para la presidencia del Eurogrupo. La ministra Nadia Calviño, que ha sufrido en propia experiencia lo volubles que son los apoyos en Bruselas, ha explicado que tenía comprometidos los apoyos de 10 países para su candidatura, pero, al final, “alguien no hizo lo que se había comprometido a hacer”: sólo obtuvo 9 votos. Además de la traición (¿quién se descolgó y qué ha sucedido entre bambalinas?), lo vergonzoso es que, en algo de tanta importancia y que tanto nos afecta en la Europa democrática, esta votación, aunque legal, sea secreta. ¿Dónde está la transparencia de la que tanto se enorgullece y predica Europa? Aceptando la legalidad, hoy el irlandés Donohoe, es el presidente, pero que no olvide que sus apoyos representan a algunos países que son paraísos fiscales y con gobiernos intranquilizadoramente de derechas y con menos del 20% de la población y del producto interior bruto (PIB) de la zona euro. Aunque legal, es una proporcionalidad poco representativa. En el lacio imperial se decía que “Roma no pagaba traidores”…, pero veo que Europa, sí.

Un mundo inestable