lunes 10/5/21

Refundación o refundición

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Seguramente el Partido Popular ha sido en nuestro país el que ha realizado más renovacion de direcciones en su corta vida. Todos los partidos tradicionales, actualmente en funcionamiento, -PSOE, PCE [1], PNV, ERC-, en su ya larga historia han atravesado procesos de crisis y renovación en sus programas y en sus dirigentes. Pienso que hay causas comunes o parecidas, pero otras nos llevan a concluir que el caso del PP tiene ciertas singularidades que tienen interés políticamente, por haber gobernado durante muchos años de su corta vida y haber sido, y ser hoy, el principal partido de la oposición y haber cambiado muy frecuentemente de dirigentes

Con carácter general, el análisis de los partidos políticos es en la actualidad muy necesario para la sociedad porque, como nos recordaba García Pelayo, estamos ante el Estado de los Partidos. Son los pilares fundamentales del Estado actual. En ellos se centran los llamados politólogos para predecir o explicar comportamientos políticos que tienen consecuencias en los procesos electorales y en la vida política cotidiana.  Las intervenciones públicas de sus representantes, los cambios de dirigentes, sus reuniones y congresos, sus crisis son analizadas continuamente en los medios de comunicación de masas. La proposición de Leyes, los Presupuestos Anuales del Estado  su discusión, aprobación y ejecución depende de ellos. Y, evidentemente, eso afecta diariamente a la vida de todos los ciudadanos.

En este caso nos vamos a limitar al PP, bien por algunas de las razones que ya hemos dado más arriba y porque ha vivido, está viviendo y posiblemente va a vivir a corto plazo circunstancias peculiares en procedimientos judiciales que afectan al Partido y a sus más destacados dirigentes.

Los poderes fácticos queman a sus servidores cada dos por tres haciéndoles mentir descaradamente, renegar de sus dirigentes, queman sus barcos, machacan a sus votantes y, como el emérito, siguen engañándonos descaradamente

Los poderes económicos, militares, eclesiásticos y de la nobleza española se han hecho representar a lo largo de nuestra Historia a través de diferentes partidos políticos a los que han utilizado para defender sus intereses en cada momento. Hay una diferencia sutil pero significativa. En este caso son los viejos poderes económicos que “obligados” por un modelo parlamentario de representación, que se acaba imponiendo, a su pesar, “conciertan con apoderados” que les sirvan desde las tribunas públicas y privadas, ante los medios de comunicación y en la redacción de las leyes que sirvan a sus intereses. La composición ha estado representada siempre ampliamente por licenciados en Derecho  y otras profesiones de la superestructura. Pocas veces por los verdaderos representados: Grandes propietarios de tierras, de bancos, de industrias, etc. En la democracia orgánica franquista sí había una cierta representación directa de los verdaderos poderes. En la actual, delegan en servidores públicos, cuyos sueldos pagamos todos.

Cuando los servidores públicos seleccionados no les sirven o están ya más quemados que “el palo un churrero”, les despiden con una indemnización negociada, inmediata o en diferido y a otra cosa. Algunos se resisten, dado los placeres del puesto, pero siempre quedan las puertas giratorias en buenos consejos de administración, consejos consultivos, consultoras y despachos importantes, empresas públicas, Diputaciones, que gracias al quid pro quo, son salidas vergonzosas pero cómodas y bien pagadas. Siempre es mejor que hacer cola en el Servicio Público de Empleo.

Esta concepción del partido político condiciona su discurrir histórico. Los poderes fácticos de nuestro país en esta etapa de democracia parlamentaria optaron, en principio por la AP de Fraga, la UCD de Suárez y algunos proyectos que no obtuvieron demasiados frutos. Había que ganar y terminaron apostando coyunturalmente por la UCD. El horno no estaba para bollos y a la salida de una dictadura era mejor disimular. Ya se irían recomponiendo después para pasar a la ofensiva. Y aquí pagó Suárez. Eso de legalizar a los comunistas no les pasó desapercibido a los poderes reales. El servidor se volvía contestatario. El PSOE de un González anticomunista, les vino bien para reordenar fuerzas y presentarse como salvadores frente a la izquierda. Les dejaron el trabajo sucio de la dura reconversión industrial y las privatizaciones y después de diversos intentos con Jorge Verstrynge de 1979  a 1986  y después Hernández Mancha, intentos fallidos que se resuelven de nuevo con Fraga y la refundación del partido con el PP en 1989-1990 y el nombramiento de Aznar “sin tutelas ni tutías”.

Si estudiamos todo lo que rodeó el sistema caciquil y su función en nuestro país en el período de entre siglos XIX-XX, tendremos la representación actual de las funciones del PP. Algunos vestigios descarados como Fabra o Baltar, los más conocidos pero ni mucho menos los únicos. Las comisiones de las grandes empresas a los políticos que deciden en la concesión de contratos, no es único por parte del PP, pero sí el partido más afectado y con más altos dirigentes. El que no lo vea así que se compre un perro y un bastón y se pase por la ONCE.

Desde el punto de vista objetivo los problemas de la derecha  en nuestro país están fuertemente anclados en unos poderes fácticos reaccionarios que no están dispuestos a cambiar. Es cierto que un cambio  les traería consigo pérdidas históricas e irreparables para ellos. Se niegan a aprender a nadar ni a ser salvados. Mientras tanto, dan manotazos para no ahogarse.

Los poderes fácticos queman a sus servidores cada dos por tres haciéndoles mentir descaradamente, renegar de sus dirigentes, queman sus barcos, machacan a sus votantes y, como el emérito, siguen engañándonos descaradamente. No afrontan su realidad y huyen con valentía para no perder el botín.

Según va pasando el tiempo el PP se va encontrando en un dilema más acuciante. Retrasar la decisión, como hizo Rajoy y el partido en 2013, resultó en el nacimiento y crecimiento a su izquierda y a su derecha de opciones que resisten y se acomodan en antiguos espacios que controlaban. Cada vez dejan más chatarra a sus espaldas, cada vez tienen menos capacidad para superar sus patologías. Y los carroñeros a izquierda y derecha esperan pacientemente su debilitamiento, proceso tras proceso, juicio tras juicio, condena tras condena. Mientras, comen de sus antiguos comederos que ahora se ven obligados a compartir: Madrid, Castilla y León, Andalucía. Otros los han perdido completamente.


Refundar o Refundir, that is the question.

Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

Jaime Balmes. El Criterio


[1] Este año se cumple el centenario de la fundación del Partido Comunista de España, un partido que ha desempeñado un papel protagonista en la acción política durante etapas ciertamente difíciles de nuestra Historia. La lucha por los derechos de la clase obrera, durante la Dictadura de Primo de Rivera, durante la II República, en los 40 años de franquismo y ahora en la democracia, ha supuesto grandes sacrificios para sus militantes. El anticomunismo visceral y la consciencia de que se trataba de su principal enemigo, ha llevado a los sectores más poderosos  de las jerarquías militares y de la iglesia, y a los grandes poderes económicos a tratar de eliminarlo por todos los medios a su alcance.

Refundación o refundición