martes 11/5/21

La enorme riqueza de nuestro patrimonio político

Algunas encuestas a pie de calle de algunos programas de televisión nos han puesto los pelos como escarpias sobre los conocimientos de nuestros ciudadanos sobre nuestra historia. Algunos pensamos socarronamente, pero con cierta evidencia de objetividad, que la mayoría de los ciudadanos españoles en general  tienen más datos, fuentes y recursos  sobre las dos Guerras Mundiales, la “conquista del oeste”, el espionaje ruso-americano-inglés, los crímenes nazis sobre los judíos, en exclusiva, y algunas cosas más. Por eso es tan importante la industria cinematográfica. Conocemos de  de nuestra Historia algo de los romanos (por lo de los gladiadores), de los godos (por lo de la lista de los reyes), de los moros (por los turbantes y los baños), de su “enemigo” El Cid Campeador (por su dignidad y españolidad en el siglo XI), de los Reyes Católicos  (porque recuperaron la unidad de España perdida desde Altamira, algunos los confundieron con los rayos catódicos) y cuanto más nos acercamos a la actualidad, menos conocemos. Siempre nos hemos quedado a mitad del programa de la asignatura.

Sin embargo la Historia, la nuestra, no es sólo una asignatura curricular o académica. Su utilidad se parece más a la electricidad, a la cocina, al funcionamiento de la lavadora o al carnet de conducir. Nos sirve para la vida cotidiana y es necesario tener unos conocimientos básicos pero sólidos para no electrocutarse al cambiar un enchufe, no se nos queme el aceite de freír los huevos, etc. Porque el desconocimiento de nuestra Historia, no es que sea vergonzoso, es que entraña serios peligros para nuestra vida y la de los nuestros.

Por ejemplo estamos descubriendo ahora, por desconocer nuestra Historia, que nuestros reyes han sido en su inmensa mayoría unos depredadores sociales, unos vagos, unos aprovechados y unos cobardes. Si hubiésemos puesto un mínimo interés en conocer el tema nos hubiésemos evitado la sorpresa y posiblemente hubiésemos evitado la causa, por lo menos atando corto a nuestro emérito, a los anteriores y a los siguientes.

Si nos hubiésemos parado sólo un rato a estudiar el régimen franquista hubiésemos observado el expolio a los que fuimos sometidos los trabajadores y la patria. Millones de trabajadores emigraron a Alemania, Francia, Bélgica, Suiza, Argentina, México, y con sus remesas se tapó el hambre y la miseria de sus familias y se levantaron grandes negocios para los que tenían el poder. La consorte del entonces Jefe del Estado recorría las joyerías más chic de Madrid y veraneaba con toda la familia en su Pazo de Meirás (no confundir con Meigas por la alquímica del oro y el akelarre). Y los inversores extranjeros nos compraban como si España fuera un rastrillo. Los EEUU instalaban todas las bases que necesitaban en nuestra patria, poniendo en riesgo a toda la población, sin que se sepa, estuviéramos en peligro de guerra con alguien.

Y si nos hubiésemos preocupado por conocer el origen y métodos de las actuales grandes fortunas de nuestro país y de los personajes que decoran el poder en las jerarquías de la Iglesia, el Ejército, la Justicia y los partidos de la derecha, ultraderecha y medio derecha, hubiésemos descubierto al cacique, al señorito, al traidor, al cobarde, al mentiroso, al pícaro y al vende motos de toda nuestra larga Historia.

La sociedad española tiene un patrimonio histórico muy largo. Pero el chauvinismo es una patología nacionalista grave al considerar todo patrimonio propio como positivo. Tenemos  “Mucho Arte”, como diría una folclórica, pero algunas piezas están expuestas en el MoMA de NY. ¿Fue una donación al servicio de la cultura universal? No, fue una venta cutre.

Nuestro patrimonio político, al menos desde hace doscientos años para acá, ha de ser sometido a una dura crítica. Paul Preston (1) nos lo pone fácil y barato. Más barato que fácil para algunos, que estarán dispuestos a pagarlo pero no a leer sus 607 páginas, sin Notas.


Para eso sirve conocer la Historia para no repetir los mismos errores y evitar sus consecuencias. Como la electricidad, para no electrocutarse.

Dedico este artículo a todos los repartidores (riders, NO. Nuestro idioma es también un patrimonio cultural e histórico impresionante que debemos defender), que en uso de su libertad se han manifestado contra otro patrimonio social como lo es el Derecho del Trabajo español y europeo, que ha costado tantas luchas a los trabajadores en Europa. Es extensible a los trabajadores del sector de la construcción que se manifestaron hace años a favor de don Francisco Hernando Contreras “el pocero”, recientemente fallecido por covid 19, y en contra del alcalde de IU de Seseña, organizados por un sabio periodista que no recordaba el nombre de un conocido sindicato de nuestro país.  


(1) Preston, PAUL. Un pueblo traicionado. Debate. Penguin Random House Grupo Editorial. 2019.

La enorme riqueza de nuestro patrimonio político