domingo 20/6/21

La política es un cuento medieval

Después del despertar de la “supremacía blanca”, ¿alguien en su sano juicio piensa que lo que empezó con Reagan y Thatcher va a parar?

Rondando los 65 años mi incultura no ha logrado superar una cierta concepción infantil de la vida, fruto del mundo cinematográfico en el que me crié.

Han abierto las jaulas y soltado a los monstruos. Semejante frase, oída en la SER en la mañana del jueves 10 por boca de un español que lleva viviendo diecisiete años en los EE.UU., ha movido mi imaginación al mundo mágico del celuloide. Y en mi cabeza vuelve un día sí y otro también la Europa de un 19 de noviembre con un tal Hitler llegando al poder. Un payaso, se decía al principio. No importa, las instituciones de la poderosa Alemania amortiguarán su locura. Tranquilos, están controlados, dice el aristócrata de Cabaret a sus dos jóvenes amigos.

Apenas han pasado veinticuatro horas del triunfo de Trump y eso que podríamos llamar “el sistema” empieza a volcar frases idénticas a las de aquellos años negros. Volviendo a Cabaret, el cine escenifica aquella secuencia donde un niño nazi enerva a todo un merendero a seguirle en su canción. No decías que estaban controlados, le espeta el vividor protagonista al aristócrata liberal quien se encoje de hombros sabiendo que los monstruos nunca muerden a sus amos. Seguro que tal actitud no la comparten ni los negros, ni los musulmanes, ni los latinos, ni las mujeres de Norteamérica.

Salidos los dragones de la jaula, ¿alguien que no sean sus amos los pueden parar? Las felicitaciones de la extrema derecha europea no dejan lugar a dudas. Bienvenidos sean para proteger los sacrosantos derechos de la raza superior, se apresuran a proclamar. Son varias las razones históricas de la llegada del nazismo y el fascismo al poder. Sin duda la principal fue el apoyo de la oligarquía. Ford fue el primero que financio al partido nazi y los Thyssen y Crupp quienes convencieron al resto de la oligarquía europea para fabricar el monstruo. La inconsciencia primero, la incredulidad después y la crisis de la izquierda junto al correr del miedo, fabricaron el resto del guiso. Después de casi dos años de campaña. Después de la movilización de los “tea party”. Después del despertar de la “supremacía blanca”, ¿alguien en su sano juicio piensa que lo que empezó con Reagan y Thatcher va a parar?

En mi mentalidad infantil veo un mundo lleno de castillos gobernados por señores feudales, protegidos por sus mesnadas, rodeados de pueblos míseros donde no viven ciudadanos, sino vasallos. Cuando el señor feudal no se contenta con sus riquezas y no quiere desgastar a sus mesnadas baja a las simas de sus mazmorras y suelta a las bestias. A partir de ahí no valen las medias tintas porque si sólo ocurre en un condado el resto de mortales se librará. Pero si todos los feudales abren sus verjas, entonces no hay más alternativa que morir devorados o unirse para sobrevivir.

Es cuando ese niño asustado, que es el pueblo, se arropa, se junta y busca en sus filas o en las de algún feudal arrepentido al Príncipe Valiente capaz de encabezar la rebelión y enfrentarse a los dragones. Algunas veces el príncipe y el pueblo son masacrados con el fuego salido de las fauces. Otras, como la Segunda Guerra Mundial, el asalto al Palacio de invierno o a la Bastilla, los desheredados y sus capitanes han logrado la victoria.

La inconsciencia, o la estrategia del avestruz, no son el camino. Quizás la juventud norteamericana con sus manifestaciones rechazando la presidencia de Trump inmediatamente después de su triunfo en un hecho insólito, sean la luz que encienda la antorcha. Pero no basta con una, hacen falta millones de ellas.

Cuando los dragones empiecen a devorar os lo presentarán como hechos asilados que apenas caben en la página de sucesos. Esa será la alarma. Recordad la experiencia de España.

La política es un cuento medieval