sábado 19/6/21

Salir del Euro no es una loca alternativa

Uno de los problemas que traslada un grave perjuicio a las sociedades modernas es el mantenimiento atávico de  ideas no contrastadas con la realidad. Las políticas neoliberales seguidas especialmente por el impulso e imposición de la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea), no han parado de cosechar fracaso tras fracaso en los países en los que se ha puesto en marcha y, además, han demostrado su incapacidad para predecir el curso de la economía capitalista. Sus defensores, en ningún caso, supieron prever el advenimiento de la crisis iniciada en el 2007: la gran recesión, o a lo mejor sí lo sabían y sus objetivos, aunque no son los que todos buscamos, si son los que las élites extractivas persiguen. “Entre los privilegiados del 1%, el neoliberalismo se vive con la fuerza de una religión: cuanto más lo practican, mejor se sienten… y más ricos se hacen [1]”. Lo que sí parece claro es que la hipótesis de los mercados eficientes, del fundamentalismo del libre mercado, debería gozar de la mínima credibilidad y sin embargo sigue consiguiendo manipular a muchos de nuestros ciudadanos.

Salir del Euro es una de estas ideas tabú que son anatema en la religión neoliberal y que se convierten en un pensamiento gregario difícil de extirpar. Sin embargo, había avisos ya lejanos de los problemas que podría  conllevar el diseño del euro en la formada desunión europea. Samuelson (autor de los textos universitarios de economía más famosos hasta la fecha) pensaba que ingresar en la Unión Europea liderada por Alemania era como meterse en la cama con un gorila. Cuando países o regiones con diferentes grados de competitividad o fuerza exportadora se integran y forman una unidad dónde rige una moneda común, el tipo de cambio de equilibrio de la Unión frente al exterior vendrá determinado por el valor medio de las capacidades exportadoras de los países que la componen, lo que será demasiado apreciado para los países más débiles (países de la periferia) y demasiado depreciado para los países con mayor potencia exportadora (principalmente Alemania).

Con esta integración la Unión Europea tiene problemas de supervivencia porque está en un juego de suma negativa. En este juego participan dos jugadores: los países del norte de Europa y los países periféricos (Grecia, Italia, Portugal, España). El juego consiste en que los países del norte (especialmente Alemania) financian a los países del sur para que compren su excedente de producción, es decir se cambian exportaciones netas por deuda externa. En este juego los ciudadanos del norte intentarán cobrar su deuda apropiándose del patrimonio público de los países del sur y éstos pedirán el default considerando que el gasto que generó la deuda resolvió el problema de desempleo en Alemania. Salvo que la deuda la compre sin límite el BCE, en cuyo caso la UME resultante sería muy diferente a su diseño inicial, el default es inevitable. Según algunos economistas, entre ellos el griego Lavapistas, la opción de impago y la salida de la moneda común para los países periféricos ofrecen una estrategia con posibilidad de crecimiento más fuerte y equitativo, pero sólo si se lleva a cabo a iniciativa del prestatario (no como ahora que es a iniciativa del prestador).

La Unión Monetaria Europea tampoco ha resuelto bien el problema de la insuficiencia de demanda agregada de Alemania. Alemania, no obstante,  no renunciará a su vocación exportadora. Hacerlo exigiría modificar la estructura productiva de su economía y enfrentarse a la insuficiencia de demanda agregada que ha logrado eludir con los superávits que obtiene. Esto ha venido provocando déficits comerciales de los países del sur que no se paliarán aunque los superávits alemanes se logren con otros países no Unión Europea.

La macroeconomía neoliberal, o lo que ellos entienden por tal,  sustenta una lucha de ganadores y perdedores, bien sea entre personas o países, y, por otra parte, subestima la importancia de la política fiscal y de la soberanía monetaria. Estos economistas ahuyentan la salida del euro haciendo predicciones catastróficas: depreciaciones monetarias e inflación incontrolable, salidas de capital que provocarían colapso en el sistema bancario, salida de mano de obra cualificada (uno de los méritos precisamente del austericidio), suspensión de pagos de la deuda lo que aislaría internacionalmente, imposibilidad de acceder al crédito por las empresas y el sector privado, en fin, depresión, pobreza, regímenes totalitarios. ¿Les suena todo esto verdad? No obstante, aquellos países que no hicieron caso a las políticas de austeridad tuvieron una salida de la crisis más rápida y saludable, además sin rivalizar y arruinar a sus vecinos.

No debería ser necesario constatar nuevamente que hay más alternativas a la economía neoliberal y que son muchos los economistas que lo ven de otra forma. Así, los análisis efectuados por Teoría Monetaria Moderna (TMM) son drásticamente diferentes y consideran que muy probablemente los beneficios puedan ser mayores que los costes de la decisión siempre que se rechace el enfoque austero que aplauden los neoliberales y se favorezca una política fiscal activa que busque maximizar el bienestar de la ciudadanía. “El abandono de la cultura de la austeridad y la restauración de la soberanía monetaria le brindarían al gobierno de la nación saliente numerosas oportunidades para devolverle un uso productivo a los recursos ociosos, incluidas las personas desempleadas. El crecimiento económico real sería inmediato. Los mercados de bonos se amansarían al encontrarse con una nación emisora de moneda ya que el banco central podría controlar los tipos de interés  y obligar a los inversores a abandonar el mercado siempre que quisiera […] El estado, gracias a sus renovados poderes, seguiría siendo capaz de gastar y de comprar todo aquello que estuviera a la venta en su moneda […] de proteger el capital de su sistema bancario y de garantizar los depósitos en la moneda local [2]”.

Debemos recordar, por el contrario, lo que está sucediendo con la deuda sin fin de los países periféricos y que “En cualquier caso, el país endeudado cae en la trampa de la deuda: si pide prestado a los mercados, los tipos de interés suben [sabemos que este sistema escatima el crédito cuando más lo necesitas]; si se pide prestado a la UME (o al FMI) se le piden a cambio políticas de austeridad, de manera que el crecimiento cae y la recaudación de impuestos entra en barrena [3]”.

Hacer el avestruz ante los problemas de la UE no es una respuesta válida si queremos perseguir una verdadera integración con valores solidarios y que nos reporte una economía más fuerte. Repensar el euro y estar abierto a soluciones beneficiosas para todos los integrantes es una obligación ética e ineludible. Randall Wray, otro economista de la TMM, aporta dos soluciones: la primera alcanzar una unificación  fiscal que se correspondiera con la unificación monetaria y la segunda mandatar al BCE para que compre una cantidad determinada de deuda de los distintos países europeos. El BCE “En calidad de emisor del Euro siempre puede permitirse comprar más deuda pública (esto requeriría simplemente que el BCE dotara de saldo en su hoja de balance a los bancos centrales de los diferentes estados miembros).”


[1] Mason, Paul (2016:14). Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro. Paídos Estado y Sociedad.

[2] Mitchell, William (2016) La distopía del Euro. Lola Books.

[3] Randall Wray, L. (2015:178). Teoría Monetaria Moderna. Lola books.

Salir del Euro no es una loca alternativa