lunes 19/4/21

Kayed, Amal, Gaza…

Gaza ha vuelto a ser bombardeada por la aviación israelí. Lo primero que he pensado es en Kayed, Amal, Mohamed, en mi Gaza.

Gaza ha vuelto a ser bombardeada por la aviación israelí. Lo primero que he pensado es en Kayed, Amal, Mohamed, en mi Gaza

Al parecer anoche se lanzó algún que otro cohete desde Gaza hacia el desierto del Neguev en Israel. Hamas debería ya  parar de lanzar  sus cohetes chusqueros que, aunque no hacen daño ya que caen en un desierto, provocan al enemigo. Pero más peligroso es la respuesta de Israel.

“El gobierno de Netanyahu ha bombardeado puestos de Hamas”, dicen las noticias. La realidad es que en la franja de la desesperación y la muerte que caigan una serie de bombas es ya parte de su vida cotidiana pero para los que vivimos cerca de Gaza , al menos emocionalmente, sabemos que Israel puede declarar una guerra, una intervención o simplemente una ristra de bombardeos en cualquier momento.

Cualquier excusa es buena. La última guerra fue en 2014.Últimamente los tiempos eran año sí, año no. En el 17 estuvieron quietos. Obama los vigilaba. Ahora ha llegado Trump y hagan lo que hagan el Presidente de Estados Unidos les apoyará.

Mientras tanto, la población gazatí vive al límite tanto a nivel económico como psicológico. Las casas destruidas por las bombas del 2014 siguen ahí. Nadie las ha tocado, ni rehabilitado.

La vida es cara para una población empobrecida. Escasea cualquier tipo de alimento o medicina. El bloqueo israelí es eficaz.  Más del 45% de los gazatíes está en paro y vive por debajo del umbral de pobreza. Pero la principal herida es la desesperanza. El superar las dificultades diarias -en una palabra, sobrevivir- sin ver una salida al conflicto, es su reto de cada mañana.

Los gazatíes consideran que no tienen futuro. En especial esos jóvenes que estudian, se preparan, van a la universidad, pero que al terminar su carrera solo encuentran la nada, el vacío. No tienen trabajo ni expectativas. Por no poder, ni siquiera tienen la capacidad de salir de la Franja, bordeada de muros, alambre de espino, vallas o alambrado eléctrico. Por no hablar de las ametralladoras automáticas, que disparan a cualquiera que se aproxima a menos de 200 metros de la frontera. Una auténtica cárcel a cielo abierto.

El bloqueo provoca que los gazatíes no puedan salir ni entrar en la Franja, solo periodistas y personal humanitario. Aunque últimamente se hacen algunas excepciones con personas que sufren algún tipo de cáncer, una enfermedad que ha aumentado tras los bombardeos. Desgraciadamente cuando llegan los permisos para salir de Gaza y entrar a Israel a recibir tratamiento los enfermos ya están en situación límite, con lo cual no sirve para nada. La radioterapia está prohibida por Israel en Gaza, ya que se considera un arma de doble uso.

Como en toda la Franja de Gaza, el hospital de Al Shifa , vive condicionado por los cortes de luz, que pueden prolongarse durante seis horas o más. El suministro la controla Israel, que proporciona una cantidad diaria para la Franja, y corresponde al Gobierno de Hamás administrarlo.

 El hospital, los comercios e incluso algunos edificios tienen generadores, que no siempre funcionan. Pero la falta de luz también afecta a las depuradoras de agua, que rinden  a niveles muy bajos.

La principal consecuencia de los cortes de luz en las depuradoras es el vertido de aguas fecales directamente al Mediterráneo, que está muy contaminado. A esto se añade la prohibición israelí de adentrarse en el mar más de tres millas bajo la amenaza de abrir fuego. “Muchos gazatíes vivíamos de la pesca", comenta Sidi Alazza sentado en una de las barcas del puerto de Gaza. "Ahora no sacamos nada, solo algunas sardinas. Ni pescamos ni comemos pescado”, remata un compañero suyo.

La carne sólo entra cuando Israel lo considera conveniente, el pescado de sus playas está contaminado y por lo tanto la población subsiste de lo que cultiva: pimientos, tomates, pepinos, frutas.

 Las frutas y verduras sobrantes no las pueden vender a Cisjordania, su otra mitad del estado Palestino ya que deberían ser transportadas a través de Israel y eso también está prohibido.

“Tengo nueve años y he vivido tres guerras”, cuenta Tuqa en el documental Dreams behind the wall, rodado en Gaza por la periodista Elena Herreros. Eso significa que la población gazatí no ha tenido tiempo de recomponer sus vidas y sus mentes. Muchos niños reciben ayuda psicológica de la UNRWA, pero los adultos opinan que no solo los menores la necesitan; ellos también.  La incertidumbre, la desesperación, la tristeza es la gran protagonista de Gaza.

Mientras tanto el primer ministro Netanyahu pedía el pasado fin de semana el despliegue de fuerzas internacionales en la Franja de Gaza para enfrentarse al terrorismo.

Kayed, Amal, Gaza…