domingo 9/5/21

Más respeto a los chabolistas, Rufián

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Rufián es el apellido de un diputado de ERC en el Congreso de España. A veces hace honor a su apellido cuando se le va la dosis en la pose de llanero solitario.

Hace poco fue un día de esos. En la sesión de control al Gobierno, el circo de las derechas de cada miércoles, calificó de “chabola” a la Democracia española y, de paso, sin citarla, a España toda ella. Porque los de ERC, hasta que no demuestren lo contrario, practican un seguidismo grosero y cobarde de un individuo de extrema derecha, secesionista compulsivo aunque con red de seguridad, xenófobo y supremacista, llamado Puigdemont, Por lo tanto, Rufián, apellido y condición aparte, es de esa catadura moral cuyo referente máximo es el prófugo de oro, al que otro impresentable equiparó con el glorioso exilio republicano de 1939.

Este muchacho, en su ignorancia y arrogancia, utiliza las chabolas, y el chabolismo en consecuencia, como medida máxima de lo mezquino. Me gustaría pensar que sin darse cuenta, pero el tal Rufián hace gala de desprecio e ignorancia (cuidado, que como decía nuestro Don Antonio, despreciar cuanto se ignora es el germen del totalitarismo de cualquier signo) ante un fenómeno humano e histórico que fue fundamental para la configuración de la actual Catalunya en la que, pese al aventurismo secesionista, aún resisten niveles notables de riqueza y bienestar, bien es cierto que carcomidos por niveles de pobreza, exclusión y desigualdad social sin precedentes en los últimos tiempos. Me explico y le explico a Rufián:

… Entre el primer tercio del siglo XX y el mismo periodo del XXI, Catalunya duplicó su población. Eso es riqueza en estado puro, recursos humanos para la vida y el progreso, porque las fábricas se pueden poner en un sitio u otro y los recursos naturales merman y se agotan … pero los grandes flujos migratorios que hacen andar las fábricas, sembrar y cosechar los campos, hacer funcionar escuelas y hospitales o extraer a la tierra sus recursos, esos flujos humanos no son de quita y pon.

… Ese aumento increíble de la población trabajadora en un periodo tan corto no se debió solo a la fecundidad de familias con ocho apellidos catalanes. Fueron necesarios centenares de miles de mujeres, hombres y niños procedentes de la España forzosamente empobrecida por burguesías como la catalana, entre otras, que vinieron -vinimos- a Catalunya huyendo de la pobreza y el atraso y en busca de trabajo y futuro para ellos y, sobre todo, para sus hijos y, de paso, levantaron en gran medida esta Catalunya en la que nos reconocimos y amamos desde el primer momento, pese a rechazos y humillaciones de la primera hora.

… Esas oleadas de inmigrantes no eran sujetos estadísticos; eran seres humanos llenos de sueños, que traían en los ojos las últimas imágenes del pueblo natal y la mirada ansiosa e incierta hacia el futuro, mezcladas todas ellas con las últimas lágrimas. Seres humanos portadores de sueños de las Castillas, de Andalucía, de Extremadura, de Galicia, de Murcia, de … Y en el último tercio de ese siglo, de Iberoamérica, Marruecos, Senegal o Rumanía, sin dejar de seguir viniendo de las Españas.

… Permítanme echar mano de una Historia de Catalunya que es la que más me gusta. La escribió, musicó y cantó en castellano nuestro querido Serrat hace 43 años. Se llama “Por las paredes o mil años hace”, dura 12 minutos y lo acompaña una cobla típica de sardanas con tenora, tible, flabiol y tamboril. La fase final de esa Historia la explica en muchas menos palabras que yo y mucho más emocionantes; ni un recuerdo para su madre inmigrante le faltó a Serrat:

“… mil años hace y unas horas

que con manos trabajadoras

se amasa un pueblo de aluvión.

Con sangre murciana y de Almería

se edificó una exposición.

Ferroviarios, labradores,

dulces criadas de Aragón,

caricias de este corazón.

Y lágrimas oscuras

de los andaluces.

Y la dictadura …

… Miles de familias inmigrantes al llegar a Barcelona no tenían casa propia o familiar alguna que los acogiera. Localizaban espacios abiertos donde instalarse en el extrarradio de la ciudad, buscaban los materiales básicos en los sitios más insospechados y se disponían a construir sus casas. Con este origen tan digno y tan esforzado surgieron las chabolas y el chabolismo. Los asentamientos más famosos, en el transcurso de la década de los 40 y los 50, estuvieron en Montjuic, el Somorrostro, el Campo de la Bota, el Turó de la Rovira, el Carmelo … Algo similar sucedió en otras ciudades fabriles de Barcelona: Tarrasa, Sabadell, Hospitalet, Rubí, Badalona, Mataró, o Santa Coloma de Gramanet, donde Rufián nació o lo llevaron de niño.

… Construir una chabola era una autentica odisea que había que compatibilizar con trabajos muy precarios de subsistencia en fábricas y talleres, en el servicio doméstico, en el peonaje de la construcción … Cuando la tenías medio hecha venía la policía municipal o la guardia civil y las echaba abajo. Vuelta a empezar, siempre de madrugada, hasta que podías techarla con lo que fuera; normalmente con una combinación de tablas, cartones y uralitas que, al igual que el resto de materiales, habían costado Dios y ayuda hacerlos llegar hasta aquellos parajes para los que no había ni caminos ni transporte alguno, si exceptuamos alguna que otra bicicleta.

… Techada la chabola, la policía ya no podía derribarla; cosas de la legalidad de entonces. Tocaba ahora hacerla habitable minimamente,  iluminarla, acceder al agua a costa de grandes caminatas hasta la fuente más próxima,  dotarla de un ínfimo huertecillo porque no venían mal algunas patatas y algunos tomates,  criar algún pollo y algunas gallinas,  adornarla con algunas flores …

… Y la procesión diaria de bajar de las chabolas, con la noche en los ojos todavía, camino de los trabajos los adultos y de las escuelas los niños, porque vivían en la extremada pobreza pero la combatían con la extremada dignidad y voluntad de construir un presente y un futuro mejor. Y de vuelta, de noche también, encandilados por las luces de teatros y cabarets del Paralelo o la atracción fatal de restaurantes y pastelerías imposibles …

… Y venían más parientes y amigos de los pueblos a unirse a aquella avanzadilla, y crecía una generación de hombres y mujeres que se abrían camino en las empresas con la lucha obrera y, simultáneamente, con las luchas y organizaciones vecinales que, en muchos casos desde las chabolas originarias, alumbraron los barrios más combativos y progresivos de aquellas ciudades, configurando así la característica más singular del nuevo Movimiento Obrero y Sindical de finales de los 50, en el que la lucha por salarios dignos y horarios humanos en las fábricas, talleres y tajos, era indivisible de la lucha por barrios habitables, con equipamientos escolares y sanitarios, viviendas dignas y entornos bellos y seguros para la gente trabajadora y sus familias.

… Miles y miles de hijos, nietos y bisnietos de aquellos chabolistas heroicos de los 30, 40 y 50, son parte hoy de los fundamentos humanos, sociales y productivos de la mejor Catalunya. Son hoy excelentes trabajadores, profesionales medios, ingenieros, maestros, catedráticos, periodistas, deportistas de base y de élite, médicos eminentes y sanitarios imprescindibles, jubilados activos en el voluntariado solidario, en la ayuda a hijos con menos suerte, en la lucha por pensiones dignas para todos … militantes de partidos y sindicatos, incluidos los independentistas. Y así hasta los últimos recovecos del latir cotidiano de Catalunya.

… Por lo tanto, estimado Rufián, más respeto a chabolas y chabolistas; por todo lo que te he dicho y porque es muy probable, y sería para ti motivo de orgullo y reconocimiento, que algunos ancestros tuyos iniciaran su aventura vital catalana al amparo de aquellas  paredes y aquellos techos de uralita.

… Más coraje solidario y clasista, Rufián y los demás, para que el Trabajo y el esfuerzo decentes vuelvan a hacer funcionar lo que llamamos el “ascensor social”, el que llevó a aquellos abuelos y a aquellos padres chabolistas a construir vidas dignas. Ese “ascensor social” hace demasiado tiempo que no funciona en Catalunya y por ello millones de personas sufren un axioma perverso: trabajo y pobreza, dos caras de una misma moneda.

Más respeto a los chabolistas, Rufián