domingo 20/6/21

100 días de gobernanza, truncados… aunque ha proporcionado algunas señales

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Coincidiendo con la semana “Cervantina” y del libro, se cumplen los primeros cien días del actual Gobierno de coalición, el primero desde los años treinta del siglo XX.

El 26 de enero, en facebook, hice un breve alegato sobre mis “buenos deseos” para el nuevo gobierno y les deseaba “mucha suerte”, ya que la iban a necesitar. Por entonces no me imaginaba esta situación de altísima crisis. Me preocupaban más los PGA, la situación de Catalunya, los compromisos adquiridos si se iban a cumplir o no, la estabilidad del mismo gobierno, un parlamento muy dividido y demasiadas dependencias para sacar leyes adelante... Entonces remarqué una serie de prioridades sobre políticas públicas que yo entendía eran necesarias y urgentes. Hoy, casi todo ha estallado.

Sin embargo, tras algunas primeras declaraciones y el mismo texto de los acuerdos para la gobernanza se detectaban algunos síntomas débiles, sobre todo en lo que tenía que ver con la cuestión fiscal para poder mejorar todo lo público y para equilibrar los PGA; me preocupaba la poca claridad en lo que afectaba al sistema educativo o a la laicidad de las instituciones; también no gustaba la enorme cantidad de ministerios creados para dar “satisfacción” a los territorios y al mismo gobierno de coalición, hecho que -en mi opinión- constituye una peligrosa rémora para la eficacia institucional, como se va confirmando. Siempre fui partidario de pocos ministerios y potentes secretarías de Estado…. por aquellos primeros días no me gustó el nombramiento de algunos o altos cargos, como, por ejemplo, la persona al  frente del Deporte, o la fiscal del Estado… entre otros. Pero a estas alturas, ya queda muy lejos.

Me comprometí, conmigo mismo, a no hacer valoraciones sobre la gestión, hasta que pasaran al menos los primeros cien días. Eso sí, por entonces, ya me preocupaba -enormemente- la desenfocada confrontación política existente, no sólo entre los líderes, sino y también la de sus “hinchadas” respectivas de uno y otro lado del tablero político, incluido el tercer foco en juego: el independentismo. Pues bien, a pesar de las graves consecuencia que está generando esta maldita pandemia, no sólo la confrontación se ha aminorado, sino que va en aumento, en ocasiones de una forma muy virulenta y vergonzante.

En Estados Unidos, fue el presidente Roosevelt quien introdujo los primeros 100 días de gobernanza, como "periodo de gracia". Asumió el cargo en 1933 y aprobó, durante esas primeras 14 semanas, la mayoría de las leyes para luchar contra la Gran Depresión. Estas leyes fueron posteriormente su legado. En este tiempo consiguió que el Congreso aprobara 15 leyes que reconstruirían la moral y la economía del país. Desde entonces, ha sido una fecha simbólica en la que los presidentes han trazado las prioridades de la legislatura.

Sin embargo, en esta ocasión, no demasiado se puede extraer de las ocho semanas, más o menos, que esta gobernanza de coalición ha podido ejercer su gobierno con cierta normalidad… que, además, tenían  una mirada “de reojo” puesta en lo que ocurría en Wuhan, en las directrices de la OMS, de la ciencia  y del ministerio de Sanidad. Sin embargo, tanto esas siete primeras semanas, como las siete siguientes, desde el 2 de marzo, algunas “señales” nos han proporcionado.

La actual situación de pandemia planetaria a puesto todo “patas arriba”. También ha desenmascarado un indecente cortoplacista sistema capitalista depredador y su soporte político neoliberal, al que casi todos los gobiernos y los respectivos parlamentos están o vinculados o son cautivos.

En el caso de España, esta pandemia podría “hacer volar” la legislatura y, con ello, el gobierno de coalición, ya que dentro de unos meses será muy complejo recomponer su programa y su proyecto…  en un escenario brutal, haya pacto o no haya Pacto de Estado o de País. Es una posibilidad.

Nada nuevo en la cotidianeidad de la política española: Los “conservadores” argumentan que con “ellos” en La Moncloa, las cosas hubieran ido mejor, los “progresistas” se aferran a la teoría de que “menos mal” que están “ellos”, … ya que si no todo hubiera ido mucho peor. Y las “hinchadas” respectivas aplauden y aplauden como robots en tiempos épicos. Mientras los neofascistas españoles, como pollo sin cabeza, juegan su baza de: “a rio revuelto”, “por si sonara la flauta”, como ha ocurrido en tantos otros lugares en lo que va de siglo.

Pero volviendo al limitado tiempo que ha durado una gestión normalizada, si creo que merece la pena citar algunas cuestiones que, en mi opinión, proporcionaban ciertas señales positivas, como, por ejemplo: la iniciativa para debatir una Ley de Eutanasia; la subida del salario mínimo, aunque si no se corrige el fraude fiscal y laboral existente, servirá para muy poco y aunque no les haya dado tiempo, no se observaba el suficiente coraje para adoptar las necesarias medidas complementarias; la subida del IPC a las pensiones, pero no les ha dado tiempo a trabajar por un futuro de consolidación de las mismas; el anuncio, ya en plena crisis, de un Ingreso Mínimo Vital (IMV) que actúe como última red de protección social, para atender a las personas que queden desamparadas…, y, también, los tímidos pasos a favor de la Memoria Histórica… por ejemplo.

Sin embargo, en estas 14 semanas (antes y después del desencadenante más duro de la crisis) se han observado unas desleales ansias competenciales de algunos ministros y ministras por dar noticias “tabloide”, con un cierto marchamo electoralista para sus propias formaciones políticas de la coalición, jaleadas por sus seguidores respectivos en las redes sociales. Para comprobarlo solo hay que ir observando los órganos internos de opinión de PSOE, Podemos, IU o PC, por ejemplo o analizar la prensa del día a día. Y eso no es muy saludable para una unidad de acción gubernamental duradera, ya que la desconfianza es mala consejera. Un poco más de prudencia solidaria sería deseable.

Por el lado más preocupante, se ha observado, desde el principio, no demasiada transparencia en la información hacia los medios de comunicación y, evidentemente, hacia la sociedad, que se ha agudizado demasiado en plena crisis. La relaciones del Gobierno con el mundo de la Cultura se han agriado, por falta de capacidad y/o de cintura política. El proyecto de Ley de Educación (LOMLOE) no aporta casi nada nuevo, ningún giro hacia la actualización (en clave siglo XXI) del Sistema y hacia la NO privatización y NO confesionalidad del mismo, además de una cierta descoordinación e ineficacia en la gestión de la terminación del curso 2019-20 y está por ver  que se hará para el inicio del curso 2020-21 (a la vuelta de la esquina) y que me preocupa enormemente. También, como se preveía, en cuestiones de laicidad de las instituciones del Estado, los síntomas eran y siguen siendo muy preocupantes, pues los avances que se observaban eran nulos.

En cuanto a la gestión de la crisis de la pandemia, por mi parte creo que no es el momento todavía de hacerlo con un mínimo rigor, habrá que hacerlo cuando todo vuelva a una cierta normalidad, aunque cuando llegue esa deseable situación, casi nada va a ser igual que antes. Hay quienes, desde diferentes posiciones, apuntan algunas teorías sobre la gestión, como el hecho de que se alargaron demasiado algunas medidas restrictivas, cuando había bastante información desde finales de febrero; que no se observa un verdadero liderazgo político e institucional por parte del Ejecutivo; que se detecta que la información entre la ciencia y el gobierno no ha fluido adecuada y coordinadamente; que se observan mensajes demasiados contradictorios. Ha sido un hecho, aunque no achacable a este gobierno (al menos durante los primeros días) el desabastecimiento de EPIS, respiradores,  etc. y, en estos momentos, todavía no hay un Plan coordinado de pruebas masivo para identificar a las personas infectadas (con o sin síntomas)  y los posibles "puntos calientes" de infección, para tomar medidas más ajustadas.

Hemos podido observar y ello es achacable a todos los partidos que han gobernado, al menos en lo que va de siglo, la enorme debilidad de nuestro sistema de salud y la carencia de medios. Tanto al Ejecutivo central, como los de las CCAA, además de descoordinadas entre sí, se han visto desbordados y, todavía, siguen con excesiva improvisación, incluso en algo tan grave como el de los fallecimientos.

PSOE y UP en coalición están gobernando en uno de los peores momentos de la historia, así que su futuro y el de la legislatura, dependerá de cómo sean capaces de gestionar esta situación. Y luego, aún quedará pendiente la cuestión de Catalunya (que está aparcada y… ya veremos) o el futuro de la Unión Europea, por ejemplo.

Pero, sobre todo, como van abordar el derrumbe económico que se pronostica, el aumento enorme de la brecha social, los desahucios por impago de alquileres justificados, el previsible crecimiento del paro hasta límites insospechados y, con ello, el aumento de la precarización y, como van a afrontar el necesario reforzamiento de lo público, ya que esta crisis ha demostrado la enorme debilidad en sanidad, educación, servicios sociales y residencias de mayores, etc. etc. Será (ya) en un nuevo y complejo escenario, donde la industria de la caridad religiosa y el neofascismo, tiende a crecer en todo el planeta. Preocupante panorama. ¿Lo podrá hacer solo el gobierno de coalición, con los volubles apoyos con los que cuenta en el Parlamento? ¿O tendrá otras opciones? Veremos.

Con este panorama de fondo, las iniciadas conversaciones del Presidente  con los grupos políticos para tratar de crear una posible Pacto, tiene una muy compleja solución, como consecuencia de los intereses partidarios y, por otro lado, de las competencias territoriales que el ejecutivo trata de suplantar sin saber muy bien cómo abordarlo.

Como anteriormente indicaba, está “sobre la mesa” la aprobación del  (IMV), ello plantea al Ejecutivo varios problemas, como es su financiación, el censo de beneficiarios y el solapamiento con la labor asistencial que corresponde a las CCAA. Y ello, con una más que compleja situación de las Cuentas del Estado prorrogando los PGA de Montoro (?)…  que el PSOE y sus socios de gobierno votaron en contra en su día. Cuentas hechas añicos ante la enorme falta de ingresos que se van a producir (Incluida la Caja de las Pensiones) y los enormes gastos que se tienen que producir.

Y para terminar, expresar mi opinión sobre el futuro más inmediato: No estoy de acuerdo con quienes muestran un cierto optimismo, basándose en que la actual solidaridad y filantropía ciudadana que se percibe nos va a “hacer mejores” cuando salgamos de esta crisis, ya que hasta ahora las tres grandes crisis y/o pandemias del siglo XX no cambiaron apenas nada el mundo, ni modificaron la doctrina económica basada en la ley del más fuerte. Incluso salió más reforzada. En esta ocasión es muy probable que seguiremos cómodamente “cerrando los ojos” (política y ciudadanía) ante el colapso global eco social que se avecina (esta pandemia está siendo un simple aviso, como lo fueron otras y lo serán otras después)… Volverá la insolidaridad de unos territorios sobre otros, entre las clases sociales (va de riqueza y pobreza), volverán los recortes y las privatizaciones, sin embargo y es hoy mi gran preocupación aumentará la pérdida de derechos y libertades y la consiguiente “militarización” de la sociedad, porque ésta (ahora altamente domesticada) demandará “más seguridad”… y “vuelta a empezar”. Sólo espero que este gobierno progresista, si continua y realmente lo es, sea capaz de aminorar los efectos de una situación que se avecina muy sombría. El futuro no está escrito.

100 días de gobernanza, truncados… aunque ha proporcionado algunas señales