viernes 14/5/21

Los hologramas vitales

Cuentan ,los que de eso saben y con los que es complicado debatir -los astrofísicos -, que cuando un objeto cae dentro de un agujero negro su materia se destruye, pero que la información contenida en el  objeto queda flotando en la superficie de lo que se conoce como horiznte de sucesos. En sencillo: que si tiramos un CD con toda la música de Mozart en el interior a ese mismo agujero negro, el plástico se perdería, pero los unos y los ceros almacenados en su interior quedarían flotando como un holgrama conteniendo toda la música que teníamos grabada. 

Como la restricción de actividades me obliga a la reflexión tranquila, de repente me ha dado por pensar en la posibilidad  de reconstruir todas las vidas y todas las opciones perdidas que no han podido ser en este año de pandemia, verdadero agujero negro vital para muchos que se han ido y para las muchas opciones que no hemos podido pensar  y ejecutar.

Nadie nos ha explicado cómo podríamos recuperar la música de Mozart del ejemplo, y tampoco nadie puede ayudarnos a reconstruir la informacion perdida sobre el futuro de las miles de vidas acabadas en atroz silencio de los hospitales; el clamoroso silencio de las sedaciones que acabaron en la muerte precipitando lo que habría podido ser  al interior de ese agujero negro llamado Covid-19.  

En este año que ha pasado se han perdido miles de futuros, no sólo se han perdido vidas: hemos perdido opciones que pudieron ser y no fueron almacenando los millones de deseos en un holograma universal de aspiraciones no realizadas. Como en el holograma bidimensional que contiene las imágenes tridimensionales de lo que reproduce, lo que se ha perdido es complejo y es diverso; tan complejo como lo es el mismo origen humano de la información perdida.

Nadie, por desgracia, podrá recrear esa información perdida; nadie podrá sentir lo que no se ha sentido ni odiar, olvidar o amar aquello que nunca fue, pero sí podemos entregarnos con todo nuestro empeño y esperanza a recuperar la calidad del futuro que nos queda por delante, que es mucho. Además, ese futuro nos llega cuando ya hemos tenido la oportunidad de conocer la verdad y sabemos separar el grano de la paja: si repetimos los errores que permitieron que  nuestras vidas se llenaran con todo aquello que solo aporta suciedad, ruido y confusión, habremos perdido la gran oportunidad que nos ha brindado esta inmensa crisis y todo lo perdido habrá sido en vano.

Si, por el contrario, buscamos en ese holograma la valiosísima información de las enseñanzas que nos dejaron todas las pérdidas que sufrimos, todavía es posible que afrontemos lo que está por venir con nuevas armas y con una perspectiva vital y humana más sana, más coherente con lo que nuestra naturaleza nos reclama tras milenios de evolución natural en busca de lo que es mejor para nosotros.

Hemos renegado de nuestra esencia y de nuestras raíces naturales; le hemos dado la espalda a lo que nos permitió triunfar como especie y hemos violentado el medio natural de forma absurda. Ahora, tras esta larga noche, tenemos la oportunidad de reorientar nuestra estrategia y hacer nuestras vidas más plenas, más humanas y más felices.

La fórmula es sencilla, así que la tarea para los próximos meses consiste en buscar, entre la información de ese holograma mental que conforma lo perdido, el rescate de lo que, de verdad, es importante abandonando todo lo demás. Si la crisis nos ofrece esa única posibilidad, es posible que tanta pérdida nos ayude a ser mejores como individuos y como especie. Intentemos que el balance sea positivo.

Los hologramas vitales