miércoles 12/5/21

Cuando Casado despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

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“Coged las rosas mientras podáis/veloz el tiempo vuela. /La misma flor que hoy admiráis, /mañana estará muerta...” En estos versos el poeta Walt Whitman nos incita al aprovechamiento del presente ante un futuro incierto por construir. Empero, es el pasado el que se crea desde el presente, los historiadores y los sociólogos saben la significativa trascendencia que tiene hogaño para transformar el pasado constantemente, un hoy es más valioso en lo pretérito que en el porvenir, pues, como dijo Octavio Paz, el futuro no existe porque nunca nadie estuvo en él, sin embargo, en el pasado estuvimos todos, e incluso, aún estamos todos.  Cuando Felipe González y Fraga Iribarne pactaron en la génesis de la transición “no hablar del pasado”, en realidad lo que ello suponía era abolir un ayer que se compadecía poco con los tiempos que corrían o nos dijeron que transitaban por los páramos posfranquistas de la política. Fray Luis de Granada escribe, sin embargo, en su “Retórica eclesiástica” que el mundo siempre fue como casi es ahora. El “casi” alienta la posibilidad del cambio. Unos mismos fueron los hombres; una misma naturaleza; unas mismas las inclinaciones. “Y así -añade el autor-, los mismo vicios que había entonces en tales y tales géneros de personas, esos mismos hay ahora, aunque alternados algún tanto los nombres de ellos…”.

Pablo Casado ha intentado hacer del “casi” de Granada un gran boquete de posverdad en un pasado de hace cinco minutos -en un lapso temporal en términos históricos- donde decreta los óleos y extremaunción del PP de Rajoy, Cospedal, Aguirre, Bárcenas y el largo etcétera por todos conocidos; un pasado demasiado próximo para que estas argucias de la desesperación dialéctica cuenten con la calígine necesaria del tiempo y la desmemoria si no para ser creíbles al menos para generar esa aliada de la mentira que en ocasiones es la turbación. Pero Casado en este velorio de un Partido Popular que según él ha dejado de existir ha ido, consciente o inconscientemente, más allá del ademán impugnativo de las feas máculas de la corrupción para ubicarse en la censura al tratamiento que dio el gobierno Rajoy al 1-O catalán.

Quizá Casado no intuye que a estas alturas ya es tarde incluso para la creación del pasado y el líder del PP no puede desentenderse de lo que heredó. Por eso es casi obsceno que de pronto critique la actuación del gobierno Rajoy en Cataluña el 1-O, ¿por qué no lo hizo entonces? La fulminación del bipartidismo y la severa crisis institucional, moral, social y política de la Monarquía demandaba del conservadurismo algo más que una limitación autoritaria del espacio político a favor del poder de togas y puñetas y el fascismo financiero. Y, sobre todo, que Casado no se situara como ha hecho en la cultura de la irresponsabilidad con lo que él mismo se está inhabilitando para liderar un cambio en su partido. Con lo cual, solo pueden conseguir que ciertas inercia retardatarias y poco honorables se hagan crónicas. Esta actitud conservadora tiene como consecuencia que en un mundo acelerado vivimos con las mismas estructuras surgidas, hace cuarenta años, de los delicados equilibrios que se tuvieron que hacer para gestar una democracia desde los intereses y las oligarquías de una dictadura. Y los cambios aplazados más allá de lo razonable tienen un elevado coste democrático.

Cuando Casado despertó, el dinosaurio todavía estaba allí