lunes 17/5/21

Se armó el Belen; una oportunidad ante el conflicto

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En esta época que vivimos, no me digáis que no se hace fundamental hablar del Belén, esa representación que en España tenemos la costumbre de montar, cuando vienen las fechas navideñas. Y en este año de Pandemia, todavía más, ya que se ha recortado las reuniones familiares, se limitan los accesos a las tiendas o restaurantes, se limitan las horas de vivir en la calle y con responsabilidad vivimos más en nuestras casas.

El Belén se introdujo en nuestro país, en nuestras casas, gracias al rey Carlos III, un enamorado junto a su mujer la reina María Amalia de Saboya de los belenes napolitanos, fue quien decidió montar un pesebre todos los años 

Llegó a utilizar en sus belenes hasta cerca de 7.000 figuras que formaban su belén de Nápoles y, “las casas nobiliarias no tardaron en hacer suya la nueva costumbre real y en montar sus propios pesebres en sus palacios”.

La costumbre llegó a todas las casas en España hasta hoy en día, abriéndose por tanto a nuestros “palacios” y podemos decir casi que no hay hogar por muy pequeño que sea que no tenga o siga esta devoción cristiana.

Incluso me gustaría hacer memoria con vosotros, lectores, de películas que han sido conocidas con el título de este post de “se armó el belén”. 

Conseguir que estén juntos, judíos y romanos; que Herodes visite a Jesús, hombre de paz, para reconocerlo, aunque no comparta sus ideas

Asi en los años 70 surgió una película española en la que el director Sáenz de Heredia, narra la historia de Don Mariano un cura de ideas anticuadas y que es destinado a la parroquia de un conflictivo barrio de Madrid. Intentando atraer a nuevos feligreses, decide renovar sus métodos y modernizarse un poco, lo que provocaba una serie de divertidos equívocos, cuando además decide hacer un “belén viviente” con los vecinos. ¿Os atreveríais a montar vuestro propio Belén?

Yo al final de este post, si llegas hasta el, lo intentaré.

Para montar el Belén y antes de que hablemos de los borregos o los pastores, lo empapelaría de carteles de protestas. Esos que vemos por todas las calles de nuestra ciudades Las paredes aunque sean de un Belén se convertirían, en un soporte  publicitario, en un tablón donde se vieran los problemas que aquejan a dicho lugar, al igual que hace más de 2000 años en la época del nacimiento de Jesús, lo mismo serviría hoy en día, para grafiteros que para propaganda electoral, que para cartelitos de ofertas de trabajo con flecos donde figuran números para que el usuario los arranque y pudieran llamar para pedir “auxilio”.

Mi Belén, tu belén, seguro que tendría esos muros de protestas, pero porque no, también de frases alentadoras para al menos intentar ver un futuro y ser feliz.

Necesitaríamos serrín, o arena cogida de la playa, pero no hay dinero ni para el serrín y los conflictos se suceden, porque la situación económica no parece que facilite comprar nada, así que vayamos a la playa para hacernos de la arena.  

En nuestra efímera “ciudad” de Belén, la estructura está montada, en mi mesa del salón y las piezas disponibles, ahora lo necesario es acertar en la colocación de las figuras para que todo encaje a la perfección sin que ni falte ni sobre nada. Hay que armar el Belén.

Y aquí también me viene al recuerdo una película con el mismo nombre, “Se armó el Belén”, de dibujos animados, en la que Bo, un burrito pequeño, pero valiente, que anhela una vida más allá de su rutina diaria en el molino del pueblo, reúne el coraje necesario para cumplir la aventura de sus sueños. “En su viaje conocerá a Ruth, una adorable oveja que ha perdido su rebaño, y a Dave, una paloma con grandes aspiraciones. Durante su camino, en el que siguen una Estrella muy especial, encontrarán además a tres camellos y a otros excéntricos animales. Todos ellos se convertirán en los héroes no reconocidos de la primera Navidad. Llenaremos pues de animales nuestro belén.

Y porque quiero hablaros de mi belén… porque en él se encuentran, ovejas, burros, camellos, gallinas, palomas, bueyes, todo para demostrar que nadie es más importante que nadie, todos en su justo lugar representan lo que ocurrió aquella noche, sin ellos nada es igual y con ellos todo cobra sentido.

Somos los seres humanos los que hemos concebido el conflicto, hasta tal punto que 2020 años después, el conflicto sigue latente en Belén de Judea… ¡Ayyy esos romanos que asoman por mi Belén!

La población de Belén, donde nació Jesús, se encuentra bajo el peso de la ocupación de Israel y espera, como todos los palestinos, favorecer un Estado palestino independiente. Mientras el mundo se prepara para festejar la Natividad, en Belén se vive una situación potencialmente explosiva, y yo no lo voy a permitir en el mío, en el de mi casa… soy mediador

La injusticia está en el ADN del paisaje de Belén y necesitamos caminos de paz entre Israel y palestina.

En mi Belén resaltaría los avances por la paz. Expondría la experiencia del llamado “The parents´circle – Families Forum”, Organización que agrupa a miles de familias israelíes y palestinas que han perdido algún miembro de la familia como consecuencia de la violencia. “Sus miembros promueven la reconciliación entre los familiares de víctimas como medio para cambiar las percepciones y actitudes respecto del “Otro” y contribuir así a una solución pacífica y justa entre ambos pueblos. Y ¿Qué hace? Seminarios de reconciliación “cara a cara”, series de ficción en la televisión israelí y palestina, exhibiciones de arte, un servicio de chat online llamado “Hello Peace” que pretende poner en contacto a personas israelíes y palestinas de Gaza y Cisjordania para poder conversar superando las barreras físicas que les separan, programas de radio, participación en seminarios locales e internacionales donde sus miembros dan testimonio de su trágica experiencia y su compromiso irrenunciable con la paz y la no violencia”.

"Belén, pequeña ciudad de Judea…donde nació Jesús” siempre recordaré esa frase que nos leían del catecismo y que años tras año hace que ponga un belén en mi casa y piense como será este año esa gruta con un Niño Jesús rodeado por un carpintero José, María su bendita madre, el buey y el burro. Pondré al malvado Herodes en su palacio, expectante ante la llegada de unos Reyes Magos que cada año vienen desde Oriente, aun cuando los míos vienen desde Sevilla, con sus regalos…. pero sin dejar de lado, los pastores, esos hombres sabios o más sabios que ellos, porque la sabiduría no la da la riqueza, sino el trabajo y la constancia, ellos son tan reyes como los de oriente. No obstante, para los mediadores, esos belenes de las casas de los mediadores, no olvidemos nunca que en Belén nació un hombre de paz.

Si hoy, en plena pandemia, tenemos restricciones, imaginaros la restricción de los movimientos entre Belén y Jerusalén, una restricción "política", que entorpece los lazos entre las familias, especialmente las cristianas, que tienen la costumbre de reunirse en Jerusalén para Navidad, al igual que esta Navidad querremos hacer todos. La medida tiene un impacto económico negativo sobre una ciudad, la mía, como la de Belén, con un importante nivel de desempleo.

Pero en mi Belén todo es posible, incluso me permito llenarlo de barcos que llegan a las orillas de ese papel plateado que hace de rio, sin peces, pero que permite la llegada de inmigrantes en busca de una vida mejor, porque mi Belén, lugar de mediación, todos son bienvenidos. Y así, utilizaría la experiencia de “Physicians for Human Rights”, una Organización de médicos/as israelíes y palestinos/as cuya misión es asegurar el derecho de toda la ciudadanía a un igual acceso a los servicios de salud, independientemente de consideraciones políticas, nacionales, religiosas, socioeconómicas o de género. 

No se, pero pienso poner en mi belén, una guardería, un colegio, un centro de salud, junto a la posada, porque aunque no permitan la entrada en esta última, quiero un mundo mejor.

Y para nosotros mediadores. que os parece establecer en nuestro belén un Programa de “Educación por la paz”. Un programa, como en Belén de Judea, que muestre diferentes métodos de resolución de conflictos y sobre todo la mediación, basándonos en el reconocimiento del otro y de la igualdad de derechos para todas las personas, ya sea en conflictos que surgen dentro de mi belén, como fuera de él, para esos familiares que vengan este año a casa y lo vean, con ojos atónitos porque es el belén de un mediador. Conseguir que estén juntos, judíos y romanos; que Herodes visite a Jesús, hombre de paz, para reconocerlo, aunque no comparta sus ideas y que el posadero tras su negativa de acogerles, les ofrezca a José y María, sábanas limpias, agua y “mate” o café calentito para todos, pastores, pajes, reyes y romanos. Pienso que en nuestro belén sería posible y que esa filosofía que muestra mi belén, se traslade a todos los asistentes a mi casa, en la cena de Nochebuena, de la que os hablaré otro día. 

Se armó el Belen; una oportunidad ante el conflicto