miércoles 12/5/21

Duelo y pandemia por COVID19: Análisis de una dura realidad

En salud mental entendemos por Duelo una reacción emocional que se produce fundamentalmente, aunque no solo, ante la pérdida de un ser querido. El dolor por la pérdida se puede experimentar no solo por la muerte de alguien cercano, sino cuando a lo largo de nuestra existencia experienciamos una interrupción definitiva, de pérdida, de alejamiento definitivo de algo o de alguien. La experiencia emocional de enfrentarse a la pérdida, es lo que llamamos elaboración del duelo, que nos conduce a la necesidad de adaptación a una nueva situación.

Durante los primeros meses después de una pérdida, muchos signos y síntomas del duelo normal son los mismos que los del duelo complicado, como son tristeza, añoranza, falta de concentración excepto en aquello que tiene que ver con el duelo, falta de sentido de la vida, rencor, desesperanza…

Pero ¿que factores influyen en el curso del duelo y en especial cual son aquellos que lo complican?

Vamos a ir desgranando estos factores  que habitualmente complican un duelo normal en orden de mayor a menor peso en cuanto a la influencia sobre el mismo para complicarlo: Una muerte inesperada o violenta, por un accidente, o el asesinato o suicidio de un ser querido. La muerte de un niño, en especial de forma inesperada. Una relación afectiva de dependencia con el fallecido. Imposibilidad de ver el cadáver. La soledad, con la consiguiente falta de apoyo psicosocial. Antecedentes de trastornos mentales como depresión, ansiedad por separación o trastorno de estrés postraumático. Experiencias traumáticas psicológicas durante la infancia, tales como maltrato o abandono. Otros acontecimientos vitales que causan estrés, como dificultades económicas importantes.

Así mismo hay unos factores protectores: La persona es el factor protector más importante para evitar un duelo complicado. Todo aquello relacionado al individuo, como puede ser, el tipo de personalidad, el tipo de temperamento, etc. Así mismo protege la resolución de duelos previos. El vínculo con la persona fallecida puede ser tanto protector como de riesgo. Es protector cuando el tipo de relación que se haya tenido con la otra persona era una relación estable, respetuosa, con adecuados sentimientos. Otro factor de protección es tener una adecuada red social de apoyo, como otros familiares, amigos etc. El factor tiempo, en cuanto que una muerte ya esperada tiempo atrás impacta emocionalmente mucho menos.

El duelo no complicado pasa por una serie de fases, primero una negación: “No puede ser verdad”, “cómo ha podido ser”, “no es justo”… Son frases que todos reconocemos haber utilizado u oído alguna vez. Posteriormente aparece una fase de ira, lo primero que debemos de hacer con la rabia es reconocerla y aceptarla para poder sacarla fuera. La rabia tiene una razón de ser. Le sigue una fase de negociación en la que se buscan formas de hacer que lo inevitable no sea posible, incluso negociar con Dios prometiéndole lo imposible. De aquí se pasa a la fase de depresión. La persona siente tristeza, incertidumbre ante el futuro, vacío y un profundo dolor. Y por último la fase de aceptación. Nunca es fácil aceptar que lo que se perdió se perdió y no hay vuelta atrás, pero se acaba por admitir.

Y que papel ejercen específicamente las grandes pandemias sobre el duelo y su complicación?. Estas fases del duelo en la pandemia actual del COVID 19, se ven notablemente alteradas en un buen numero de familiares, especialmente cuando se dan estos   factores de orden mayor: la muerte inesperada, una alta relación de dependencia afectiva con el fallecido, junto con la imposibilidad de ver el cadáver. La fase de negación es relativamente corta, en especial en el grupo de familiares de fallecidos ancianos, pero se incrementa la fase de ira con un especial modo de presentarse en forma de agresividad hacia los poderes públicos, a los que en buena parte culpan por diversos motivos, de esa muerte no esperada de su familiar. No aparece la fase de negociación, ya que el familiar es informado una vez muerto el paciente, no hay nada que negociar. De ahí se pasa a una fase de depresión, tristeza y abatimiento que sigue mezclada con la ira de la fase previa. Y por último la aceptación en estas grandes pandemias está modelada por la aceptación global de la sociedad, que suele caer en un cuadro de indefensión aprendida, al cabo de varios meses de impotencia por parte de las autoridades sanitarias de no controlar el proceso infeccioso de una manera absoluta en los primeros meses, y lleva a una aceptación sumisa del hecho luctuoso que le da el sello de una dura realidad social.

Duelo y pandemia por COVID19: Análisis de una dura realidad