miércoles 21/4/21

Comer, y a poder ser saludablemente

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La ciudad de Barcelona tiene 5.576.439 habitantes (cuando lean esto, alguno más). Calculo que más de 3 millones de ellos deben -debemos- tener derecho a voto (por cierto, Barcelona es la segunda ciudad del mundo con más densidad de población, tras Tokyo, pues ese montón de almas vivimos en un territorio muy pequeño, un cuadrado acotado por los ríos Besós y Llobregat  y el mar y los cerros del Carmel, el Tibidabo o la Rovira. Si se tiene suerte con los semáforos y la calle elegida es la buena -la de Aragón, normalmente- se puede atravesar Barcelona de punta a punta, de río a río, en un cuarto de hora). A lo que íbamos. Resulta que la alcaldesa de Barcelona, compañera Ada, a la que una vez saludé en un acto público reivindicando la Renta Mínima Garantizada, que es alcaldesa gracias a mi compañero Jaume Collboni, me ha enviado una carta, un folio impreso por las dos caras, en catalán y castellano, como es lógico, con un sobre grande y dentro de él, además de la carta, 4 láminas preciosas en papel satinado y acartonado, con dibujos naif en vivos colores de frutas y verduras propias de cada estación del año. Ahí las tienen.

En la carta me dice Ada que en 2021 Barcelona será “capital mundial de la alimentación sostenible” (mira que bien y yo sin enterarme), y que con tal motivo sería bueno que comamos de modo saludable y que procuremos que nuestros niños lo hagan también, porque todo ello es fuente de mayor bienestar social y eso. Y ya está. Eso es todo, con algunos párrafos más arropando ese par de ideas.

Cuando leí la carta, a la vista de las láminas, preciosas, insisto, no pude por menos que pensar, “coño, claro, Barcelona es una de las capitales principales de la dieta mediterránea; estaría bueno que nuestra alcaldesa nos hubiera recomendado, como hizo la Isabel “Monster” Ayuso, que lo ideal es darle pizza y coca-cola a mogollón a nuestra gente, niños y niñas incluidas …”

Hasta que no aprendamos a valorar y administrar el limitado dinero público con el mismo celo y raciocinio con el que administramos el limitado dinero privado de cada cual, esto no va a funcionar a cabalidad

Pensé, también, que la carta-dossier seguro que no me la había mandado a mí solo. Que la habría mandado, obviamente, a otros tres millones y pico de conciudadanos barceloneses, y que el envío habría costado no menos de cuatro o cinco millones de euros, con los cuales se hubiera podido hace algo más que aconsejarles comer saludablemente por esos barceloneses, en torno a un millón, niños incluidos, cuyo problema es comer primero, y si es saludablemente pues tant de bó que decimos por aquí.

Claro que yo es que soy muy naif y un punto demagógico, no puedo evitarlo a estas alturas, como las láminas de frutas y verduras estacionales que nos envía la compañera Colau…

Bromas aparte, hasta que no aprendamos a valorar y administrar el limitado dinero público con el mismo celo y raciocinio con el que administramos el limitado dinero privado de cada cual, esto no va a funcionar a cabalidad, que dicen por ahí, por las Iberoámericas…  aunque allí lo hacen bastante mal también.

Comer, y a poder ser saludablemente