sábado 15/5/21

Soy un sectario

Yo soy un sectario porque defiendo radicalmente que nadie puede ir a la cárcel por representar una obra de guiñol.

Jiménez Losantos no es un sectario pese a haber manifestado lo que haría con una escopeta si en ese mismo momento se cruzase con uno de Podemos

Sectario, dícese de la persona que defiende y sigue con fanatismo una idea o doctrina sin admitir crítica alguna sobre la misma o persona que se cree en posesión de la verdad absoluta por razones de herencia, estirpe, tradición o clase social e intenta imponerla al conjunto de la sociedad del modo que sea, incluso torciendo la ley para usar procedimientos coercitivos violentos contra el disidente. Evidentemente yo soy un sectario porque defiendo radicalmente que nadie puede ir a la cárcel por representar una obra de guiñol en la que se critica la manipulación policial y las ventajas del poder mal entendido, que la cárcel debe ser utilizada en última instancia para individuos que hayan cometido delitos de sangre, intimidado de forma grave y violenta a otras personas, atentado contra la Naturaleza o robado al Erario, que es como robarnos a todos a la misma vez para hundirnos en la más absoluta de las miserias. Sin embargo, Jiménez Losantos no es un sectario pese a haber manifestado lo que haría con una escopeta si en ese mismo momento se cruzase con uno de Podemos, no son sectarios ni Miguel Blesa ni Rodrigo Rato ni Francisco Granados ni Rita Barberá ni Francisco Camps ni Jordi Pujol ni Prenafeta ni Millet ni Bárcenas, que hicieron con entrega absoluta lo mejor que sabían hacer para engrandecer al país y mejorar la vida de sus familiares y amigos. Yo, si soy sectario porque pienso que quienes tales cosas hicieron presuntamente, deberían estar en lugar distinto del que están, gozando de vacaciones gratuitas en uno de los muchos sitios que el Estado tiene para tales fines y personas.

Es sectaria, como yo, Manuela Carmena y los Alcaldes que están tratando de limpiar los callejeros de las ciudades españolas de nombres de golpistas fascistas y nacional-católicos –que es la versión española de ese movimiento que asoló España y Europa durante décadas- cuarenta años después de la muerte del dictador y en cumplimiento de una ley aprobada por el Congreso de los Diputados hace nueve. No son sectarios los ultras de los medios convencionales y digitales que han insultado a la propia Carmena, a cientos de concejales y a la directora de la Cátedra de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense de MadridMirta Núñez Díaz-Balart- por trabajar para que los golpistas y sus amigos no sigan dando nombre a calles y plazas para sonrojo de cualquier amante de la libertad y la democracia. No es sectario Mariano Rajoy que dice haber ganado las elecciones con ciento veinte tres diputados de un total de trescientos cincuenta, no habla con nadie y dice estar dispuesto a formar gobierno –aunque no se somete a la sesión de investidura- si todos aceptan que lo que ha hecho su gabinete hasta la fecha ha sido maravilloso y se comprometen a seguir haciendo “reformas” en el mismo sentido que él las ha hecho durante estos cuatro años de leyenda en que fueron aprobadas normas tan avanzadas y democráticas como la Ley Mordaza, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la Reforma del Código Penal, la Reforma Laboral del despido y la precarización o los presupuestos que dejaron sin partida presupuestaria alguna para cumplir con la Ley de Memoria Histórica o la Ley de Dependencias, verdadera antigualla gili-progre destinada a mantener con vida y un mínimo de bienestar a personas mayores y discapacitadas. Sectario soy yo que defiendo la derogación inmediata de la LOMCE, la Ley Mordaza, la Reforma Laboral y cuantas leyes supongan el menoscabo de la libertad y los derechos de todos los españoles; que soy partidario del diálogo para crear una Ley de Educación laica que permita obtener lo mejor de cada uno de nuestros hijos según su capacidad y no según su dinero; sectario soy yo que defiendo la actuación policial con placa de identidad, luz y taquígrafos, porque ningún policía tiene que hacer nada que le avergüence a él mismo o a la sociedad para la que trabaja; sectario, por supuesto, vuelvo a ser yo que creo que los toros ni las procesiones de semana santa sean espectáculos edificantes para los niños pero tampoco propongo su abolición. Soy sectario porque defiendo que la Iglesia Católica –principal propietaria privada de este país- pague el impuesto de bienes inmuebles y cuantos impuestos pagamos los particulares por las propiedades que poseemos, porque sostengo que los bienes monumentales construidos con el dinero sustraído a los españoles a lo largo de los siglos no son de la Iglesia, sino del pueblo soberano que los pagó con su sudor y los restaura cuando es menester. Sigo siendo sectario porque no creo que la Educación sea un negocio ni un instrumento para adoctrinar y seleccionar niños para la élite, que defiendo la enseñanza confesional siempre que se la paguen quienes quieran que sus hijos sean adoctrinados, que propugno que los dineros públicos tienen que ir exclusivamente a le enseñanza pública, que es la de todos, la que no pone trabas por capacidad, creencias, color de piel, poder adquisitivo o condición sexual, porque pienso, igual que el teólogo Tamayo, que son los católicos quienes tienen que costear los gastos que ocasiona su credo, igual que han de ser los madridistas o los culés quienes sufraguen el despilfarro de sus respectivos equipos de fútbol que, eso sí, son algo más que clubes.

No es sectario el ministro de Hacienda que reduce los tramos del Impuesto sobre la Renta –el más justo de todos si está bien hecho, el que hace que se pague más cuando más se tiene y viceversa- y mantiene el 21% de IVA sobre servicios tan vitales como el agua, la luz, el teléfono, el cine y el teatro mientras impone u tipo reducido al fútbol, los toros o las revistas porno. El sectario soy yo, que lo haría exactamente al revés, que cargaría con el tipo máximo del IVA a las cosas superfluas, dejando el tipo reducido a las más necesarias. No son sectarios quienes envían a jueces y policías por cientos a desalojar de su casa a una familia que quedó en paro y no está al día del pago de la hipoteca aunque pagó a rajatabla mientras la burbuja inmobiliario-financiera no acabó con su vida laboral. Soy yo el sectario por defender que todos los seres humanos tenemos derecho a una vivienda digna, menos aquellos que propiciaron la grandísima estafa que nos ha traído hasta aquí que, como he dicho antes, deberían estar a la sombra desde hace mucho tiempo y para mucho tiempo y no lo están ni se les espera.

España tiene muchos problemas, casi todos agudizados por el mal gobierno, pero uno de los mayores es que no existe libertad de prensa, y no existe porque quienes crean opinión continúan siendo las televisiones y emisoras de radio convencionales y los periódicos de papel y casi el ciento por ciento de ellos están en manos de la derecha o la caverna. En esa tesitura, cabe explicarse que quienes creemos en los derechos y libertades de los ciudadanos, en la recuperación de nuestra Memoria Histórica reciente y en la igualdad de todos ante las leyes, seamos tachados de sectarios un día y otro por los medios de comunicación, mientras que quienes defienden el franquismo y sus crímenes contra la Humanidad, quienes no hacen más que legislar para eliminar libertades y derechos, quienes privatizan y externalizan por lucro personal, familiar o amical sean presentados como adalides de la modernidad. Son los restos del franquismo, y del franquismo hay que independizarse ya.

Soy un sectario