sábado 15/5/21

Las venas que aún siguen abiertas

"La ficción de la legalidad amparaba al indio; la explotación de la realidad lo desangraba"

Estas palabras de Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina nos hablan un poco de la teoría que endulza los oídos y la práctica que devela la peor de las realidades. Uno de los documentales por prestancia de Oliver Stone, Al Sur de la frontera, refleja con total simpleza la pugna eterna entre el capitalismo y el populismo, un nuevo mapa geopolítico en el océano mismo de las desigualdades.

De 650 millones de habitantes que tiene Latinoamérica, el FMI pronostica que 150 millones de esos pasarían a vivir en la pobreza extrema luego del vendaval del covid 19 durante el 2021, casi la totalidad de los habitantes de Brasil.

Debemos recordar y diferenciar tres entidades de apoyo económico creadas para paliar las crisis a nivel mundial con salvavidas financieros usureros para entender qué actitud toma cada una de ellas frente a los distintos países del globo. Todos estos organismos están atravesados por la acción de otra entidad, en este caso un órgano contralor como lo es el Club de París, un espacio de discusión y negociación entre acreedores oficiales y países deudores. Su función es renegociar en forma coordinada y conjunta las deudas externas de los países deudores con dificultades de pago.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es una organización integrada por 184 países, que trabaja para promover la cooperación monetaria mundial, asegurar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover un alto nivel de empleo y crecimiento económico sustentable y reducir la pobreza.

El Banco Mundial es una organización multinacional especializada en finanzas y asistencia. Su propósito declarado es reducir la pobreza mediante préstamos de bajo interés, créditos sin intereses a nivel bancario y apoyos económicos a las naciones en desarrollo para proyectos.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es el mayor de todos los bancos regionales de desarrollo del mundo y constituye la principal fuente de financiamiento multilateral para proyectos de desarrollo económico, social e institucional, y los de comercio e integración regional, en Latinoamérica y el Caribe.

Podríamos simplificar en que el Fondo Monetario Internacional promueve la estabilidad financiera y la cooperación monetaria internacional. El Banco Mundial contribuye a la reducción de la pobreza en el mundo mediante asistencia financiera y técnica. Y el Banco Inter-Americano de Desarrollo fomenta el crecimiento económico y la integración regional.

El poder de estas entidades financieras limita el accionar soberano a través de planes de ajuste y “recetas” milagrosas que aplican los organismos multilaterales de crédito. Recordemos el salvataje a Grecia en el año 2010 que comenzó con casi 21.000 millones de dólares y que vio su último ajuste del cinturón en el año 2018. Pasando por el millonario préstamo al gobierno del entonces presidente argentino Mauricio Macri de 56.300 millones de dólares.

Sobre comienzos del año 2001, gran parte de la región fue convirtiendo sus gobiernos y pasaron a manos de facciones de centroizquierda, el documental de Oliver Stone hace un paneo pormenorizado de estos gobiernos. La aparición de figuras emblemáticas como Hugo Chávez en Venezuela, de Rafael Correa en Ecuador, de Fernando Lugo en Paraguay, de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, de Evo Morales en Bolivia, de Daniel Ortega en Nicaragua, del matrimonio Kirchner en la Argentina, Tabaré Vásquez en Uruguay y la continuidad en el poder luego de más de medio siglo de Fidel Castro y su hermano Raúl sufriendo el bloqueo comercial de Estados Unidos en la gran isla de Cuba.

La política mundial se ha visto encolumnada tras un nuevo Plan Marshall, un programa estadounidense dedicado a la reconversión económica de Europa durante los inicios de la Guerra Fría. El Plan Marshall fue un programa impulsado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para ayudar a los países europeos a recuperarse de la destrucción provocada por el conflicto.

La derecha viene desde hace algunos años recuperando los espacios perdidos en algunos países de la región mientras aquellas figuras del populismo latinoamericano se van acomodando nuevamente en el tablero. Está claro que la radicalización de los sistemas democráticos ha desestabilizado el mapa geopolítico de la región, la renegociación de la deuda trae un poco de aire, pero el problema es de fondo.

Aunque el nuevo siglo comenzó en América Latina con un giro a la izquierda que fijó nuevos rumbos en el tratamiento de la cuestión social, la participación política o los derechos de las minorías y que obtuvo reconocimiento internacional. Pero esta política ha desembocado en una crisis. Junto con la baja de los precios de las materias primas, la economía se debilita, los gobiernos pierden el apoyo de la población e intentan, ante todo, salvarse a sí mismos, al tiempo que la pobreza vuelve a aumentar.

El éxodo masivo en Venezuela, la redistribución de las riquezas, la ola de usurpaciones sobre las propiedades privadas, la migración de argentinos al Uruguay y el vacío institucional que se está viviendo en estos últimos tiempos no dan un buen mensaje a los organismos internacionales. Pueden cambiar los gobiernos, puede haber nuevos autobuses, pero los choferes siguen siendo los mismos, una historia de teorías y de prácticas con venas que siguen abiertas. 

Las venas que aún siguen abiertas