miércoles 14/4/21

Con la salida de Trump, se profundiza el aislamiento internacional de Bolsonaro

Brasil está cada vez más aislado internacionalmente, al perder fuerza la internacional reaccionaria

@jgonzalezok / En septiembre del año pasado -con motivo de la Asamblea General de la ONU-, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, hizo una sorprendente declaración de amor. Al encontrarse brevemente con su colega norteamericano, Donald Trump, le soltó a bocajarro: “I loveyou” (te amo). El norteamericano fue mucho menos explícito y simplemente concedió: “Nicetoseeyouagain” (qué bueno verte de nuevo), más acorde con su personalidad egocéntrica. La declaración de Bolsonaro compitió con aquella del presidente argentino, Carlos Menem (1989-1999), que al inicio de su gobierno expresó su deseo de establecer “relaciones carnales” con los Estados Unidos.

Ya en las elecciones norteamericanas de 2016, Bolsonaro había dejado claro que Trump era su ídolo, “el mejor, el patriota, el que luchó contra todo y contra todos”.Acudiendo a una imagen fácil, muchos han dicho de Bolsonaro que es un Trump de los trópicos.La admiración de Bolsonaro por el hombre de Washington no le proporcionó a Brasil ninguna ventaja real. Por el contrario, el país quedó pegado a un presidente que se va y que dejará la Casa Blanca como uno de los personajes a olvidar de forma inmediata. La lista de disparates protagonizados por Bolsonaro, su familia y otros funcionarios, solo en política exterior, es amplia. Y, en la mayor parte de los casos, no se ocultó la aspiración de emular a Trump: ataques a la OMS, a China, a Argentina (su principal socio comercial en la región), a las políticas ambientales de todo el mundo y al propio presidente electo de los EEUU, Joe Biden.

Bolsonaro fue uno de los últimos en reconocer la victoria de Biden. Lo hizo el 15 de diciembre, 38 días después de la elección y solo antes que el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El embajador brasileño en Washington, NestorForster, alimentó la idea del supuesto fraude, en sus informes al gobierno de Bolsonaro. El diario O Estado de São Paulo publicó algunos de sus mensajes, donde se observa cómo el diplomático hacía descripciones y análisis basados en noticias falsas o en “relatos” que dijo haber oído, sin citar fuentes. El 29 de noviembre, es decir, 21 días después de las elecciones, Bolsonaro dijo tener “informaciones seguras” de que había habido fraude en las elecciones americanas. El mandatario tampoco citó sus fuentes, pero sin duda se refería a su embajador. El diplomático, por cierto, fue el que presentó a la familia Bolsonaro a Olavo de Carvalho, una especie de gurú de la ultraderecha que reside en los Estados Unidos, con gran influencia en el gobierno brasileño.

El gobierno de Bolsonaro no se dio cuenta aún que el medio ambiente tiene un papel cada vez más relevante en la agenda internacional y que recibirá del próximo presidente norteamericano, Joe Biden, un nuevo impulso. La Unión Europea, por su parte, no quiere acabar con el proceso de acuerdo comercial con el Mercosur hasta que Brasil cambie su política ambiental. En este campo, Brasil pasó a convertirse en el gran villano y no parece tener intención de rectificar. La deforestación de la Amazonia bate récords, los incendios en el Pantanal llevan meses destruyendo fauna y flora, al tiempo que se conoce que el gobierno recibió a empresarios madereros días antes de rebajar las penas por delitos ambientales. De los disparates no se libró siquiera el archipiélago de Fernando de Noronha, uno de los paraísos naturales de este mundo, por su flora y fauna, donde se liberó la pesca de la sardina, con las consiguientes repercusiones en la extraordinaria fauna marina de la zona. 

Las consecuencias para Brasil pueden ser serias y hasta el establishment en Brasil está incómodo con las salidas de tono de su presidente. Celso Amorim, dos veces ministro de Exteriores (en los gobiernos de Itamar Franco y de Lula), señaló recientemente que las élites brasileñas aceptan cualquier cosa, menos pelearse con los Estados Unidos. En campaña, durante el debate presidencial con Trump, Biden ya dijo que la floresta tropical de Brasil estaba siendo destruida y que podría imponer sanciones. La advertencia fue considerada como “lamentable” por Bolsonaro, que días después superó el disparate amenazando a los EEUU con la guerra: “cuando acaba la saliva, tiene que haber pólvora” (sic), dijo, ante las críticas del presidente electo. Aunque el pragmatismo suele ser una de las características de cualquier política exterior seria, en el mejor de los casos para Brasil se encontrará con la mala voluntad o poca efusividad en Washington ante un gobierno como el de Bolsonaro.

Hasta su llegada al poder, hace dos años, la burocracia de Itamaraty (sede del palacio que alberga el ministerio de Relaciones Exteriores), era considerada unánimemente como una de las más serias y preparadas del mundo. Y que mantuvo el mismo sistema de valores y una continuidad a pesar de sucederse gobiernos de distinto signo. Pero el bolsonarismo está destruyendo aceleradamente este prestigio. Un reciente editorial de Folha de S.Paulo, señalaba cómo el Brasil de Bolsonaro dejó de ser un país relevante en la escena internacional: “La fuerza brasileña en las relaciones internacionales se basaba en la moderación, en la capacidad de mediación y de interlocución con países adversarios entre sí, además de liderar iniciativas ambientales. Esta obra diplomática de generaciones está en ruinas, lo que comienza a alarmar a políticos e incluso empresarios”.

En el diario O Globo, el diplomático  Roberto Abdenur, que ocupó el puesto de embajador en Washington entre 2004 y 2007, dijo: “Hay una secta fanática en la esencia del gobierno Bolsonaro, la política exterior actual está enraizada en ese extremismo”. En su opinión, además, Brasil seguirá durante mucho tiempo siendo un paria internacional.

El responsable de ponerle la cara a muchas de las políticas es el ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, que además de radical es incompetente. El columnista Guga Chacra, en el mismo diario, asegura que puede ser ya considerado como el peor ministro de Exteriores en la historia del país. “Fanático y lunático”, lo calificó Rubens Ricupero, respetado y veterano diplomático que fue embajador en la ONU, Ginebra, Washington y Roma, en un reciente seminario del CEBRI (Centro Brasileño de Relaciones Internacionales).

En el ranking de las declaraciones del ministro, merece lugar destacado la siguiente: si la política exterior de Brasil “hace de nosotros un paria, entonces, seremos un paria”. En otro discurso sostuvo que el objetivo de su gestión era “salvar la patria de las garras del marxismo globalista, ateo y corrupto” (sic). En otra ocasión aseguró que lo que cuenta en la diplomacia no es la cautela, la prudencia ni el pragmatismo, “lo importante es el amor” (sic).

Una de las obsesiones del gobierno de Bolsonaro, alineándose incondicionalmente con la posición de Trump, es China. Una actitud incomprensible, si se tiene en cuenta que el país asiático es el principal socio comercial: el 38 % de las exportaciones brasileñas del sector del agronegocio van a China, y éste país es el responsable del 70 % del superávit comercial de Brasil. Por cada dólar que Brasil exporta a los Estados Unidos, vende otros 3,5 a China. Aun así, Bolsonaro se sumó a las acusaciones de que China era responsable de diseminar el Covid-19 y de que estaría usando la tecnología 5G para actividades de espionaje. Uno de los hijos del presidente, Eduardo Bolsonaro, se sumó a las acusaciones, sin aportar el menor dato o indicio. Eduardo Bolsonaro, tercer hijo del mandatario -es el 0.3, según la peculiar denominación familiar-, quiso ser embajador en Estados Unidos, aunque tuvo que desistir después de reconocer que no tenía asegurada la confirmación necesaria que debe otorgar el Senado. No obstante su absoluta falta de preparación, el hijo de Bolsonaro preside la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados.

Bolsonaro llegó al extremo de burlarse de la esposa del presidente de Francia, Brigitte Macron, basándose en el montaje fotográfico de un seguidor suyo en Facebook, comparando el físico de la mujer del mandatario brasileño con la de Macron. “No avergüencen al hombre”, seguido de risas, fue el comentario que añadió Bolsonaro. Nada extraño para quien se había burlado de una diputada diciendo que no la violaría por fea: “No te voy a violar porque no te lo mereces”, le dijo antes de llegar a la presidencia.

La salida de escena de Trump, en definitiva, dejará a Bolsonaro más solo en un escenario internacional donde el populismo de derecha había logrado una especie de internacional reaccionaria. Sus principales compañeros de viaje serán ahora Polonia y Hungría, aunque en este último país la oposición se impone en las encuestas al presidente Orbán, por primera vez en diez años. En todo caso, al mandatario de Brasilia le quedan aún dos años en el poder y está dispuesto a imponer una agenda retrógrada que seguirá dando muchos titulares.

Con la salida de Trump, se profundiza el aislamiento internacional de Bolsonaro