sábado 12/6/21

Decidme qué ha cambiado

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Qué ha cambiado en los retratos reales, en los paisajes y los madrileños de Velázquez, de Goya y de Antonio López. O el negro trágico de Goya y Picasso. Qué entre Quevedo, Cervantes, Lope y Reverte, Trapiello y Molina. Qué entre el Duque de Lerma, el Conde Duque de Olivares y Felipe y Aznar. Qué entre la caza del conejo en la Casa de Campo y la del elefante en África. Qué entre el especulador Duque de Lerma y la Duquesa de Franco y familia. Qué entre los corruptos y corruptores del XVI y los corruptos y corruptores del XXI. Qué entre  Torquemada y Rouco. Qué entre la Santa Inquisición y la Brigada Político Social. Qué entre los banqueros de Carlos V y los actuales. Qué entre los privados de los reyes de antaño y Colón de Carvajal del emérito. Qué en la vida sexual de nuestros/as monarcas. Qué entre los reinos de Taifas y las actuales Autonomías. Y qué entre un pueblo traicionado y un pueblo engañado.  Qué  diferencias hay entre el bipartidismo reciente y el turnismo caciquil de la Restauración.

Qué tiene la Montaña del Príncipe Pío que nos recuerda a las tapias de la Almudena. Y por qué la modistilla Manuela Malasaña nos recuerda a las trece Rosas. Por qué la Puerta del Sol a la carga de los mamelucos y a la vez a la proclamación de la República, a la Dirección General de Seguridad y sus siniestros calabozos, al 15-M. Por qué nuestros Reyes nos recuerdan tanto a nuestros Reyes. Tan cercanos, tan huidos. Tan campechanos, tan ajenos. Tan cazadores y tan cazados.

En los aspectos esenciales de la vida política de nuestro Madrid qué ha cambiado. Algunos pensamos que este país sigue en la baja Edad Media, ahora con iPad, y los hechos nos hacen titubear. Madrid sigue siendo la Corte de la Monarquía Hispánica. VOX lo tiene claro. Es conveniente no engañarse ni sorprenderse.

El pueblo sigue entretenido con las mismas historias contadas y cantadas. La mayoría recibidas ahora sin moverse de la casa. Otras con ágapes y bacanales públicas dónde los alucinógenos y las contorsiones sirven para alcanzar brevemente la felicidad, huyendo del mundo real.

Las ejecuciones públicas en la Plaza Mayor se han sustituido por lapidaciones más higiénicas, pero con más verdugos y más público. La Santa Inquisición sigue quemando. El caso de Pablo Iglesias es una evidencia. Ejemplarizante para otros que pretendan seguir un camino similar.

Los reality entran en la escena política y sus armas: las falsas noticias, las conspiraciones y montajes, las intrigas, las razias para destruir al adversario y hacerse con el botín,  tienen una larga tradición en nuestra Corte, en nuestros militares, en nuestra policía y en el seno de nuestra Iglesia y sus facciones. El pequeño Nicolás, Conde, el Opus, los kikos, los Legionarios de Cristo, Villarejo, el falso fraile y el conductor de Bárcenas, la Fundación FrFr. Todos apropiados para guiones de series de Netflix.

Y al otro lado, el enamorado Juan de la Cruz y el amado de Teresa de Ávila, objeto de tropelías de sus frailes hermanos. Y el pueblo traicionado, engañado, expoliado, explotado, vencido, humillado.

El grito vehemente de ¡Vivan las “caenas”! del pueblo de Madrid recibiendo al Rey felón Fernando VII, se une al de ¡Muera la inteligencia y viva la muerte! del legionario Millán Astray, contra un rector, católico angustiado y de ideología ambigua y al de ¡Socialismo o Libertad!, por una servidora pública, plebeya, que vive en libertad gracias a los que escupe.

¿Por qué todo ello nos resuena como un eco cercano?

Decidme qué ha cambiado
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