martes 15/6/21

Radicales antisistema

Es llegado el momento de poner fin a este delirio o el delirio acabará con todos nosotros.

Un día se reunieron en torno a una mesa de caoba alargada que alumbraban candelabros de plata. Al fondo del salón herreriano cubierto por gobelinos, el fuego y media docena de ujieres vestidos de librea dispuestos a todo. Sonrientes fueron ocupando el sitio que tenían designado por razón de la costumbre, y decidieron, todo el suelo del territorio nacional es edificable. Corría el año del Señor de 1997 y no contentos con la valiente y patriótica decisión, se asieron los machos y decretaron la desregulación del mercado financiero, de tal manera que en adelante, los bancos podrían hacer y desfacer sin que ningún poder político supervisase su voluntad omnímoda. En los diez años siguientes se desató un huracán que cubrió de hormigón playas, montañas y poblaciones del interior mediterráneo sin dejar un hueco para la vida y provocando el abandono de miles y miles de hectáreas de las mejores tierras de cultivo. No, no, esa vivienda no es para usted, tenemos una promoción de adosados que, si bien es más cara, le deparará un bienestar y un ascenso social como nunca soñó. No se preocupe por el precio, se lo financiamos a treinta años y además le damos tres millones más por si quiere comprarse un coche o viajar al Caribe. Sólo pensamos en usted, sólo vivimos para usted. Hasta que en 2005 se alzaron las primeras voces críticas, nadie osó poner en duda aquel disparate que llenó la costa española, desde Roses a Matalascañas de cemento y ladrillo, que nos devolvió el antiurbanismo especulativo de Banús y el franquismo. Silencio y a poner la mano. Un día se acabó, los bancos del ladrillazo quebraron y fuimos en su socorro mientras millones de personas iban al paro, al hambre y a la emigración, mientras se abandonaba la Educación, la Sanidad y los Servicios Sociales Públicos para degradarlos y privatizarlos a precio de saldo, mientras se destruía la economía productiva. No, no eran radicales antisistema los autores de tamaña aberración, eran patriotas de desfile de las fuerzas armadas, mantilla, teja y barretina. No, no rodeaban parlamentos, estaban dentro de ellos trabajando para el mejor postor, usando la representación que les había dado el pueblo en provecho propio y de allegados poderosos. Ninguno de ellos vive en la cárcel, su hábitat natural.

Coincidieron en un conocido restaurante en el que ese día no se admitían desconocidos. Cosas del azar. Hablaron de todo, de vinos, fútbol, toros, vacaciones y de lo lindo que le había quedado el chalete a la rubia oxigenada. En un receso del alegre almuerzo, uno de los más vivarachos dijo, hemos de conseguir que España tenga la energía eléctrica más cara de Europa, aunque hoy sea un día de asueto, no podemos dejar de pensar en nuestro futuro ni un momento. En cuanto salgamos de aquí hemos de ponernos manos a la obra, como un solo hombre como una sola mujer. Los hogares de los españoles tienen que liderar el pago por kilowatio cueste lo que cueste, sin escatimar valores añadidos ni tasas ni contadores ni déficit tarifarios. No, no eran perroflautas vestidos de cualquier manera empeñados en ocupar plazas y calles para denunciar la desfachatez, no, eran señores que habían usurpado la soberanía popular para buscarse un lugar en el consejo de administración de una compañía energética.

A través del wasap, y sin tener en cuenta las muchas diferencias que en teoría sostenían, se pusieron de acuerdo para determinar que la Sanidad y la Educación de todos tenía que ser gestionada por el clero y por empresas empeñadas en convertir la enfermedad y la formación en negocios de pingües beneficios, consintiendo que el precio de los nuevos fármacos fuese mucho más elevado que el sueldo medio, que los libros de texto cambiasen de formato para invalidar los del año anterior, que la curación dependiese de la chequera, que las cabezas y los corazones de niños, adolescentes y jóvenes fuesen moldeados por personas que defendían la milagrosa resurrección de Lázaro por un señor que vino de otro planeta y teniendo poderes ilimitados dejó a los demás a su puta suerte por aquello del libre albedrío. No, no eran kaleborrokos, ni alborotadores profesionales llegados de montañas lejanas, quienes eso hicieron y hacen son emprendedores dispuestos a comerse el mundo, personas siempre aviadas para dejar un  generoso donativo en la mesa de la Asociación del Cáncer, en el mercadillo de Navidad o en el enlace Preysler-Vargas.

Juguetones, alegres, divertidos, armados con gintonic diseñados por el coctelero de moda –todo era belleza en aquella espléndida terraza del Tibidabo- acordaron que cualquier obra, contrata o subcontrata que las administraciones públicas concediesen al agraciado, devengaría a los bolsillos de los decidididores una cantidad que oscilaría –dependiendo de quién, cuándo y cómo- entre el tres y el diez por ciento de lo concedido, no para mejorar y ampliar las zonas verdes de las ciudades, no para crear un parque de viviendas para quienes no las tenían, no para construir escuelas públicas maravillosas, no, para el lucro personal, para demostrar al mundo que hay personas tan desprendidas, tan generosas, tan entregadas al servicio público que pudiendo imponer mordidas del treinta o el cuarenta, eran capaces de conformarse con el diez. ¿Fueron puestas a buen recaudo, confiscados sus bienes, castigados por el pueblo soberano con la retirada de su apoyo en forma de sufragio? La respuesta no está en el viento.

Se supo hace tiempo que la energía obtenida por la quema de combustibles fósiles perjudicaba muy seriamente a la Naturaleza, que contribuía sobremanera al recalentamiento mediante el efecto invernadero. Ante tal certeza, se pusieron en marcha políticas encaminadas a que un plazo medio todas las viviendas pudiesen autoabastecerse por energías limpias. Como es fácil comprender, aquello era una majadería derivada de la herencia recibida que había que atajar a la mayor brevedad y con la mayor contundencia. ¿Cómo qué usted se va a poner unas placas o un molinete y va a dejar de pagar al monopolio de la luz, quiere usted romper España? Por bien de todos, se apresuraron a poner un impuesto al sol y otro al viento, de tal manera que la energía limpia obtenida por esos medios saliese al pequeño o gran consumidor mucho más cara que la suministrada por el monopolio de toda la vida, que es el que después nos lleva de viaje por el mundo sin complejos de ningún tipo. Pueden creerse que esa fue una determinación arbitraria, que pensábamos sólo en nosotros, pero lo cierto y verdad es que hace tiempo que Eva cogió una manzana que no debía, cuando todo era gratis, y que desde entonces hay que pagar. No sólo lo hicimos por el bien de España, sino también por la salvación de su alma, que como todos ustedes sabrán, sólo es de Dios.

Depreciaron salarios, esquilmaron el paisaje, encumbraron a malandrines, cuatreros y salteadores de caminos, vendieron a sus padres, sacaron a pasear vírgenes y santos como en tiempos, robaron a los pobres para dárselo a los ricos, destruyeron mediante privatizaciones infinitas el patrimonio común de todos, liquidaron la hucha de las pensiones buscando que éstas pasasen cuanto antes a manos de la banca que nos arruinó, hicieron del enchufismo, el cohecho, la prevaricación, el agio y la corrupción una bandera, se quitaron de en medio a jueces, funcionarios y periodistas molestos, dictaron leyes contrarias a los Derechos Humanos elementales, hicieron una televisión no apta para amebas y aún nos piden el voto, y lo que es peor, aún les votamos. Es llegado el momento de poner fin a este delirio o el delirio acabará con todos nosotros. Que cada cual coja sus aperos y se ponga manos a la obra, el futuro está en nuestras manos, el pasado es suyo, de los radicales antisistema que nos mandan.

Radicales antisistema
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