martes 15/6/21

La dignitas hominis en peligro de extinción

dignitas

“Yo, si tuviera hambre y estuviera
desvalido en la calle
 no pediría un pan; sino que pediría
medio pan y un libro”.

Federico García Lorca.
Discurso inaugural de la biblioteca
de Fuente Vaqueros. Septiembre, 1931


El cada vez mayor difícil acceso libre a la literatura científica, casi toda en manos de monopolios, y un largo etcétera, contribuyen a lo que Italo Calvino denunció como pérdida de nuestra dignitas hominis, dignidad que únicamente nos proporciona la cultura

Imaginemos por un momento que dentro de unos años, quizá no muchos, veinte, treinta, nos despertamos un buen día con la noticia de que un incendio en los edificios que albergan en Madrid la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico, ambos colindantes, ha destruido buena parte de los depósitos de libros, y en ellos, parte de una de las mejores colecciones de manuscritos medievales e incunables del mundo; pasto de las llamas han sido también varias salas de lectura de la gran biblioteca, y el museo ha perdido piezas arqueológicas únicas, entre otras, las Damas de Elche o de Baza, los bustos romanos de Livia o Antonino Pío, el mosaico de gladiadores, la caja egipcia de ushebtis de Khabekhent, etc. Esta noticia se ha divulgado en los noticieros de la radio matinal y en los primeros telediarios durante apenas veinte segundos, y en las redes sociales, en la prensa digital y en los dos o tres periódicos que continúen imprimiéndose aún en papel, aparecen unos breves comentarios de no más de cinco líneas, si acaso. A continuación de esa noticia, los telediarios, radios, prensa, redes sociales, etc., se extienden en detalles del fichaje multimillonario a cargo de uno de los grandes equipos españoles del entonces considerado mejor futbolista del mundo; noticia ésta que ocupa grandes titulares, se dedican programas televisivos enteros para hablar del gran acontecimiento y en las oficinas y bares de todo el país no se habla de otra cosa durante varios días. Otras noticias de índole político le van a la zaga a la deportiva, como los últimos sondeos de intención de voto de los principales partidos políticos, el inicio de la precampaña electoral para los comicios previstos en seis meses o los interminables casos de corrupción surgidos en el último año, a los que hay que añadir los surgidos treinta años atrás, de los que nunca dejó de hablarse y que jamás se resolvieron. Cataluña seguiría ocupando también en este tiempo buena parte de los espacios de actualidad, sin haberse resuelto tampoco su situación.

Imaginemos que poco después de todo aquello nos enteramos por unas breves noticias en TV, en radio y algún periódico digital que otro incendio, esta vez en el Museo del Prado, ha destruido buena parte de la colección de Goya, de Velázquez, de Murillo y otras. En las redes sociales nada de esto se menciona porque andan ocupadas con el trending topic del nuevo escándalo de corrupción en una de las nuevas formaciones políticas surgidas por entonces.

Imaginemos ahora que en aquel futuro próximo el Gobierno promulga, sin apenas oposición en la Cámara Baja, y sin protestas en la calle, una Ley similar a la antigua LOMCE, por la cual se suprimen definitivamente en la enseñanza secundaria las asignaturas de filosofía, historia y literatura, las cuales son sustituidas por marketing y publicidad, gestión empresarial, gestión financiera y las llamadas ciencias del seguro. Otra disposición reestructura las carreras universitarias de humanidades, algunas de cuyas asignaturas, como geografía o lengua española pasan a ser optativas de los grados de Economía y Comercio, Derecho Mercantil y Financiero y Publicidad y Relaciones Públicas. Por su parte, las tres disciplinas suprimidas en la enseñanza secundaria desaparecen para siempre de todos los planes de estudio universitarios.

Imaginemos que en ese tiempo futuro la Real Academia Española de la Lengua ha consagrado definitivamente normas gramaticales cuyo uso comenzara algo más de treinta años atrás, tales como la desaparición del género neutro gramatical, sustituido de manera normativa por el desdoblamiento de género, de modo que nunca se deberá usar sustantivos como “hombre” para referirnos al género humano; en su lugar, se utilizará la forma desdoblada hombres y mujeres, o también los vocablos personas, gente o ciudadanía. “Amigos” no se empleará para referirnos a amigos hombres y amigas mujeres, sino el desdoblamiento amigos y amigas, etc., o el uso de la arroba en [email protected], compañ[email protected], [email protected] Términos como colega pasa a ser femenino, usándose para su forma masculina colego. La RAE ha admitido igualmente en ese tiempo el femenino de nombres que antes se consideraban neutros, cuyo género lo fijaba el determinante al uso: en vez de el miembro para designar el masculino o la miembro para el femenino, podrá usarse el vocablo miembra como femenino; o portavoza en lugar de la portavoz. Asimismo, la docta Academia ha dado como buenas formas masculinas como economisto, periodisto o equilibristo, reservando para el género femenino estos mismos términos acabados en la vocal –a. Del mismo modo, palabras como tesora se admitirían para aquellos casos en los cuales el mayor contenido de piezas encontradas, por ejemplo, en una excavación arqueológica, fueren de género femenino: joyas, momias, vasijas, ánforas, urnas cinerarias, etc.

Todos los ejemplos anteriores y muchos más podrían suceder en un tiempo no lejano sin apenas darnos cuenta porque, en realidad, está ya sucediendo. La degradación del lenguaje, con la connivencia de su máxima autoridad, por una mala entendida corrección política, el deterioro de obras de arte, de iglesias románicas, visigóticas o mozárabes, el abandono de determinadas bibliotecas en municipios pequeños o medianos por falta de presupuesto, es decir, de voluntad política, el cada vez mayor difícil acceso libre a la literatura científica, casi toda en manos de monopolios, y un largo etcétera, contribuyen a lo que Italo Calvino denunció como pérdida de nuestra dignitas hominis, dignidad que únicamente nos proporciona la cultura.

En esa distopía que ya ha comenzado, acaso ya no nos quede ni la palabra.

La dignitas hominis en peligro de extinción
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