martes 11/5/21

Poder, política, economía y democracia

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Decíamos ayer que tal como estaban las cosas y dada la extensa actividad Judicial de nuestros Tribunales, el principal partido político de la derecha española iba a continuar atravesando un infierno. Y hay posibilidades que no lo atraviese en buenas condiciones porque en ese viajar del Infierno al Purgatorio y al Paraíso, cerca de su amada Beatriz, parece que están siguiendo el sentido inverso. Aunque nunca se sabe, la actual Justicia española nos sorprende constantemente.

El orden del día es un librito del joven Eric Vuillard que, por encima de la Historia, como disciplina académica, nos relata, de forma novelada, los entresijos de la relación del nazismo con los empresarios más poderosos de la Alemania de los años 30 del siglo pasado, en los que se preparaba la Segunda Guerra Mundial. En ella morirían millones de ciudadanos de la URSS, de Alemania, de Francia, de Italia, de Japón, de Inglaterra, etc. y cientos de republicanos españoles que acababan de salir de otra guerra con causas muy parecidas, pero agentes distintos, como veremos.

El aparato de poder político nazi necesitaba asegurarse la participación de las grandes empresas y su financiación para llevar a cabo sus planes, es decir, necesitaba del poder económico e industrial para imponerse en el mundo. Los grandes empresarios alemanes de la época eran muy conscientes de que el poder de masas, social y político lo tenían los nazis. Muchos de ellos, además, coincidían plenamente con los intereses y las concepciones ideológicas de Hitler. Los propietarios de la poderosa industria alemana, entonces y hoy muy conocidos, se sometieron, no de mala gana, a los deseos del poder. Eran arios, la propuesta les sonaba bien y podían participar en el botín.

En nuestro país siempre ha pasado al contrario, son los poderes políticos los que se han sometido a los poderes económicos. Si bien estos han contado siempre con el respaldo cultural e ideológico de las Jerarquías de la Iglesia y la fuerza del Ejército. Es honesto matizar que en algunos momentos esa relación de sometimiento ha estado más equilibrada. Pero es obvio y ahí están las investigaciones de Ángel Viñas, que el golpe del grupo de militares en el 36 fue promovido, financiado y planificado por los sectores más recalcitrantes de los poderes económicos en defensa de sus privilegios más ancestrales. Como ya escribí en otro artículo, Franco estaba por allí, se subió al caballo y, ya puesto, se coronó, cual Napoleón, por los siglos de los siglos.

Pero Franco, era sólo un militar, no había estudiado en West Point (1), ni tenía experiencia de gobierno, y necesariamente tenía que ser asesorado adecuadamente para gobernar un país. Sus dotes de militar africanista no le suponían experiencia de gobierno de un país. Su astucia militar, sí. Lo hizo como un moderno Príncipe: se deshizo de todos los que le estorbaban o le podían sustituir, empezando selectivamente por los suyos. Promovió la competencia entre las distintas fuerzas políticas que le sostenían. Concedió el gobierno a unas y a otras, pero siempre retuvo para él las decisiones finales importantes. Falangistas, católicos, tecnócratas del Opus, militares colegas de sus ejércitos (2), fueron llamados a gobernar y cesados por el famoso motorista.  Él nunca se ensució en política. Él era el Jefe del Estado, Caudillo de España por la Gracia de Dios. El reverso de las monedas acuñadas desde 1946, así lo atestiguan.

Muerto Franco, los terratenientes, la burguesía industrial y financiera crecidos a su calor y al calor de una posguerra llena de explotación de batallones de trabajadores, de estraperlo y de cartillas de racionamiento, aceptó un heredero comprable y siguió el consejo del Caudillo: No meterse en política. Pero tomaron otra vía, contratar partidos y dirigentes para representarles en el Congreso, el Senado y los altos cargos de todas las Administraciones Públicas. Ellos harían la política que les marcaran. Es el nuevo caciquismo.

Los militares de alta graduación han mantenido sus privilegios, sus derechos de presión y su dependencia jerárquica del Jefe del Estado. La Iglesia española más reaccionaria sigue reservándose privilegios económicos, de propiedad y de presión política. Y fuerte conexión entre los dos cuerpos. “No hay una moral militar. Hay una moral cristiana y una ética que ofrece las justificaciones ideológicas de esa moral” (3).

El PP y los partidos de derecha en España sirven a señores muy diferentes con intereses comunes, pero también diversos y se autoinmolan para ellos. España necesita un partido de derechas con la fuerza ideológica y el respaldo suficiente de sus electores para hacer políticas de gobierno y que dirija a sus electores, sean éstos económicos, eclesiásticos o militares,  y no esté sometido a sus intereses estamentales. La democracia y la política, necesitan políticos con capacidad y personalidad fuertes, no siervos. El PP actual no cumple estos requisitos.

Un día aplaude y defiende a sus compañeros y al siguiente los arroja por la ventana. ¿Quién mece la cuna para que altos dirigentes como Granados, Ignacio González, Rita Barberá, Blesa, Cifuentes, Bárcenas, Cascos, Rajoy, Esperanza, Costas, Camps, Mato y decenas más pasen a ser “esa persona de la que usted me habla”? ¿O a balnearios de lujo en Consejos de Administración?

Os tratan con el desprecio chulesco de “La bien pagá”. Eso no es Política y lo sabéis.


(1) CARDONA, Gabriel. Franco y sus generales. La manicura del tigre. 2001.
(2) Recordar que en todos los Consejos de Ministros de Franco había, al menos, tres Ministros, militares de altísima graduación, designados por el Generalísimo de los Ejércitos y jerárquicamente a sus órdenes.
(3) VIGÓN, Jorge. General, militar e intelectual, Ministro de Franco. Presentación de su libro Hay un estilo de vida militar. Editora Nacional. 1953.

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