martes 11/5/21

Por el optimismo de la voluntad y la inteligencia

Captura de pantalla

Necesarios para la RECONSTRUCCIÓN tras el COVID-19
¿Desglobalización u OTRA Globalización? :
“¡OTRO  MUNDO  ES  POSIBLE!”


Consciente del muy difícil momento histórico por el que atraviesa el mundo mundial, quiero explicar porque cometo el pecado de contradecir a los clásicos cuando entiendo que, hoy al menos, para que sea posible y eficaz el “optimismo de la voluntad” es necesario el “optimismo de la inteligencia”.

Abierta aún la discusión sobre sus repercusiones, parece evidente que el Covid-19 ha significado una intensificación globalizadora en la conciencia de la gran mayoría de los 7.674 millones de personas que habitamos este mundo y que nos damos cuenta de cómo este fenómeno mundial está influyendo en nuestra vida individual de cada día. Branko Milanovic llega a calificar la pandemia de “primer evento global en la historia de la humanidad” (1). Por mi parte me atreví ya a apuntar elementos de crisis en la globalización que sigo compartiendo.

En este momento hay que asumir la muy dolorosa y grave incidencia que ha significado la pandemia como punto de partida para la necesaria nueva etapa de reconstrucción. A día de hoy, 3 de enero de 2021, estamos ya en 1,8 millones de fallecidos y 84,2 millones de contagios en el mundo (2). Con sus repercusiones. La OIT apunta que, como consecuencia del Covid-19, en 2020 la pobreza mundial habrá aumentado en unos 100 millones de personas, y 50 millones más en este 2021; una brutal repercusión en el empleo (3) con una pérdida de horas de trabajo equivalentes a unos 250 millones de empleos a jornada completa.  El PIB mundial (4) se prevé que caiga este año en un 5,2 % (7% en los países más desarrollados y el 2,5 % en los países emergentes), mientras que aumentará en un 0,5 % en Asia Oriental y Pacífico (esencialmente por el peso de China en la zona). En un año la población mundial podría perder en esperanza de vida lo mismo que los aumentos que en ésta antes tardaban más de 20 años en alcanzarse.

Es evidente que esta realidad obliga a plantearnos la necesaria iniciativa social, sanitaria evidentemente, pero también en la organización social y económica de nuestra convivencia, para superarla. Y asumir que el marco es cada vez más global, incluso para orientar adecuadamente posibles medidas puntuales de “renacionalización”.

Surgen propuestas que, sin atreverse a reconocerlo abiertamente, sugieren de hecho retroceder a planteamientos autárquicos para producirlo todo en cada país, lo que debería suponer al mismo tiempo consumirlo todo en el mismo país si se aplicara en todas partes esta teoría. Un modelo absurdo, salvo catástrofe nuclear o degeneración de la vida colectiva resultante de catástrofe medioambiental, que supondría además un brutal retroceso en lo que ha sido un elemento clave en el desarrollo de la Humanidad: la división internacional del trabajo superando fronteras locales desde hace milenios. En sentido inverso surgen propuestas que apuntan la necesidad de un nuevo equilibrio en el comercio mundial, la reducción o eliminación de los aranceles, una armonización fiscal global, …

Seguramente es necesario asumir que estamos en un momento de grave crisis, de inevitable transición en la que hemos de decidir aún hacia dónde. No tanto hacia dónde nos gustaría, sino hacia qué futuro trabajamos. La pandemia ha roto equilibrios y desequilibrios, positivos y negativos, y para reconstruir el planeta habrá que decidir qué pretendemos superar y qué prioridades nos planteamos. Pero, para ello, es necesario asumir el actual punto de partida. Frente a un desbordado pesimismo de moda, prefiero partir de la afirmación de mi amigo Quim González Muntadas: “el mundo va mejor”. Considero necesario asumir el avance histórico, no lineal, pero efectivo, de la Humanidad, una perspectiva “optimista” de lo que hemos sido capaces de realizar colectivamente desde que habitamos la Tierra.

Una referencia de partida ha de ser entender el proceso de la Historia, en el que señalar por ejemplo que el PIB mundial, a precios actuales (5), ha pasado de 1.369 Billones de dólares USA en 1960 a 87.799 Billones en 2019, es decir se ha multiplicado por 64. La pobreza mundial pasó de 1.895 millones de personas (que sobrevivían con menos de 1 dólar diario en 1990) a 736 millones en 2015 (que sobrevivían con menos de 1,90 dólares al día) (6). Importante es también la evolución de la esperanza de vida, que entre 1960 y 2018 pasó en el mundo de 52,58 años a 72,56 (7), cuando a principios del Siglo XX era de poco más de 30.

Este evidente avance, extraordinariamente positivo, no debe suponer dejar de profundizar en los contenidos de estas y otras cifras, intentando entender tanto la evolución en su conjunto como también los enormes desequilibrios que encierran, sin quedarse en la fácil ignorancia que expresa el chiste de los promedios.

Detrás de las grandes cifras no pueden olvidarse los importantes desequilibrios que encierran. Como lo que supone en el mundo emergente que de los 1.159 millones de reducción de la pobreza 953 correspondieran al Sudeste asiático, China la gran mayoría. O que en estos mismos años las personas viviendo por debajo del umbral de pobreza aumentara en 9 millones en el África subsahariana. O que la renta per cápita anual en 2019 (8) alcanzara de 46.445 dólares USA en Alemania, y sólo 1.856 en Bangladesh o 504 en Mozambique. O que de los 3.300 millones de trabajadores en el mundo unos 2.000 millones estuvieran en 2019 en la economía informal (9).

Pero no sólo desequilibrios entre USA o Europa y Bangladesh o la India, o el África subsahariana. En la propia Europa, con Salarios Mínimos nacionales que van en 2020 de los 312 € de Bulgaria (cuando en las zonas más industriales de China era ya de 345 € en 2018) hasta los 1.584 de Alemania y los 2.142 de Luxemburgo. E importantes desequilibrios también en el interior de los países con mejores promedios.

A no olvidar tampoco que, en el evidente crecimiento mundial, los avances globales en calidad de vida no sólo han sido desiguales, con evidentes desequilibrios, sino que tampoco se han producido en línea recta ascendente, sino con muchos baches. Ahora vivimos uno de ellos, y muy grave. Pero no podremos superarlo desde la ignorancia de nuestra propia historia. Cuando el mundo se plantea con razón la necesidad de superar el bache del Covid-19 con ambiciosos proyectos de “reconstrucción”, hay que responder a numerosas preguntas, ninguna fácil, pero conscientes de cómo hemos llegado hasta aquí y preguntándonos cómo queremos avanzar. El objetivo final, la meta utópica, el modelo definitivo que todo lo resuelve, se me antoja hoy muy difícil de precisar tras sonoros fracasos históricos. Pero nos ha de valer lo de “se hace camino al andar”, y mucho podemos construir partiendo de premisas básicas de libertad y solidaridad, de un común empeño por la globalización de los derechos.

Lo esencial sería armar la voluntad colectiva con un fuerte optimismo basado en la inteligencia colectiva. Y ésta con raíces en la comprensión de lo que la Humanidad ha ido consiguiendo para llegar al punto en el que estamos. Con perseverancia, con inteligencia, con paciencia también, sabiendo que “Zamora no se conquistó en una hora”.

A ello debe contribuir la acción política y social desde todos los ámbitos de la acción individual y colectiva, más desde los colectivos que formalmente son ya globales. Y entre ellos le corresponde una función particular al sindicalismo por la particular conexión transfronteriza de los intereses comunes de la clase trabajadora. Algunos síntomas apuntan en este sentido, como el proclamado objetivo de un “nuevo contrato social” por parte de la Confederación Sindical Internacional (10), aunque las estructuras del sindicalismo global no han aportado mucho más que la fórmula y desde los sindicalismos sectoriales y nacionales no aparecen aún iniciativas suficientes para alcanzarlo. No quiero sin embargo dejar de citar que parecen apuntar síntomas de interés desde el sindicalismo sectorial global, particularmente desde IndustriALL Global Union.

Por otra globalización, para influir en la globalización, para la globalización que queremos, que necesitamos, es necesario estar convencidos de que es posible. Mucho queda sin duda por hacer, mucho por descubrir, nuevas iniciativas, nuevos objetivos, también nuevos caminos, y nuevos obstáculos que vencer. Pero no es lo mismo abordarlo desde la confianza que resulta de la tortuosa pero positiva historia de la Humanidad, que desde la desconfianza o la desesperación. Por ello quiero afirmar la referencia necesaria en el optimismo de la inteligencia, capaz de armar el necesario optimismo de la voluntad. Para seguir afirmando, y creyendo, que “otro mundo es posible”.


(1) https://www.socialeurope.eu/author/branko-milanovic
(2) https://www.rtve.es/noticias/20210103/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml
(3) https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/documents/briefingnote/wcms_755917.pdf
(4) https://www.bancomundial.org/es/publication/global-economic-prospects
(5) https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD
(6) https://datos.bancomundial.org/tema/pobreza
(7) https://datos.bancomundial.org/indicator/SP.DYN.LE00.IN
(8) https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.PCAP.CD
(9) https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/---publ/documents/publication/wcms_713013.pdf
(10) https://www.ituc-csi.org/a-new-social-contract?lang=es

Por el optimismo de la voluntad y la inteligencia