domingo 7/3/21

Autobiografía de Federico Sánchez. Jorge Semprún

No conocí personalmente al autor pero tengo una especial querencia por este libro. Por tantas razones. Pero sólo me referiré en esta reseña a algunas de urgencia.

20200816_133414En primer lugar el autor, Jorge Semprún. Un personaje fascinante y una vida aún más. Hijo de familia burguesa alta, liberal y republicana, bisnieto de Don Antonio Maura, el eje progresista de nuestro bipartidismo decimonónico, militante comunista y activista de la resistencia francesa contra la ocupación nazi, con poco más de 20 años, preso en un campo de exterminio con esa misma edad, responsable del Partido Comunista de España (PCE) en Madrid para el área de las universidades y los intelectuales, cuando la clandestinidad podía costarte la vida, oculto en un piso franco al ladito de donde yo viví con mi familia más de 25 años, piso compartido con un emblema moral y humano al que tuve el honor de tratar, admirar profundamente y querer: Simón Sánchez Montero, qepd … Me limito a plasmar telegráficamente lo que podríamos llamar la parte más heroica de su vida, sus primeros 30 y tantos años. Pero los más de 50 restantes los dedicó siempre a la causa de la libertad y el progreso social universales.

En segundo lugar el libro. Es un ajuste de cuentas, confeso, con el estalinismo -la enfermedad letal del comunismo- del que Semprún, como casi todos los PCs, fue entusiasta en sus años mozos, y contra un PCE, de cuyo grupo dirigente Semprún fue miembro destacado, ensimismado y desubicado desde el exilio sobre la  real realidad española de los 50 y los 60. Jorge Semprún y Fernando Claudín fueron expulsados del PCE por ser críticos ante ese ensimismamiento y sostener un análisis de la realidad más certero. Pocos años después, el PCE asumiría como propias las tesis de Semprún y Claudín, sin pedirles disculpas ni derogar la expulsión. Algo muy propio de aquel PCE y de su sempiterno secretario general, Santiago Carrillo, para el cual nunca escatimé respeto. Pero Semprún no perdonó la afrenta humillante de aquella expulsión injusta y doblemente errónea. Y se la guardó a Carrillo. Y el libro era la factura aplazada pero nunca olvidada.

Unas pocas palabras para recordar con emoción la impresión que me dejó Fernando Claudín, con el que coincidí y hablé en dos ocasiones tras su regreso del exilio a España en el 76, creo recordar. Humilde, tranquilo, profundo, un pozo inagotable de conocimientos y vivencias, despacioso en el habla, sin afán alguno por vencerte o convencerte dialécticamente (conmigo no le hubiera sido difícil; yo tenía veinti pocos años y el pelo de la dehesa aún)… Otro emblema de perfil humano y político muy similar a Simón Sánchez Montero, si bien éste no ostentaba la condición de intelectual que acreditaba Claudín.

Retomamos. Semprún fue muy honesto. El libro que nos ocupa lo había escrito hacía mucho tiempo pero no lo publicaría hasta que volviera la Democracia a España y el PCE estuviera legalizado sin restricción alguna. Publicar aquel libro con dictadura y Franco vivos hubiera sido una canallada anticomunista que, obviamente, Semprún no iba a cometer.

Y así fue. El PCE fue legalizado un Sábado Santo de Abril de 1977. Y el libro apareció, creo recordar, en Septiembre. Una auténtica pedrada en el estanque comunista, o carrillista más bien.

Poco después de aparecer el libro, el PCE celebró su primer congreso en Madrid, en libertad, desde los tiempos de la República. Un auténtico sueño realizado. Yo asistí como invitado en representación de la tercera central sindical de España (¡toma!), y con libertad para moverme por allí sin restricciones. Mesa presidencial de gala con Dolores Ibárruri, Marcelino Camacho, Sánchez Montero, Manuel Azcárate, y tantas otras figuras. Nubes de periodistas. Muy comentada la ausencia de Felipe González que mandó a Múgica (en aquel entonces el PSOE era muy “izquierdista” y veía con cierto desdén y complejo de superioridad la “moderación” del PCE).

Y arrancó el congreso con el informe del secretario general. Un momento clave en la escenografía e iconografía de los congresos comunistas de la época. Y Santiago Carrillo, el secretario general por antonomasia, no defraudó … hasta el final. En mangas de camisa, con el botón de arriba desabrochado, la corbata floja y las mangas subidas, fue desgranando un informe en el que todo era gloria tras tantos años de clandestinidad, exilio, lucha y represión.

En el transcurso, largo, de la lectura del informe, el personal esperaba en qué momento Carrillo se referiría al libro de Semprún -que planeaba como una sombra sobre el congreso- y en qué forma lo haría. Pues fue al final, como despedida y, creo yo, que de la peor forma pues vino a decir: “Camaradas, circula por ahí un libelo cargado de resentimiento que no he leído y en el que me cisco …”. La idea era esa, las palabras exactas no puedo recordarlas, pero están las hemerotecas. El efecto de ese comentario no fue bueno. En aquel congreso había mucha masa crítica y ciscarse -o quemar- un libro que, además, no se ha leído, no es muy edificante entre demócratas. Los medios le dieron altavoz a aquel lapsus de Carrillo.

Por último, como parte del esmerilado del PCE para adaptarlo a los nuevos tiempos, aquel congreso debía debatir y aprobar la supresión del término “leninista” de la identidad del PCE y dejarlo sólo en partido “marxista”. Había cierto aire de fronda en la base congresual, malestar, sensación de que aquel repaso a los principios podía ser excesivo … en fin, lo habitual en estos casos. Para hacer la síntesis o lo que fuera, un dirigente muy brillante, amigo y vivo aún, subió a la tribuna y, tras cantinflear un poco sobre el tema, lanzó con brio una especie de eureka: “Camaradas: Si Lenin viviera hoy no sería leninista …”. Aquello fue mano de santo. Un dirigente obrero de la construcción, amigo, más madrileño que La Cibeles, me dijo en una pausa: “Nos ha jodío el profeta … Si Lenin viviera no sería Lenin …”. Caso cerrado.

En fin, no creo que les sea fácil conseguir el libro pero inténtenlo, vale la pena.

Autobiografía de Federico Sánchez. Jorge Semprún