lunes 19/4/21

El jardín del vecino como inspiración

Tengo un amigo que vive en Vietnam desde hace 10 años. Su muy dilatada experiencia trabajando en muchas ciudades del mundo hace que yo suela respetar su opinión respecto de las diversas costumbres humanas. Por eso, presté mucha atención a la experiencia vietnamita cuando me contaba como procedían en ese país con los infectados por el corona virus. Al parecer, cada infectado era considerado Grupo 0. Los que habían tenido contacto con él eran clasificados como Grupo 1. Grupo 2 eran los que habían contactado con los del Grupo 1, Grupo 3 los relacionados con los del Grupo 2 y Grupo 4 con los anteriores. A continuación confinaban a los de los cinco grupos por tiempo suficiente para que pudiera considerarse resuelto el problema.

No sé si en Vietnam ha habido un debate para discernir si esa manera de proceder era, o no, constitucional pero creo que eficaz sí que ha debido de ser. Imagino que, una vez que la población conociera dicho protocolo habría infectados que se confinaran voluntaria y silenciosamente para evitarse problemas con las personas más cercanas por tener que "denunciarlas". Igual pasaba, recuerdo, en la China de 1978 que yo conocí, donde se aseguraba que allí no había homosexuales. Cosas de los regímenes autoritarios, pero, ojo, que para ser autoritario no hace falta ser comunista. Basta con ser autoritario.

Ahora, acabo de leer un artículo, un buen artículo de un prestigioso autor, que con el título de "Vietnam como inspiración" loaba esa manera de proceder de un régimen que ha conseguido el 0,0 en el número oficial de muertos por corona virus. No sé cómo andarán de homosexuales pero todo depende del modo en que hagan las cuentas. En Rusia y en algunos países árabes tienen todavía esa curiosa contabilidad.

Pues bien, yo entiendo que alguien encuentre digno de admiración un régimen autoritario, aunque me parece más inspirador un sistema de convivencia donde no haga falta imponer algo que compense la falta de conciencia social.

De todas formas, eso de pensar que el jardín del vecino siempre está más verde es algo muy natural. En España admiramos la productividad de los alemanes, por no hablar de sus coches, la capacidad emprendedora de los norteamericanos, por no hablar de su cine, la protección social de los suecos, por no hablar de su salmón, o la sanidad de los cubanos, por no hablar de su tabaco, por ejemplo. Y, ahora, el método vietnamita de combatir el corona virus. Por no hablar de su exótica cocina.

Lo que no podemos es tener todo eso a la vez. Porque, cada una de esas cosas viene en un lote de productos que van desde el clima al régimen político, pasando por el modo de vida, la proporción de visitantes extranjeros, el idioma, la población, la historia, la cultura y hasta la religión, y separar de eso exactamente lo que queremos no siempre es posible.

Pero esta tendencia de admirar como hacen determinadas cosas en otros países ha convivido, paradójicamente entre nosotros, con el desprecio a lo foráneo que, en el siglo XIX fue uno de los pilares ideológicos del liberalismo español. Y, es que, esa comparación con el exterior suele servir, muchas veces, para hacer una crítica a quien, en el interior, se está ocupando del asunto correspondiente. Por ejemplo, si en Vietnam lo han hecho así de bien, por supuesto que es digno de admiración y, si se puede, incluso de imitación. Para eso está el “que inventen ellos”. Pero, a lo mejor, entre líneas alguien puede querer hablar del "imbécil" Simón, del "filósofo" Illa y, sobre todo, del "ilegítimo" Sánchez.

En el periodo constituyente de Europa se contaba aquello de configurar un espíritu europeo con los rasgos característicos de varios países. Así, Bélgica aportaría su alegría, Alemania su finura de espíritu, Francia su modestia e Italia su recato. Y España ¿que podría aportar?. Sobre todo, su rigor y coherencia.


 

El jardín del vecino como inspiración