martes 9/3/21

Elecciones en la UCM: Recuperar cuatro años perdidos

Confiamos en que el diálogo va a ser una de las señas de identidad del profesor Carlos Andradas como futuro rector.

El 13 de mayo se dirimen los próximos cuatro años de la Universidad Complutense. Por primera vez en su historia, la disputa se presenta entre dos candidatos a rector, cuyas ideas y concepción de la gestión universitaria, de la docencia, la investigación o la política científica emanan, aparentemente, de un sustrato progresista. Cabe preguntarse si ese sustrato oculta otras capas de diferente calado.

Veamos, en primer lugar, lo que han sido los cuatro años de gestión de quien desea revalidar su mandato, el ahora en funciones rector José Carrillo, frente a su oponente, Carlos Andradas, ambos catedráticos de matemáticas.

El rector Carrillo no ha dejado de repetir en este cuatrienio una letanía que recuerda obsesivamente la que, en paralelo, ha mantenido un día sí y otro también el presidente del Gobierno: la famosa herencia recibida. Para Carrillo, los males de la Universidad Complutense, como para Rajoy los de España, se resumen única y exclusivamente, en uno y otro caso, en la herencia dejada por sus anteriores mandatarios. A renglón seguido, el rector Carrillo no ha dejado de responsabilizar a su antecesor, el rector Carlos Berzosa, de la mala situación general de la Universidad como consecuencia de su mala gestión económica.

Pero lo que el profesor Carrillo ha ocultado durante muchos meses es que esa herencia recibida no se ha debido a una mala gestión sino al incumplimiento de los compromisos adquiridos por la Comunidad de Madrid con las universidades públicas madrileñas y con la UCM en particular. Incumplimiento que ha impedido a la UCM recibir más de 150 millones de euros necesarios para la gestión de su docencia, de su investigación y de los servicios que presta. Carrillo no pudo mantener esta ocultación deliberada una vez que los tribunales comenzaron a fallar a favor de la UCM los recursos interpuestos por el profesor Berzosa para exigir a la CAM el cumplimiento de sus compromisos. Es más, se lo atribuyó a la excelencia de su gestión. En este sentido, cabe preguntarse cuál sería la situación económica actual si el rector anterior no hubiese interpuesto tales recursos. Habida cuenta que, al finalizar su mandato, el rector Carrillo deja una deuda reconocida de 76 millones de euros, debido también, seguramente, a tal excelencia.

La supuesta herencia ha impedido ampliar el número y la cuantía de las becas que la precaria autonomía universitaria aún permite, de tal modo que decenas de estudiantes se han visto obligados a dejar los estudios al no poder afrontar sus elevados costes. Esa herencia también ha obligado a no renovar contratos, a pesar de que el rector Carrillo se ufana en campaña electoral de no haber hecho ni un solo despido, como si mandar a la calle cuando finaliza un contrato no se considerase tal cosa. Igual que presume de no haber bajado sueldos, como si quitar servicios sociales, ayudas sanitarias, de transporte, matrícula gratuita, o rebajar niveles, amortizar plazas o reducir jornadas laborales no fuese rebajar salarios. Pero para nombrar a dedo decenas de puestos llamados técnicos de apoyo o asesores, sin funciones definidas, o crear nuevas plazas con nombre y apellidos, no se ha recibido ninguna mala herencia. Esa mala gestión, en fin, ha expulsado a la Universidad Complutense y a su biblioteca, la segunda en fondos bibliográficos y servicios después de la Biblioteca Nacional, del Consorcio Madroño, que agrupa a todas las bibliotecas universitarias madrileñas, aislándonos de nuestro propio entorno. Peor para la investigación y para todos los usuarios de la biblioteca, imposible.

Por no decir que Carrillo tiene el dudoso honor de ser el primer rector demócrata en autorizar la entrada en el campus de los cuerpos especiales de la policía –los tristemente conocidos antidisturbios- para apalear y detener a estudiantes y desalojarles de un encierro en protesta por el incremento de las tasas académicas y el consecuente abandono de los estudios. Y el primero, y hasta ahora, único rector de la etapa democrática que ha prohibido asambleas de trabajadores no convocadas por los sindicatos.

Naturalmente, nunca se ha hablado en este cuatrienio de lo que significó para estudiantes, profesores y personal no docente los ocho años de gestión del rector Carlos Berzosa. En cuyos primeros cuatros años fue vicerrector nada menos que el actual rector, cuya memoria es sin duda muy selectiva. Con errores a veces inevitables, podemos decir que la Complutense vivió años de buena gestión,  acompañados ciertamente de una bonanza económica que permitió ampliar becas, mejorar servicios e instalaciones para los estudiantes y docentes, como bibliotecas o laboratorios, estabilizar contratos de profesores y resto de personal, mejorar condiciones laborales, y fundamentalmente, fomentar la investigación y su transferencia a la sociedad y ampliar y mejorar la docencia, prestigiando y colocando a la UCM en los mejores puestos de los rankings internacionales.

Frente a este tiempo perdido, ¿qué nos espera si gana el candidato Andradas? Lo primero y fundamental para la vida académica: diálogo. Algo que ha brillado por su ausencia, siguiendo la estela de anteriores rectores conservadores. Diálogo con los estudiantes para abordar cuestiones trascendentales, como el coste de las tasas, las becas, la relación profesor-alumno, los servicios universitarios, etc. Diálogo con los docentes e investigadores y con el personal de administración y servicios para asuntos relacionados con la docencia y la investigación, la estabilidad laboral, la negociación de convenios y condiciones laborales, y un largo etcétera. Y diálogo imprescindible con el conjunto de la sociedad, precisamente, para que la universidad pública recobre y mejore su presencia en la vida de su comunidad, quien, a la postre, sostiene a la universidad con sus impuestos. Creemos y confiamos en que el diálogo va a ser una de las señas de identidad fundamentales del profesor Carlos Andradas como futuro rector. Diálogo, uso matemático y racional de los recursos económicos para atender las principales necesidades y mejorar la calidad docente e investigadora. Y colocar de nuevo en el lugar de prestigio nacional e internacional que le corresponde y merece la que es, a pesar de las malas políticas del último tiempo, una de las mejores universidades públicas europeas, sin duda, la mejor española y de las mejores del mundo.

Elecciones en la UCM: Recuperar cuatro años perdidos