domingo 20/6/21

Muchos le debemos la vida al Gobierno de España

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Escribir en medio de esta tragedia duele. Me asustan las estadísticas, frías, porque un solo muerto me rompe el alma.

No es lo mismo ver o escuchar los datos de la pandemia que sufrirlos en nuestras propias carnes. No hago más que pensar en tantos hogares, en tantas familias, que han visto morir a uno de los suyos sin ni siquiera poder acompañarlos. Soy manchego y en mi tierra hay una frase que me asusta: morirse como un perro.

Y para comprender semejante tragedia, no hago más que ponerme en el lugar de uno de esos enfermos. Solo, a veces en un pasillo, dejado de la mano de Dios, boca arriba con la luz de un fluorescente inundando mis ojos, asustados, mirando la camilla de al lado, encontrando otra mirada más asustada que la mía. Admirando las carreras de médicos y enfermeras jugándose la vida por salvar a algún perro que esté peor que yo.

¿Què habría ocurrido estos meses si hubiéramos caído en manos del patriota de Marbella, la desidia de Rajoy, de un Casado esclavo de sus master o de una Ayuso que abandona una reunión de gobierno para ir a misa? Da escalofríos pensarlo cuando se está jugando la vida

Pienso esto porque tengo sesenta y siete años, alergia y soy un poco asmático. Estoy asustado, pero vivo. Y me pongo en la cabeza de uno de esos pacientes. Y, ¿qué veo en la tele? Políticos alejados de la realidad incapaces de sacar su propia carrera, llegados al Congreso de los Diputados después de lamer muchas…basuras.

Me asusta tanto muerto. Pero me asusta más la frivolidad de esa clase dirigente incapaz de elaborar un discurso sensato si no tiene la inspiración del oráculo para marcarle un camino. Oráculo que fue el primero en huir hasta su santuario de Marbella, atalaya perfecta para lanzar soflamas patrias desde la lejanía del peligro, al que mi vida le importa un comino porque sólo soy un daño colateral. Porque si yo fuera votante del PP y mi padre se hubiera muerto en una residencia, ¿Qué pensaría? El oráculo me dice que una bandera de España y un crespón negro le salvarían la vida. Así lo hice, pero mi padre se murió.

Y en toda marabunta también escucho a algún gurú que no encuentra mejor camino que criticar al Gobierno y hurgar en sus disensiones. Ahora que está tan de moda la palabra virtual, si volviéramos a la Facultad e hiciéramos un estudio de un gobierno como éste, ¿acaso no encontraríamos diferencias, disensiones, problemas, tiranteces? Y lo consideraríamos normal en un análisis académico. Como razona Millás, ¿acaso no es normal que en una familia, un grupo social, unos amigos, no haya discrepancias? ¿De dónde le viene a los medios de comunicación esa concepción de concebir una disidencia en una campana de resonancia rupturista? Lo contrario, ¿no es la unanimidad de una dictadura?

En medio de tanta miseria de una oposición que no merece el nombre de tal, ¿a qué viene esto? Claro, se me dirá que soy un ingenuo. A mucha honra. Y que muchos periodistas trabajan en empresas periodísticas que son solo eso: empresas y se deben a su línea editorial. Cierto.

Por el contrario, yo, que soy un periodista desconocido pero que ha dedicado más de la mitad de su vida a defender la concepción de la independencia y la necesidad del periodismo en una democracia, quiero escribir con toda la fuerza de la palabra, que muchos españoles le debemos la vida al Gobierno de España.

¿Què habría ocurrido estos meses si hubiéramos caído en manos del patriota de Marbella, la desidia de Rajoy, de un Casado esclavo de sus master o de una Ayuso que abandona una reunión de gobierno para ir a misa? Da escalofríos pensarlo cuando se está jugando la vida.

Un buen periodista debe guardar las distancias sobre la realidad que cuenta a sus lectores. Pero yo no lo soy. Siempre he sido vergonzoso para desnudarme. Pero, a veces en la vida, y en el periodismo, hay que hacerlo. Y lo hago ahora en la creencia de si nadie me lee, un buen día esta pieza llegue a mi hijo y sepa que su padre se pudo haber muerto con otro gobierno.

Muchos le debemos la vida al Gobierno de España