jueves 4/3/21
ELECCIONES AUTONÓMICAS DEL 14F

Cataluña, un paso aún insuficiente para el cambio

Aunque no se ha conseguido pasar página de la “década perdida” de Cataluña, después de estas elecciones puede haber margen para comenzar un camino de reencuentro si hay interlocutor desde la parte independentista.
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Parlament de Catalunya. (Imagen de archivo)

No hay duda de que estas elecciones se han celebrado en extrañas condiciones. Y no solo a causa de la pandemia de la Covid. La pandemia ha sido la excusa que el Gobierno independentista ha utilizado para conseguir sembrar el temor entre el conjunto de la ciudadanía. Primero se intentó suspender las elecciones convocadas debido al supuesto empeoramiento, después no confirmado, de la situación sanitaria. La justicia anuló el decreto del Gobierno y la fecha electoral se confirmó. A continuación el Gobierno sembró miedo a través de sus portavoces políticos y sanitarios, así como de los medios de comunicación públicos sobre el peligro de las votaciones. Esto comportó una fuerte avalancha de renuncias para formar parte de las mesas electorales, incluso se habló de llenarlas con voluntarios lo cual podía poner en peligro la propia neutralidad. Posteriormente el gobierno manifestó la posibilidad de que por problemas organizativos hubiera lugares donde no se pudiera votar lo cual podría impedir dar los resultados la misma noche electoral. A pesar de que después no se haya cumplido ninguno de las manifestaciones negativas no hay duda de que el Gobierno en lugar de fomentar la participación lo que ha fomentado es la abstención. Es importante señalar que la abstención electoral ha sido un 25% superior al 2017.

Las elecciones a pesar de no cambiar la división en Cataluña abren una pequeña puerta mediante algunos cambios electorales. El PSC y Illa han sido el partido más votado y con un mayor número de escaños empatado con ERC. Por su parte ERC supera por poco en votos y con un escaño a JxC. El hundimiento de los partidos nacionalistas españoles es brutal a pesar de que se ve atenuado por una entrada con fuerza de la ultra-derecha españolista.

Si dividimos los resultados electorales en tres bloques: independentistas, izquierda-federalista y nacionalismo españolista podemos analizar hechos interesantes.

La situación en el campo del independentismo. Como ya hemos dicho en este campo podemos ver el “sorpasso” de ERC a JxC y también como los anti-sistema de la Cup doblan resultados. Pero si comparamos con los resultados de las anteriores elecciones del 2017 hay hechos importantes a destacar:

- ERC a pesar de ganar 2 diputados obtiene 332.254 votos menos que en las anteriores elecciones, un 35% menos de votantes, y mantiene el mismo porcentaje sobre el voto emitido en las elecciones (21,3%).

- JxC pierde 2 escaños y obtiene 380.231 votos menos que en 2017, es decir un 40,09% de votos menos que a las anteriores elecciones, y un 1,65% menos sobre el voto emitido en las elecciones (20,04%).

-CUP sube 5 escaños hasta los 9 todo esto a pesar de perder 6.159 votos respecto a las anteriores elecciones. La militancia de su electorado hace que a pesar de perder un pequeño número de votos en resultado sea más del doble que en las últimas elecciones y más de un 2,22% sobre el voto emitido en las elecciones un 6,67%.

La situación dentro del campo de las fuerzas de izquierda y mayoritariamente federalistas mejora de forma clara respecto a las anteriores elecciones del 2017. Ya hemos dicho que el PSC ha ganado las elecciones claramente en votos y empatando en escaños. A esto hay que añadir que “Los Comunes” han mantenido sus 8 escaños. Podemos destacar:

-PSC ha ganado 16 escaños casi doblando los 17 que obtuvo el 2017. Ha conseguido 46.199 votos más lo cual significa que a pesar de la abstención ha crecido un 7,61 en sus votantes y un 9,16% sobre el voto emitido en las elecciones 23,04%. Es el único partido entre los que se presentaron en 2017 que a pesar de la abstención mejora el conjunto de votos recibidos.

-“Comuns” ha mantenido los 8 escaños que recibió en 2017. A pesar de esto pierde 131.714 votos, es decir un 40,36% de sus votantes del 2017 y un 0,58% en cuanto al porcentaje de voto emitido en estas elecciones 6,87%.

La situación en el espacio del nacionalismo españolista ha sufrido un profundo cambio. La irrupción de la ultra-derecha de VOX va aparejada a un derrumbe de Ciudadanos y a una caída de la ya reducida representación del PP:

-VOX irrumpe en el Parlamento de Cataluña con 11 diputados. Obtiene 217.883 votos, es decir un 7,69% del conjunto del voto emitido.

- Ciudadanos ha perdido 30 escaños y 914.486 votos respecto a las elecciones del 2017 donde fue la primera fuerza del Parlamento. Ha perdido por lo tanto un 85,77 de sus votos anteriores y un 19,8 por ciento sobre el voto emitido quedando reducido al 5,57%.

- PP pierde 1 diputado y 76.603 votos respecto a los que obtuvo en 2017 es decir un 41,24% , su porcentaje de voto en las elecciones se ha reducido un 0,39% en cuanto al voto emitido quedando en un 3,85%.

En resumen, el conjunto del voto independentista ha recibido 1.360.606 votos, 718.644 votos menos que las últimas elecciones. Una fuerte bajada que matiza su mensaje de que esta vez ha superado el 50% de los votos a favor de la independencia sin especificar que es con un nivel muy bajo de participación, puesto que sobre el censo electoral apenas llegan al 26% del total.

El voto de izquierdas y federalista se ha situado en 847.484 votos, es decir solo 85.537 menos que en las elecciones del 2017. Fundamentalmente ha sido debido al importante apoyo recibido por el PSC y la candidatura de Illa. Es decir que se mantiene de forma importante si tenemos en cuenta la fuerte abstención.

En cuanto al nacionalismo españolista se ha reducido de forma importante en escaños y en votos si bien se ha radicalizado puesto que VOX supera la suma de Ciudadanos y PP juntos. En total suman 484.853 votos, es decir 810.549 menos que en las elecciones del 2017. Es falso el argumento de la derecha política que dice que la abstención los ha perjudicado por que hemos visto que también el voto independentista se ha reducido de forma importante.

Como conclusión podemos señalar que el independentismo a pesar de que continúa siendo hegemónico en la sociedad ha perdido una buena parte de su impulso. Hay que ver si alguno de sus componentes, en concreto ERC, consigue salir de su tradicional política de dudas y opta por buscar una solución real a los problemas de convivencia en la sociedad catalana. No se puede vetar en Cataluña al PSC y querer una Mesa de Diálogo en Madrid con el Gobierno donde el socio mayoritario es el PSOE. Y un acuerdo que se pueda someter a consideración de la ciudadanía es absurdo plantearlo alrededor de propuestas imposibles de autodeterminación y amnistía, sino de mejora del autogobierno e indultos.

La victoria electoral de Illa y el PSC suponen un paso importante para que se plantee una opción de diálogo. El PSC recupera una parte de los votos metropolitanos que al 2017 huyeron hacia Ciudadanos por miedo al independentismo y ahora es el interlocutor que hace falta para un diálogo si una parte del independentismo está dispuesto a transitar por este camino. Por su parte los “comunes” mantienen posiciones gracias a una excelente campaña de sus candidatos y a pesar del “fuego amigo” recibido por las declaraciones de Pablo Iglesias que parecían un apoyo a las tesis independentistas.

De lo contrario la pérdida de peso del nacionalismo unionista o españolista es una buena noticia para evitar de nuevo una confrontación virtual entre nacionalismos. A pesar del hecho negativo de la presencia de VOX hay que prever que su papel será residual en la política catalana.

En definitiva no se ha conseguido pasar página de la “década perdida” de Cataluña. Pero después de estas elecciones puede haber margen para comenzar un camino de reencuentro si hay interlocutor desde la parte independentista. Si no, la alternativa es un gobierno independentista incapaz de gobernar con las discrepancias internas y sin capacidad de afrontar la realidad y que es difícil que pueda aguantar y por tanto nos pueda conducir a unas nuevas elecciones.

Cataluña, un paso aún insuficiente para el cambio