domingo 16/5/21

Ganar Cataluña

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La gran paradoja de las elecciones del próximo día 14 en Cataluña es que Illa ganará perdiendo y ERC perderá ganando, o lo que es lo mismo con independencia de los votos el PSC será la tercera fuerza política en escaños, es decir estará en condiciones de no gobernar e influir en la gobernabilidad a corto o a medio plazo, tanto da.

La operación Illa, como se ha dado en llamar, es una operación antinflamatoria y todavía hoy el flemón del independentismo deforma en exceso el rostro de la sociedad catalana.

Por eso Illa sale a ganar haciendo tercero. Del otro lado ERC necesita imperiosamente ser primera en escaños y aun así perderá las elecciones porque su única opción de gobierno sería reeditar  el pacto soberanista que tal y como está configurado lo único que hace es desgastar su proyecto político para Cataluña. No digamos nada si queda segunda y tiene que investir a Laura Borras presidenta reeditando el trienio negro Quim Torra, inhabilitación incluida.

Lo más probable es que  cualquier de estas dos opciones sea la que finalmente se abra paso después del 14, pero será un espejismo que no podrá dar ningún nuevo impulso a la deriva soberanista, antes al contrario debilitará aún más sus aspiraciones.

Podría decirse parafraseando a Rufián que el efecto Illa es más un efecto piedra pómez que un efecto desodorante

Cuando Illa asegura que ganará las elecciones y que gobernará en Cataluña ofreciendo una alianza de gobierno a los Comunes no hace otra cosa que mostrarle el camino a ERC para que rompa la política de bloques y gobierne con la formación de Jéssica Albiach y el apoyo puntual del PSC. Esquerra no se atreverá.

Sea como fuere la derecha mediática ya tiene a punto su necrológica y si Illa, como parece probable queda tercero el próximo domingo, lanzará a los cuatro vientos  el fracaso del efecto Illa como un fracaso personal de Pedro Sánchez insistiendo en que la situación en Cataluña es idéntica a la de 2017 y, aunque los acontecimientos frentistas de las últimas horas parezcan darle la razón será otro espejismo. La mañana del 15 de febrero parecerá que todo sigue igual pero la situación cambia a toda velocidad.  

Por una parte, la pandemia ha dado un vuelco inesperado a las prioridades políticas, también en Cataluña. No será fácil mantener los desplantes habituales a los que nos tiene acostumbrados el independentismo  cuando haya que negociar los fondos para la reconstrucción.

Por otra, porque a diferencia de lo que ocurrió en 2017 cuando Inés Arrimadas desembarcó en Cataluña lo hizo con billete de ida y vuelta y los catalanes la condenaran el próximo domingo por denegación de auxilio -que vaya tomando nota Ángel Gabilondo-, mientras que Salvador Illa lo hará en 2020 con billete de vuelta. Podría decirse parafraseando a Rufián que el efecto Illa es más un efecto piedra pómez que un efecto desodorante.

El efecto Illa es un efecto a medio plazo y se abrirá paso como cualquier proceso de cambio, con calma, ya  lo hace. De un tiempo a esta parte las referencias al “conflicto” catalán  han perdido dramatismo, a la independencia se le empieza a colar la realidad por las costuras  ya no campa a sus anchas, ha bastado el “tono” Illa para iniciar el tratamiento.

Una cosa es segura en tan solo 30 minutos de discurso de aceptación Biden pulverizó 4 años de matonismo y procuró un enorme alivio en millones de personas. El tono es el mensaje, los aspavientos cotizan a la baja.

Aventurar que consecuencias tendrán los resultados en Cataluña para la gobernabilidad de España eso ya es para nota, de momento todo el interés parece centrarse en el posible sorpaso de Vox al PP y sus consecuencias para el liderazgo de Pablo Casado al frente del mismo. Con independencia de que ese sorpaso se produzca el proyecto político del Partido Popular que dirige Casado muestra signos de agotamiento y esto si es un problema para la democracia en España. El PSOE tiene la enorme responsabilidad de valorar cual debe de ser su posición ante ese desgaste, puede tener la tentación de aprovechar la coyuntura para pasar factura  a un líder desleal e irresponsable, pero la pervivencia de la derecha tradicional es un asunto central para el futuro de nuestra convivencia.

Ganar Cataluña