jueves 13/5/21

Madrid es vida, salud y libertad

Vamos a contemplar una primavera electoral llena de “iniciativas” muy “creativas” que introduzcan a la hostelería en uno de los peores conflictos posibles ajenos a su historia desde su creación. 
ayuso hosteleria

Estos días corre por las redes un vídeo de excelente y anónima realización donde los propietarios de algunas reconocidas casas de comer madrileñas pronuncian enfáticamente y con rotundidad el slogan MADRID ES LIBERTAD. Bonita leyenda que de haberla pintado en sus locales históricos cuando en España existió una dictadura (que por cierto algunos de ellos sí vivieron) les habrían enchironado con la aplicación mínima de 2 años por propaganda ilegal por el Tribunal de Orden Público, alejándolos una buena temporada de sus viandas, cocidos, patatas, huevos, churros y, por supuesto, cerrados sus locales como sería preceptivo. Por menos que eso dinamitaron entonces un edifico entero donde se confeccionaba un periódico que por cierto se titulaba MADRID. Antes aparecieron hace poco otros carteles sin firma, cual setas de primavera, distribuidos sorpresivamente en diversos locales de restauración madrileña con el slogan “Ayuso somos todos. Gracias por cuidarnos”. Todo por esas casualidades que la vida tiene con financiación desconocida, hasta el momento.

También se han puesto en marcha otras iniciativas para que la hostelería entre de lleno en la campaña política partidaria de carácter más grosero, como la de cambiar el nombre del tradicional plato de huevos rotos con patatas (que elevó el gran Lucio a rango de plato aristocrático) y denominarla "Patatas a lo Ayuso” en un local de la madrileña Plaza de Cascorro. Al decir de su propietario, por los supuestos huevos que adornan el coraje de la presidenta de la Comunidad de Madrid en su gestión en defensa de la hostelería. Pero es de esperar que este asunto no ha hecho sino empezar, y que vamos a contemplar una primavera electoral llena de “iniciativas” muy “creativas” de origen más que reconocible que introduzcan a la hostelería en uno de los peores conflictos posibles ajenos a su historia desde su creación. Que no es otra cosa que no meterse en las diversas ideas de sus clientes, guardando la oportuna reserva, respeto, discreción y buen hacer. Eso es lo que siempre ha sido hasta ahora y debe seguir siendo la restauración madrileña.

Desde que el Mesías expulsó a latigazos a los mercaderes del templo (único hecho violento que le reconoce el nuevo testamento al redentor cristiano de la humanidad) han corrido ríos de tinta sobre lo maléfico del beneficio y los intereses materiales. En un país de tan fuerte tradición cultural católica eso llega hasta nuestros días con la maldición del empresario. Función social al que se le reconocen pocas virtudes y por ello son permanentes sus castigos penales a base de impuestos y sospecha social al que progresa asumiendo riesgos. Pero no es menos cierto de que hay un amplio recorrido de contradicciones entre la liberalismo radical y su pugna por menoscabar los derechos sociales y económicos que recogen la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y en esa confrontación no es posible primar la libertad de una parte porque ese derecho o es de todos o no existe para nadie.

Se están metiendo por tanto en un buen lío algunos hosteleros que niegan la primacía de los derechos a la vida y la salud sobre cualquier otro interés, en este caso el suyo, al que con gran desparpajo llaman libertad. Porque sin vida ni salud no hay ni libertad posible ni negocio que rentabilizar sin entrar en cuestión ética alguna. Solo por esa pura y simple cuestión ya sería suficiente para no incurrir en las estupideces que contemplamos.

¿Son las mesnadas francesas de jóvenes atendiendo al efecto llamada de la Presidenta las que van a salvar las cuentas de resultados de dos años de pandemia para el negocio hostelero? ¿Son las inexistentes hasta ahora ayudas directas de la Comunidad de Madrid las que han paliado la catástrofe empresarial en ciernes? ¿Es aceptable que mientras casi un 50% de los establecimientos han permanecido cerrados durante un año y los que han abierto tienen una reducción en su mayoría superior al 40% de sus ingresos (lo que compromete su permanencia tras la finalización de los ERTE) se puedan estar defendiendo los intereses de los que no están dispuestos a respetar las restricciones sanitarias que nos exigen los científicos, los sanitarios y la OMS?

¿Cómo y a quien se podrá entonces plantear la continuación de ERTE o periodos de carencia de los prestamos ICO en Madrid, además de nuevas ayudas, si todo se reduce a la simplicidad de liberalizar horarios cuando toda Europa y casi toda España actúa preventivamente en contrario por razones científicas y humanitarias? ¿Esos son los "huevos” de testosterona que salvan la hostelería como si fuese el único eje de la economía nacional? Cuando era urgente plantear al Gobierno central un Plan de Reconversión del sector, ya que todos los datos científicos señalizaban un largo periodo de latencia, las ocurrencias se han centrado un día sí y otro no en el práctico negacionismo de la grave situación sanitaria, ventilándolo todo al corto plazo de las desescaladas, los rezos a Santa Bárbara y las aperturas parciales, horita más horita menos. Una incertidumbre insoportable para la seguridad económica de cualquier empresa.

Mientras tanto miles de empresarios hosteleros se han venido comiendo tres oleadas de pandemia y ya se apunta la cuarta centrada, precisamente, en un comportamiento errático que ha desaprovechado un año posible de reciclaje de un personal, desactivado en el paro sin alternativas de formación, lo que va a producir un desajuste evidente de servicio y competitividad en el retorno al trabajo de una parte de ellos. Y de los presumibles 700.000 puestos de trabajos de segura desaparición que tanto se cacarea. ¿Alguien cuenta con ellos a la hora de llamar a la libertad? ¿O la libertad que se reclama no cuenta con ellos? Que esas cuestiones sean de responsabilidad compartida con y por el gobierno central no elude la parte que le toca a la representación empresarial en su no resolución.

Pero volviendo al Madrid de la libertad económica que no la de los derechos humanos. ¿Con que cara Hostelería Madrid después del 4 de Mayo va afrontar en serio una negociación con el gobierno central, que es el único que tiene competencias sobre las prestaciones de desempleo o los prestamos ICO y que es también el ÚNICO instrumento que en términos de prestaciones las empresas de restauración de Madrid han recibido? ¿Con el aperitivo de estas bonitas campañas subliminales o explícitas que pretenden bascular a un todo un sector comprometiéndole con la política de una opción partidaria? Siguiendo esa lógica podría producirse un efecto inverso como el de un boomerang.

Con no poca razón quienes contemplan este espectáculo desde las atalayas del poder central podrían responder que ahí te las compongas con tu libre albedrío y siguiendo la estricta legislación mercantil cómete tu fantástica libertad en el concurso de acreedores correspondiente y compromete tu patrimonio en ello. Si a los hosteleros les importase menos la salud y la vida de sus clientes que su libertad de mercado, ¿por qué van a pagar entre todos los ciudadanos (incluidos lo que no usan la restauración) la salud de esos negocios a cargo de los Presupuestos Generales del Estado? Con las cosas de comer no debe jugarse y los compromisos políticos de cada uno deben de residir en las urnas. En la restauración NO.

Este es un sector profesional que está relacionado con una de las principales funciones de la humanidad desde sus albores: la de alimentarse. Algo por cierto vinculado con la salud. La restauración fue un invento burgués para “restaurar” el cuerpo, el estómago, el paladar y el espíritu. Es una actividad empresarial esencialmente humana y por ello lo primero que debe respetar es el no entrometerse en la pluralidad de opciones políticas, religiosas o de pensamiento de toda su clientela sin distinción de ideologías, con el único y conocido límite de que la libertad de una persona termina cuando empiezan las de otras. Como para negarlo. Porque Madrid es vida, salud y libertad. Por este orden.

Madrid es vida, salud y libertad