domingo 20/6/21

Sanidad pública universal, integral y preventiva (1982-2020)

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Hasta hace muy pocas fechas se mantenía la tesis, por parte de los poderes públicos y de una parte amplia de la población, que gozábamos de un envidiable sistema sanitario. En tan sólo 30 días, las dudas han comenzado a aflorar.

Un sistema de salud integral y efectivo no sólo consiste en creer que teníamos una (aparente) buena infraestructura, medios y atención ambulatoria y hospitalaria y que podríamos estar entre los mejores sistemas de los países de la OCDE y de la UE.  Sin embargo, algunas cifras estadísticas (que casi nadie tiene en cuenta) nos iban marcando la realidad.

En 2017, el gasto sanitario per cápita en España era de 2.371 euros, un 15% por debajo de la media de la UE que era de 2.884 euros por habitante y año. España era el quinto país con menos camas de hospital por habitante de la UE, 298 camas por cada cien mil habitantes y la media de la UE era de 514. Y un sólo ejemplo comparativo: en 2017, el PIB por habitante/año en España era de 25.730 euros y, como he comentado, teníamos 298 camas, mientras que en otro país de la UE, Croacia, el PIB por habitante y año era de 12.500 euros y, sin embargo contaban con 570 camas por cada 100.000 habitantes.

El número de UCIs por número de habitantes, por ejemplo, Alemania nos triplica y otros países están más o menos a la par, pero, por ejemplo en número de personal de enfermaría estábamos muy por debajo de la media de la UE. Una gran carencia que en estos momentos de emergencia sanitaria total se agudiza y aflora.

Desde los años ochenta del siglo pasado se viene apostando por una medicina más curativa que preventiva, abandonándose un modelo integral y de familia

Es cierto que la expectativa media de vida en España era la más alta de la UE hasta hace muy poco tiempo: 83,4 años, cuando la media en la Unión era de 80,9, pero -por el contrario- el dato sobre “condiciones” de vejez concluía que los mayores de 65 años reportan más enfermedades crónicas, limitaciones en las actividades cotidianas y síntomas de depresión, que en la media de la UE.

España tampoco salía muy bien parada en los datos de camas dedicados al cuidado de pacientes agudos. Sólo Reino Unido quedaba por debajo. Ya no digamos en elementos como respiradores, EPIs, etc. que se ha demostrado nuestras grandes carencias.

Es un hecho que el número de camas de hospitalización general en la Unión Europea ha caído a lo largo de los últimos diez años. Pero hay países mejor preparados que otros. El descenso en el número de camas hospitalarias en España se explicaba, que era por el progreso en avances tecnológicos que han permitido evitar ingresos, según el informe del Sistema Nacional de Salud de 2017. No creo que fuera esa la razón.

Hasta aquí son sólo unos datos cuantitativos, pero los problemas son otros:

1-Desde los años ochenta del siglo pasado se viene apostando por una medicina más curativa que preventiva, abandonándose un modelo integral y de familia que, salvo en cuestiones como las campañas sobre tabaco, la obesidad, detección temprana de cierto tipo de cánceres, etc., muy poco se ha fomentado, salvo en ámbitos rurales o puntalmente médicos por su propia cuenta, sin apenas incentivos, ni apoyo por parte de los poderes públicos, en ocasiones todo lo contrario, cargándoles con gran número de “cartillas”, burocratizándoles su trabajo, privándoles de servicios auxiliares.

2-La enfermiza privatización del sistema de salud, por parte de los poderes públicos, a todos los niveles, ha ido creciendo en intensidad a lo largo de lo que va de siglo, en unas CCAA, más que en otras, pero en todas se han hecho “esfuerzos” institucionales e, incluso, corporativos (de una parte de los médicos) por privatizar todo lo que podían. Situación de la que se ha lucrado mucha gente del mundo de la sanidad, corporaciones estatales y multinacionales, y todo ello en detrimento de una potente salud pública, universal e integral.

3. En general y, salvo excepciones, hay una deficiente gestión de los sistemas hospitalarios y de hospitalización. Además de una casi nula atención a domicilio y la diversificación en la atención hospitalaria, de forma generalizada.

Un poco de historia:

Cuando, en 1982 el PSOE ganó las elecciones y obtuvo una rotunda mayoría: 202 escaños, con el Compromiso electoral “POR EL CAMBIO”. El programa que se elaboró en los grupos de trabajo organizados al efecto, en el ámbito de la sanidad y la seguridad social, en los que participé, nuestro compromiso con la ciudadanía era el de potenciar un Sistema sanitario público, integral y universal. Con cinco bases: -Promoción de la salud integral de la persona; -prevención individual y colectiva; -potenciar, al máximo, la atención primaria; -gestión de los recursos y asistencia eficiente con evaluación pública y ciudadana  permanente; y -reinserción de los enfermos.  Yo durante la I legislatura 79-82 había pertenecido a la Comisión de Sanidad y Seguridad Social, la persona que coordinaba esa área era el compañero Ciriaco de Vicente, llamado a ocupar esa cartera. Pero no.  Eso ocurrió en otras diferentes áreas, que las personas que pensaron y diseñaron los programas electorales, la mayoría se quedaron fuera del ámbito de la gobernanza directa.

No sé si esa fue la causa de los cambios de modelo que en algunos campos se dieron. Recuerdo la huelga general de 1988, porque algunos compromisos políticos (en general) “no funcionaba” como se habían comprometido…  Desde mediados de los ochenta, también la forma en que se desarrolló la cesión de las competencias de Sanidad a las CCAA, en diversas tandas hasta el año 2.000, contribuyó a una cierta descoordinación, desorientación y privatización del sistema público de salud, que (tímidamente) comenzó por aquellos años. Y en lo que va de siglo se ha desbocado, hasta límites impensables.

Cuando pase esta crisis, esta pandemia, supongo que se hablará mucho de nuestro Sistema de Salud, que pensábamos que era de los mejores del mundo. En su caso, sólo hay un camino: dar un giro, profesionales sanitarios tenemos los mejores, por ello, desde el Estado hay que volcarse, gobierne, quien gobierne, en potenciar -fuertemente- la sanidad pública; encontrar y/o formar buenos gestores; diversificar el sistema hospitalario; estar preparado para contingencias del tipo que sean; aumentar, considerablemente, el personal de enfermería; lograr una buena coordinación interterritorial; potenciar la sanidad PREVENTIVA, cambiando la actual función de la medicina de familia; y aumentar el presupuesto por número de habitantes.

Y todo ello, teniendo en cuenta que la situación de caos sanitario y de emergencias que padecemos va para rato, quizá para mese, mientras que el poder político sigue improvisando, quizá lo único que se pueda hacer, desgraciadamente.

Sanidad pública universal, integral y preventiva (1982-2020)