viernes 23/4/21
ANÁLISIS SOCIOECONÓMICO

La Economía: ¿es una ciencia social?

eco

Números, números y más números… porcentajes, cotizaciones, ratios, gráficos, evoluciones, proporciones… es lo que vemos cada día en cualquier medio de comunicación. Es normal, es una forma de expresar y cuantificar realidades, y es una premisa para poder comparar entre diferentes momentos del tiempo, entre diferentes zonas, países, comunidades, etc. etc.

No trato de hacer aquí ninguna exposición teórica, sino simplemente algunas reflexiones sobre lo que leo, veo y escucho, relacionadas con la Economía.

Aunque hay varias definiciones de Economía, podríamos decir que es una ciencia social que estudia la mejor manera de administrar los escasos recursos disponibles para satisfacer las necesidades humanas. ¡Casi nada! y más con lo cambiante que está todo.


Las jubilaciones anticipadas con largas carreras y el Pacto de Toledo


Algunos dicen que los economistas utilizan los números según su interés y que, sorprendentemente, con los mismos datos de partida llegan conclusiones diferentes (algunos amigos míos se sentirán aludidos en este mensaje ¡jajaja!). No voy a negar que hay casos de todos los colores, pero creo que hay que diferenciar claramente entre dos formas de hacer las cosas con los “números”:

  1. Los que parten de una idea preconcebida y buscan los números necesarios para confirmarla, sin querer ver el conjunto.
  2. Los que parten de todos los números que pueden abarcar la realidad que se quiere analizar y concluyen con una explicación basada en su análisis, más o menos perfecta.

Evidentemente, me quedo con la segunda, que tiene mucho que ver con la naturaleza última de la ciencia económica. Aun así, no esperemos resultados iguales entre lo realizado por varios economistas. Veremos porqué un poco más adelante.

Vemos que los mensajes que nos llegan (medios de comunicación, redes, expertos, etc.), en muchos casos nos están llevando a pensar, como sociedad que, si no cumplimos algunas reglas o teorías económicas, no lo estamos haciendo bien y nos estamos “saliendo de lo óptimo”. ¿Seguro que es así?

Realmente, entiendo que debería ser al revés, porque la Economía es (o debería serlo, y parecerlo) una ciencia empírica que construye teorías para intentar dar una explicación al comportamiento humano sobre los asuntos económicos, así como para predecir su futuro. Esto lo hace basándose en la observación de los datos, que muestran una parte de lo que ocurre en la vida real (la que se puede medir).


Las pensiones públicas y el Banco de España


Así, para llegar a formular teorías económicas se parte de la elección de aquellos elementos que se consideran que influyen significativamente en cada asunto, y se excluyen los que se creen que son poco relevantes, llegando a construir modelos, que no son más (ni menos) que una simplificación y abstracción de la realidad. Su objetivo es formular principios que ayuden a comprender los problemas económicos y la mejor forma de resolverlos, para lo que utilizan las matemáticas, la estadística, etc. etc.

Pero se topan con dos grandes problemas, como cualquier ciencia social, en comparación con las ciencias puras (o experimentales):

  1. Al no poder repetir la experimentación en condiciones muy controladas, no existe certeza total en las predicciones realizadas sobre la base de lo observado.
  2. El hecho de que los economistas e investigadores pertenezcan al mismo universo poblacional que se está estudiando, hace que (involuntariamente) sus propias normas de conducta y valores puedan interferir sus conclusiones.

De lo anterior se deduce que es fácil poder obtener resultados diferentes ante unos mismos hechos analizados.  

Por tanto, las diversas conclusiones y teorías no deben considerarse exactas en el sentido de que sean la “única verdad” sobre el comportamiento económico de los grupos sociales, ni de sus individuos, ni mucho menos sobre el comportamiento a llevar en el futuro. Más bien, es el continuo estudio y análisis de la realidad de los comportamientos en cuanto a los asuntos económicos (en cada lugar y momento del tiempo, con sus características específicas), realizados una diversidad de investigadores, los que deberían generar teorías compartidas y previsiones ajustadas a cada nueva realidad.


Sobre las jubilaciones voluntarias o involuntarias


Se suele decir que el ser humano es bastante impredecible como para que una teoría pueda ajustarse perfectamente al comportamiento esperado de cualquier individuo o grupo, por muy completa y perfeccionada que ésta sea. El factor emotivo, la personalidad individual, la pertenencia a un grupo, la cultura, las creencias, las expectativas vitales y otras consideraciones sociológicas tienen mucho que ver en ello.

Cómo vemos todos los días, estamos en un entorno de permanente cambio y las teorías no pueden ser “dogmas de fe”. Las sociedades cambian y evolucionan día a día influidas por mil motivos de origen no económico (Covid-19, calentamiento global, necesidad de mejor sistema educativo, nuevas tecnologías, cambio climático, escasez de agua, zonas con diferentes características en el mundo a todos los niveles, diferente percepción del futuro, etc. etc.) que impactan en el ámbito económico.

Si nos fijamos, ni los mercados bursátiles, ni la producción en las fábricas, ni los sistemas de pensiones, ni los estados del bienestar, ni… tantas y tantas situaciones, actividades y conceptos han existido siempre, y si lo han hecho ha sido de forma diferente en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, los conceptos de renta básica y de ingreso mínimo vital, no han aparecido hasta hace unos pocos años (se han extendido en este siglo XXI), y sólo en algunos países se han experimentado y/o llevado a la práctica con resultados dispares, lo que evidencia que, en sociedades situadas en zonas geográficas diferentes, con culturas y comportamientos diversos, y en momentos del tiempo distintos, se obtienen resultados diferentes.

Queda claro lo que todos intuimos: Economía y comportamiento social van unidos y se retroalimentan, por lo que el campo de ésta es tan amplio como la propia actividad humana. Esto hace que sea imposible que muchas de sus conclusiones puedan establecerse como ciertas, generales y para todo tiempo, al contrario de lo que ocurre con las ciencias puras como las matemáticas o la física.

Mi conclusión: no existe el sí o el no rotundos, sino más bien, el “depende de...”

De esta forma, no es descabellado que aparezcan ante nosotros fórmulas, acciones o medidas a tomar que, en algunos casos, parece que pueden “romper los esquemas” preestablecidos por la visión económica predominante. Por contra, estas nuevas actuaciones podrían estar indicando por dónde está avanzando la sociedad… y, por tanto, su economía.

Como ejemplo de un asunto que puede romper esquemas, y teniendo en cuenta los elevados niveles de deuda que soportan nuestras sociedades, podría citarse un tema que está dando bastante que hablar: la posibilidad de condonación (o reestructuración) de la deuda a los estados de la Unión Europea por parte del Banco Central Europeo, a cambio de políticas de reconstrucción ecológica y social.

Es algo a explorar, como otras tantas medidas, aunque suenen “chocantes”. Es posible ir hacia otros modelos económicos a partir de los actuales, que hagan frente a los nuevos tiempos y necesidades que van surgiendo en nuestras sociedades. Será necesario sondear y analizar diversas soluciones con todo el rigor necesario (recuerden que no existe la teoría económica absoluta), para trazar nuevos caminos que permitan evolucionar, porque parece seguro que no se logrará con viejas fórmulas.

No cabe más que irnos reinventando.

¿Qué responderían a la pregunta del título?

La Economía: ¿es una ciencia social?