jueves 13/5/21

Empresarios basura y reforma empresarial

No debemos resignarnos. En nuestro país existen empresarios de verdad. Hombres y mujeres que atesoran ideas e ilusiones. Auténticos emprendedores...

No debemos resignarnos. En nuestro país existen empresarios de verdad. Hombres y mujeres que atesoran ideas e ilusiones. Auténticos emprendedores, corajudos, dispuestos a arriesgar por sus proyectos. Capaces de generar empleo y riqueza.

Pero, desgraciadamente, esta especie solo se encuentra entre la pequeña y mediana empresa.

LA GRAN EMPRESA, RESPONSABLE DEL ATRASO ECONÓMICO ESPAÑOL

No puede afirmarse que las grandes fortunas hayan aportado algo relevante al progreso de España. Más bien al contrario. En general, heredaron su patrimonio. En otros casos, su riqueza emergió de concesiones monopolísticas, especulación inmobiliaria y bursátil o concesiones de obras públicas.

Nada de lo anterior, obviamente, contribuye al bienestar o la solidez económica nacional. Por lo general, les aterra el riesgo y son refractarios al I+D+I. Encontrar, por tanto, en nuestro país la figura del industrial alemán o anglosajón es una labor ciclópea e infructuosa entre una turbia horda de especuladores o en palabras de Stiglitz, “buscadores de rentas”.

Y este lamentable cuadro no es nuevo. Mientras en Europa, desde finales del XIX, muchos ricos han encabezado procesos de innovación y desarrollo, en nuestro país la alta burguesía se aferró a la defensa de sus privilegios aunque ello implicara un atraso que aún nos lastra y desazona.

A mayor abundamiento, la incapacidad innovadora y el miedo a las reivindicaciones obreras agrupó a las grandes fortunas en la trinchera de la reacción cuando no del golpismo y el apoyo a la represión de las libertades y el pensamiento.

Así, la figura del terrateniente, rampante en los oscuros periodos de Primo de Rivera, Alfonso XIII o el dictador Franco, junto a la del millonario embutido en el “que inventen ellos” conforma la foto finish de nuestra gran empresa de ayer y ahora.

Hoy, su estrechez mental les aboca a considerar la sanidad y educación universal y pública como gastos en lugar de lo que realmente son: la mejor inversión en el más productivo de los capitales, el humano.

Y esta ceporra visión es así porque, de entrada, ni tan siquiera creen en ellos mismos. Saben cómo han obtenido sus fortunas, saben cómo las perpetúan y engrosan. Y eso les inocula una desconfianza punzante y sorda hacia el cambio, la investigación, la innovación…

No pocos de nuestros “grandes empresarios” (por llamarlos de algún modo) son vulgares paletos revenidos bajo del disfraz de la ropa cara, amantes de la ostentación grosera en vastas fincas de caza por las que, escandalosamente, perciben jugosas subvenciones agrarias de la UE.

Nuestros “grandes empresarios” son, en suma, un cáncer social y económico que agosta la piel y musculatura de nuestro país. Los socialistas debemos señalarlos con firmeza. Sin aprensión. Debemos perderles el miedo. No valen nada.

DE LOS MONOPOLIOS FRANQUISTAS A LA ACTUAL CONTRARREFORMA LABORAL

En 1975, prácticamente ningún “empresario” había practicado las necesarias reformas tecnológicas que nos permitieran competir. Procedían de un capitalismo protegido, mimado, con un aparato represivo dispuesto a ensangrentar las reivindicaciones obreras.

Años después, en vez de actuar como elementos transformadores e impulsores del desarrollo, las grandes fortunas se han centrado en las burbujas inmobiliarias y en faraónicos contratos con las administraciones públicas, succionando con codicia golosa la ubre del dinero público que pretenden ocluir para el resto.

Para mayor recochineo apenas pagan impuestos. No solo se refugian en las infamantes SICAV, sino que el fraude a las arcas públicas asciende a docenas de miles de millones de euros.

Incapaces de generar empleo y riqueza de buena lid (como es visible y palmario), obtienen sus obscenos beneficios mediante legislaciones vergonzosas, a la medida, proteccionistas de sus intereses, como la actual contrarreforma laboral. De este modo destruyen la demanda interna y, en consecuencia, las legítimas aspiraciones de pequeñas y medianas empresas constituidas, muchas de estas sí, por auténticos emprendedores.

Consecuencia de ello, España es ahora uno de los países de la UE con mayor desigualdad social. La codicia y estulticia de las grandes empresas, las grandes fortunas, la banca trufada de balances trucados, es la responsable de la práctica totalidad de nuestros males. Debemos señalarlos, denunciarlos, sin temor.

Pese a ello, nadie se ha atrevido a ponerlos en su sitio… ¿por qué? Si algún gobierno de izquierdas decide de una santa vez plantarles cara tal vez se sorprenda de su debilidad y cobardía. Son como los matones de barrio y presidio. Huelen la debilidad y se aprovechan, pero tiemblan y ceden ante quien les enfrenta con decisión.

Animo a intentarlo a quien ocupe responsabilidades de gobierno en el futuro. Se sorprenderá. Gratamente.

Empresarios basura y reforma empresarial