viernes 14/5/21

España es la historia más bella

Resulta verdaderamente agotador el permanente estado informativo de malas noticias que nos traen la pandemia y el coronavirus. En Madrid, el asunto es más grave atendiendo al grado de incapacidad evidente de la presidenta Isabel Díaz Ayuso y también del alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, capaces de decir lo mismo y lo contrario en la misma frase, capaces de mentir a presidentes y ciudadanía. Una incapacidad con un grave trasfondo ideológico basado en volver a lo más rancio que ha vivido España.

Por eso resulta conmovedora una noticia que no ha sido portada en ningún medio español, aunque sí contraportada en “El País”, y que ha tenido también recorrido en “The Sunday Times”, o en “The World”. Me refiero a la historia de Heba Iskandarami y su hermana Dewa, de 20 y 26 años respectivamente. Ambas, refugiadas palestinas, han vivido toda su vida con un simple salvoconducto libanés pero han logrado la nacionalidad española tras demostrar que su origen es sefardí, que descienden de judíos españoles expulsados en 1492.

Es el suyo el relato de la paradoja que supone este mundo y sus religiones; de lo irracional de la intolerancia; de que España (Hispania, Sefarad, Al-Andalus) es, debería ser, la historia más bella.

Heba Iskandarani es profesora de arquitectura en la Universidad de Birmingham (Reino Unido), donde cursa un doctorado sobre reconstrucción tras los conflictos de Oriente Próximo y hasta hace pocos días ha vivido sin pasaporte, simplemente con un “papel” palestino conocido como “laissez-passer”. Su madre es libanesa y su padre nació allí porque su abuelo era un refugiado palestino de la guerra árabe-israelí de 1948 que huyó de Jaffa.

Es decir, el padre de Heba es un “refugiado” porque Libano no le reconoce como “ciudadano” y aunque su madre es libanesa, las leyes impiden reconocer a sus hijas la nacionalidad de este país.

Cuenta Heba que a los 11 años ya deseaba marchar a Canadá y quería un pasaporte, una identidad. Un poco más mayor, con 17 años, empezó a investigar en su pasado. Intentó lograr la ciudadanía egipcia y la del Reino Unido, pero no hubo manera. Vivía en Dubai y sabía que si su padre fallecía se vería obligada a volver a Líbano. Tras el bachillerato pudo comenzar sus estudios en el Reino Unido y logró un buen trabajo hasta que la empresa quebró y perdió el visado de trabajo, por lo que tuvo que volver a Dubai.

Pero seguía empeñada en sus investigaciones y a través de “Google”, su apellido le llevó a Alejandría, donde aparecía como un nombre común entre las familias sefardíes, los judíos de la península Ibérica que huyeron en el siglo XV por todo el mundo.

“Papá…, tienes origen judio” - le espetó Heba a su progenitor.

“¡Tú estás loca!” - fue la respuesta que halló de ese hombre palestino, musulmán, hijo de un huido de Israel, que no puede viajar a Jaffa.

“No. Es verdad” - concluyó ella.

Así que para confirmar las sospechas se hizo un test de ADN que ofreció unos resultados sorprendentes. El padre era fundamentalmente europeo en sus orígenes, con antecedentes españoles y portugueses judíos. En este punto, Heba, según cuentan “El País” y “The World” se puso en contacto con Roger Louis Martínez-Dávila, profesor de historia medieval española en Colorado quien terminó dando con sus ancestros en la calle del Call de Barcelona, donde se documentan hasta cuatro generaciones de “Iskandarani”.

Tras su expulsión de la Corona de Aragón (parte de la monarquía de corte federal conformada por los Reyes Católicos), aquellos sefardíes de Barcelona viajaron de Marruecos a Alejandría, donde se convirtieron al Islam antes de establecerse en Jaffa durante el Imperio otomano. En el siglo XV fueron expulsados de España por ser judíos y en el siglo XX fueron expulsados de Jaffa por ser musulmanes palestinos. Ahora las hermanas Iskandarani podrán viajar a Jaffa por ser españolas.

Plato judeoespañol con escudos aragoneses/catalanes y estrellas de David. Loza dorada, siglo XIV.

Para los judios españoles la península Ibérica fue Sefarad y empezaron a autodenominarse sefardíes. Todo indica que los judíos llegaron con las legiones romanas a Hispania en el siglo I. Así lo evidencia el apóstol Pablo en su “Carta a los Romanos” (15, 23-28) cuando asegura que marchará a Hispania a predicar…, y donde predicaba Pablo era en las sinagogas.

La comunidad judía vivió tranquila hasta que en el año 586 los visigodos se convierten al catolicismo y comienza la intolerancia, la persecución y las expulsiones. Menos de dos siglos después, en 711, el caos de los reinos se calma con la invasión musulmana, retornando la tolerancia religiosa. El islam otorgaba un estatus especial a judíos y cristianos por tratarse de religiones que habían recibido revelaciones auténticas de Alá.

1492 supuso el fin de 1.500 años de presencia judía en la península ibérica y casi 800 años de presencia musulmana. Son muchos siglos de tolerancia y son evidentes nuestras raíces. Un 25 por ciento de los apellidos españoles tienen claro origen judío, como Almeida, Díaz, Espinosa, Levi, Pelayo… El día que nos hagamos la prueba de ADN las sorpresas van a ser más mayúsculas que la que se llevó el padre de Heba Iskandarani.

Heba, gracias a su origen hispano o sefardí o andalusí, que viene a ser lo mismo, ahora se siente “segura y libre”, tanto como las 150.000 personas de origen sefardí que han recuperado su nacionalidad española, de los que casi un tercio no son judios. Seguro que cerrará el círculo y visitará Jaffa, pero también esperamos que vuelva a su vieja patria, a España, cuyo mayor orgullo debe ser la mezcla de sus sangres, la diversidad de sus culturas y sus lenguas. Si nos quitamos las vendas y apartamos los garrotazos, España es la historia más bella.

España es la historia más bella