viernes 14/5/21

Capturar el tiempo

confi

De chaval me llamaba mucho la atención la noticia de la llegada a España del turista X millones. La estética del conjunto, la azafata al pie de la escalerilla con la corona de guirnaldas y la copa de champán y, sobre todo la cara de sorpresa de la persona que descendencia del avión con un aclarado previo y que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, me atraían enormemente al tiempo que me producían una sana envidia. Pienso ahora que de alguna manera esa noticia nos conectaba con el mundo, nos sacaba de aquel oscuro confinamiento.

Dándole vueltas a aquella noticia se me ha ocurrido que sería maravilloso, me haría una ilusión enorme emular a aquellos turistas y que me coronaran como el confinado 45 millones, el último español en abandonar el aislamiento.

Y lo que empezó como un juego, resulta que a medida que pasan los días crece y crece en mi interior como una gran oportunidad para obtener ese premio. Soy un excelente candidato; menor de 65 años, con alguna patología que puede complicarse; algo de colesterol e hipotiroidismo, patologías ambas cronificadas y que requieren medicación, aparentemente nada de gravedad, pero ojo.

Por otra parte, soy vecino de Madrid en concreto de Vallecas el distrito de España con mayor grado de contagios por cada mil habitantes y donde se prevé que la curva se resista a doblegarse debido a la dificultad para mantener el distanciamiento social en pisos por debajo de 50 m2 que abundan en este distrito.

Es decir, que es muy probable que cuando el último canario haya dado dos vueltas al mundo mí vecino Félix y yo sigamos en el bloque sin que todavía nos afecten las medidas de desconfinamiento que diariamente promulga el BOE.

Sé que es muy difícil que me den este premio al último confinado, mucho más difícil que me lo den en Berlanga y no digamos ya que me lo entregue Cristina. Pero de verdad que estoy muy ilusionado

Esta situación, como comprenderéis, me hace concebir esperanzas de ser finalmente coronado como el último confinado español. Tantas esperanzas, que he empezado a pensar en que parte del territorio me gustaría recibir el galardón y de veras que no es fácil aventurarlo.

Todo apunta a que van a producirse una serie de reacciones en cadena en el conjunto del territorio nacional declarando personas non-gratas a quienes vivimos en Madrid como portadores del mal. Alguna Comunidad del litoral ya ha abierto el fuego por boca de su presidente, y existen muchas posibilidades de que el resto no tarden  sumarse a la propuesta. Una muestra que confirma que realmente entramos en la fase más exigente del confinamiento, justo en la que aflora lo mejor que todos llevamos dentro. En fin, como mi plan va para largo, tiempo habrá para que estos brotes de “solidaridad” espontanea se vayan calmando.

Como decía, me preocupan más las dificultades que voy a tener para encontrar un lugar a lo largo de la geografía española que honre el galardón, pero no me desanimo, tengo mucha confianza en Soria, una tierra que amo profundamente y que ha vuelto a fascinarme de la mano de Cristina Ortega, vecina de Berlanga de Duero, que a pesar de su juventud ha firmado hasta la fecha dos documentales de un enorme talento.

Confieso que he tomado ya alguna iniciativa y me he dirigido a la corporación de Berlanga para ver si ellos podrían organizar una ceremonia humilde de entrega del galardón y, abusando de su confianza les he pedido, que fuera Cristina Ortega quien me lo entregara. Bueno si aceptara eso sería ya la Hostia para mí.

Esta petición puede parecer extravagante, pero que va, nada de eso. Cristina ha marcado muy intensamente mi confinamiento. Había tenido  la oportunidad de ver su primer documental “Los sonidos de la soledad” allá por septiembre de 2016, un poderoso blanco y negro que indagaba en el tiempo, en aquella ocasión; el tiempo del sarmiento, o el de la macedonia, o el de la espera. Otros tiempos.

Y Cristina vuelve a hacerlo con el estreno en la Seminci, a pocos días del confinamiento de su segundo documental “La loba parda”. En esta ocasión muestra una y otra vez el tiempo del rebaño, le basta con poner la cámara detrás de una zarza o en un desnivel del camino y esperar que pase hasta la última oveja, o muestra el tiempo inabarcable entre el sonido y la presencia, o el tiempo de la pérdida. Tiempos poderosos que parecería no forman parte de nuestra experiencia. Cristina Ortega, captura el tiempo.

Cuantas veces durante muchos momentos de este largo aislamiento he deseado al igual que Cristina poder capturar el tiempo. Ojalá lo haya conseguido.

Bueno, sé que es muy difícil que me den este premio al último confinado, mucho más difícil que me lo den en Berlanga y no digamos ya que me lo entregue Cristina. Pero de verdad que estoy muy ilusionado.

Capturar el tiempo