jueves 17/6/21

El sindicalismo debe ser un agente activo en la campaña electoral

movilizacion ccoo

El sindicalismo de clase tiene que jugar a la ofensiva sabiendo que el resultante del proceso electoral puede ser un panorama más o menos optimista o bien un mundo gris y difícil

La moción de censura, el nombramiento de Pedro Sánchez y el gobierno del PSOE, abría las ventanas que nos ha permitido respirar una temporada, con algún sobresalto, pero respirar. Inauguramos una etapa donde el acuerdo ( la aritmética parlamentaria ayudaba bastante ) se imponía, el diálogo se abría camino en Catalunya a pesar de la cruenta batalla por la hegemonía entre los partidos del mundo independentista (batalla que dificulta absolutamente todo); y en especial se abría la esperanza de una política social y el desarrollo del marco de diálogo social.

En este contexto, el PSOE y Unidos Podemos, alcanzaban un principio de acuerdo para unos Presupuestos Generales del Estado, con un contenido socialmente avanzado, y de manera paralela los sindicatos llegaban a acuerdos con el gobierno para revertir la reforma laboral y otros importantes elementos de carácter social.

El contexto político era complicado, las derechas compitiendo por el espacio político, radicalizando el discurso y asumiendo muchos de los preceptos e ideas que lanzaba la extrema derecha ibérico-peninsular que irrumpió con fuerza en las elecciones andaluzas. Una extrema derecha que ve reforzada su presencia y discurso en la confrontación con el independentismo del procés catalán que sigue embarcado en una dura guerra civil por la conquista de la hegemonía de este espacio político. Hay que señalar que la guerra en el independentismo, el inicio del proceso judicial, así como la radicalización del discurso en lo que resta de CDC condicionado por Puigdemont que necesita mantener su espacio con una lógica de “cuanto peor mejor “; hacía del debate de los PGE algo no apto para enfermedades cardiovasculares.

Finalmente, el resultado ha sido el previsible en este contexto político, y su resultante, la convocatoria de elecciones para el 28 de abril, algo absolutamente lógico  dada la situación.

El sindicalismo, especialmente CCOO, le exige al Gobierno que haga menos propaganda y apruebe los acuerdos alcanzados en el marco del diálogo social, para revertir la reforma laboral, exigencia cargada de razón; pero el sindicato se debe plantear qué hacer ante un panorama político complejo, difícil y que puede dar como resultante un gobierno de derechas reaccionarias ultra neoliberales y condicionadas por la posible irrupción con fuerza de la extrema derecha ibérico-peninsular.

El sindicato, debe plantearse, con fuerza, ser un agente activo en esta campaña electoral. No nos sirve ya, quedarnos con el clásico comunicado y la publicitación de las propuestas del sindicato; es necesario ser un agente activo, en los centros de trabajo, en las empresas, en todos los ámbitos donde pueda intervenir, con el objetivo de dar a conocer sus posiciones sociales, laborales y políticas, así como incentivar el voto y trabajar para hacer posible una importante participación electoral en base a sus postulados, es decir, trabajar para que los y las votantes posibles de las izquierdas, que puedan sentirse decepcionados o desorientados, no opten, como ocurrió en las pasadas elecciones andaluzas, por no participar.

Es cierto que no necesitamos debates de banderas, sino políticas sociales, porque la pobreza, los salarios, el empleo, el coste de la electricidad, el desarrollo de la ley contra la violencia de género, la transición energética justa, la fiscalidad progresiv, no pueden esperar ni debe ser postergada ni ocultada por los debates identitarios. El independentismo más irredento, defensor del cuanto peor mejor, junto al otro nacionalismo rojigualdo, solo hablaran de cuestiones identitarias, escondiendo sus posiciones ultra neoliberales y su objetivo de abocarnos  a una uberización del conjunto del mundo del trabajo y generando una versión líquida de éste.

Pero no solo esto, ya en sí mismo muy grave, también nos llevarían a una sociedad con una democracia, muy, muy degradada, recortada, enormemente recortada.

Nuestras extremas derechas, identitarias, ambas, tienen un componente ultra neoliberal y clasista, diferenciadas del discurso obrero-populista de sus correligionarias europeas, las cuales, incluyen este elemento al de la identidad. La pelea identitaria, de momento les basta, y condiciona el debate y discurso de otras fuerzas que rivalizan por la hegemonía de sus espacios.

El momento es crucial, muy importante, el futuro inmediato no se ha escrito, depende de diferentes actores y actrices. El sindicalismo de clase, CCOO, tiene que jugar a la ofensiva sabiendo que el resultante del proceso electoral puede ser un panorama más o menos optimista o bien un mundo gris y difícil.

En artículo publicado este pasado sábado 16 de febrero de 2019, en LA MAREA, Daniel Bernabé apunta algunos elementos interesantes, matizables, pero interesantes. Apunta cuestiones fundamentales a tener presente por la izquierda social y el sindicalismo de clase, CCOO, como elemento principal de esta izquierda social.

El debate es fundamental, pero no nos quedemos sólo en el análisis, debatamos y actuemos, estamos a tiempo.

El sindicalismo debe ser un agente activo en la campaña electoral