domingo 13/6/21

¿Quo vadis Madrid?

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En Madrid, como es natural, los gremios se constituyeron más tardíamente, pero aún así, en este siglo XVI, aparecían ya  con ordenanzas propias los zapateros, los cuchilleros y los sastres, estos dos últimos con ordenanzas aprobadas por el Consejo en 1567 y 1598. En la centuria siguiente se organizarán los demás oficios madrileños” [1].

Mucho antes, como reseña el mismo Rumeu de Armas, hacia principios de ese siglo, se habían regulado ordenanzas para numerosos gremios en Burgos y otras ciudades castellanas. Teniendo en cuenta que la actividad de los gremios y su concesión a través de Cartas, Fueros y Ordenanzas, ya desde siglos anteriores, era un signo de institucionalización muy importante de la actividad económica, productiva, mercantil y comercial del burgo. Los datos reflejan, por una parte, esa situación previa de atraso de Madrid, así como, después, los efectos de la elección de la ubicación de la Corte, con el significativo crecimiento de la actividad artesanal y la constitución de gremios.

El impacto en el nacimiento y crecimiento de sectores económicos relacionados directamente con bienes de consumo demandados por los nuevos habitantes de la Villa y Corte es, pues, muy relevante. La población tiene un crecimiento importante a partir de esos momentos y la composición sociológica de la misma sufre un cambio radical. Crece la población de servicios a toda la Corte, los funcionarios, las órdenes religiosas, los militares, los oficios para proveer la demanda de la nueva población y una población sin oficio que deambulaba de acá para allá.

Esta barahunda atrae a multitud de gentes variopintas: juglares, pícaros, copleros de cordel, actores, músicos, oportunistas, ladrones, timadores, buscadores de fortuna o de un lugar en la Corte. Sin  ánimo de juzgar moralmente a unos ni a otros, conviene tener en cuenta esta composición para analizar algunos de los cimientos sociales del nuevo Madrid, ya que por encima de cada individuo está el contexto y las condiciones en las que vive y se desenvuelve.

El Estado centralista instaurado por la nueva monarquía borbónica a partir de Felipe V, siguiendo la pauta de la Monarquía y después las Repúblicas francesas, desarrolló más aún las tendencias características del origen esencialmente político de Madrid y lo caracterizó aún más como espacio de centralización del aparato político, administrativo y funcionarial del Estado Español con sus consecuencias para la composición social de su población.

La capitalidad ha condicionado la vida de la ciudad y sus habitantes y a pesar de algunos intentos de modernizar y equilibrar la estructura  económica, el sector servicios o terciario, hoy actualizado, sigue teniendo un peso en la economía madrileña excesivo y dentro de él, subsectores, inmateriales, intangibles, volátiles. Sectores deslocalizables velozmente. No nos referimos, pues, a los servicios a la ciudadanía.  Hoy la localización de las sedes sociales, tanto de empresas multinacionales como españolas y el peso del sector financiero lo convierte en la capital del capital. Un porcentaje elevado de las inversiones extranjeras en España pasan por Madrid. Y a pesar del proceso descentralizador en las competencias, Madrid sigue contando con un volumen elevado de funcionarios y personal al servicio de las Administraciones Públicas.

El crecimiento exponencial de la población en pocos años ha roto física y culturalmente Madrid. Una inmigración masiva y en oleadas, tanto de las regiones circundantes de nuestro país, como de países  de la Europa oriental, latinoamericanos, africanos y asiáticos, supone una sociedad diversa, no integrada, con formas de vida, costumbres, religiones y concepciones muy diferentes a las que conformaban nuestra sociedad hace muy poco tiempo. La identidad actual de Madrid es la no identidad. Aún no hemos conseguido una nueva síntesis que dote de cohesión, aún en la diversidad, e integre sus características únicas, diferenciadoras. Para ello, su Historia sigue estando ahí y ha de ser tenida en cuenta. Todavía no sabemos lo que hoy es Madrid. Y a río revuelto… Por ello no se puede dejar a unos pocos la construcción de Madrid. Nuestra ciudad debe de ser construida y diseñada por sus habitantes, por los que vivimos, disfrutamos y sufrimos en ella. No necesitamos un cirujano de hierro, ni un traumatólogo. Necesitamos un equipo de neurocirugía honesto.

En los ultimísimos años el turismo interior y foráneo ha irrumpido de golpe en centro de la Capital. Lo que empezó siendo un turismo de cultura, minoritario y de calidad, gracias a algunos de sus prestigiosos museos, ha pasado a ser un turismo de masas. fiestas, de acontecimientos futbolísticos, de disfrute de gente guapa. El turismo de Congresos, el Deportivo,  el de ocio de masas y el entretenimiento, ocupan un peso importante en la economía madrileña. Pero por muchos dineros que traigan esa y otras actividades similares a corto plazo, necesitamos pensar en el futuro y no dejar hacer a los que se aprovechan del negocio rápido y externalizan los costes del deterioro. Tenemos ejemplos como Venecia que deben hacernos reflexionar.

Madrid ha sido un espacio expoliado y degradado por viejos especuladores inmobiliarios. Empezó el Duque de Lerma a principios del XVII, continuó el Marqués de Salamanca en el XIX; y el XX está sirviendo para conseguir grandes fortunas en un sector con tanta tradición de corrupción como es la Construcción, y convertir la ciudad en invivible. Las autoridades de la Villa y Corte han pensado que el futuro para Madrid es crecer sin límites. Como en las nuevas megalópolis de Latinoamérica y Asia, despoblamos el campo y destruimos la antigua ciudad desbordándola constantemente. Esa hipertrofia, amorfa y desequilibrada, por no planificada y consensuada, amenaza con convertirnos, si no lo evitamos, en una inhumana ciudad futurista de ficción, diseñada, controlada y dirigida por el lado oscuro de la fuerza, que nos engaña con perfectas y perfectos androides que nos ponen a su servicio [2]. Una gran ciudad convertida en un inmenso negocio para corruptores y corruptos.

Esta hipertrofia global permite hoy a Madrid y Barcelona echar un pulso político al Estado y disputar espacios propios del tradicional poder de este. Aspectos como la fiscalidad, la sanidad, la educación, la política exterior, las decisiones judiciales, se ponen en tela de juicio y en la mayoría de las ocasiones se utilizan como instrumentos partidistas espurios por las derechas nacionalistas de Madrid, Barcelona, Galicia, Euskadi, Andalucía y un largo etc. Que no nos engañen los variados nacionalistas y nacionalismos. Para contradicción, la principal, explotadores-explotados, lo demás son zarandajas del pujolet que ahora descubre el PP madrileño para seguir con las mamandurrias aguirristas.

Los desequilibrios se convierten en graves desigualdades sociales en todos los planos de vida: Habitacional, sanitario, educacional, cultural, etc. Se situan las viviendas y zonas más caras de España con las más carenciales, las rentas más elevadas con las más míseras, los negocios y trabajos más rentables con los más precarios. Madrid engaña a la mayoría de los que han venido en busca de El Dorado. Pero las grandes ciudades permiten vidas y espacios desconocidos entre sí: La Moraleja vs. La Cañada Real. Así, lo insultante es más tolerable.

Los madrileños antiguos y nuevos huimos cada fin de semana lejos de una gran ciudad que nos ofrece diariamente estrés, conflictos, elevados costes, nos roba tiempo y una ilusa libertad, de la que sólo goza una privilegiada minoría a la que  observamos desde nuestra jaula. Recalamos en los pueblos de alrededor, en las playas cercanas, en la segunda vivienda, los que podemos. Una huída masiva cada fin de semana, cada puente, cada vacación, cada ocasión para unirnos a las largas e insoportables caravanas radiales de ida y vuelta. De una ciudad acogedora y amable no huyen sus habitantes. Una ciudad, no expulsa, no abandona, a sus ciudadanos y éstos sienten y gozan de su ciudad en todo momento. Viajar para conocer y disfrutar, no para huir. Una contradicción frustrante: Los que vienen masivamente a disfrutar de Madrid y los que huimos masivamente para cargarnos las pilas en otros mundos. La ciudad de Madrid no es de sus ciudadanos, es de sus depredadores y para sus visitantes. Para la mayoría de los grandes depredadores Madrid es una fábrica de dinero, en la cual no viven pero sí conforman a su interés.


[1] ANTONIO RUMEU DE ARMAS. Historia de la Previsión Social en España. Editorial Revista de Derecho Privado. Madrid. 1944.
[2] Metrópolis de Fritz Lang. 1927


La ciudad como territorio del conflicto del s. XXI

1. Henri Lefebvre, La revolución urbana, Alianza, 1983.
2. Jean Jacobs, Vida y muerte de las grandes ciudades, Madrid, Capitán Swing,  2011.
3. Soja, Postmetrópolis, Madrid, Traficantes de Sueños, 2008.
4. Saskia Sassen, Contrageografías de la globalización, Madrid, Traficantes de Sueños, 2003.
5. David Harvey, Urbanismo y desigualdad social, Siglo XXI, 1992.
6. David Harvey, Espacios del capital, Akal, 2007.
7. Neil Smith, La nueva frontera urbana, Madrid, Traficantes de Sueños, 2013.
8. Mike Davis, Planeta de ciudades miseria, Foca, 2008.
9. Jose Manuel Naredo, El modelo inmobiario español y su culminación en caso valenciano, Icaria, 2011.
10. Observatorio Metropolitano de Madrid, Madrid ¿la suma de todos? y Fin de Ciclo, Madrid, Traficantes de Sueños, 2007 y 2011.

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