martes 15/6/21

¡Es la política, imbéciles! ¡O es la ética!

Estamos en campaña electoral. Seguimos jugándonos un futuro, ya no mejor, sino posible, y debemos saber desentrañar la realidad de nuestra política para votar libremente.

No hay duda de que nos encontramos en una lucha política entre distintas visiones e intereses. Si no queremos llamarla lucha de clases, la podemos denominar como a cada uno le parezca conveniente, con la ventaja de que a aquellos que les interesa ver la política de conformidad con los poderes reinantes les es más fácil salir vencedores de la refriega. Así Manuel Castells nos decía, avalando esta tesis, que “las relaciones de poder constituyen el fundamento de la sociedad porque los que ostentan el poder construyen las instituciones de la sociedad según sus valores e intereses (1)”. Y además nos alertaba de que “la lucha de poder fundamentalmente es la batalla por la construcción de significados en las mentes (2)”.

En esta lucha que libramos hay quién se viste con las prendas de los otros. Hacen pensar al electorado que aplicarán una política social para que los incautos se den cuenta tarde de que la realidad es que su proyecto era totalmente contrario a lo que proponían. Y esto nos demuestra que cualquier político sabe que su obligación es luchar por la mayoría de los ciudadanos, respetando los derechos básicos para aquellos más débiles y necesitados. No obstante, la vieja política se ha encargado de camuflar sus verdaderas intenciones. No debaten programas, no argumentan ideas, se especializan en buscar, incluso con recursos públicos, los puntos débiles del contrario, y, si no los encuentran los inventan.

Se machaca la mentira hasta que parezca verdad y el ciudadano no es capaz de ver más allá de las ideas implantadas en su mente. Noticias de gran calado son tratadas con sordina, no interesa que se conozcan. Noticias sin importancia se dan con bombo y platillo dando una importancia y malignidad que no tienen. Así una política económica completamente destructiva se llega a considerar la única alternativa. Marketing perfecto. Volcarse en las exportaciones es considerado como la magia necesaria para salir de la crisis, cuando se sabe que el Producto Interior Bruto (PIB) está basado en su mayor parte en la demanda interna: no puede ser de otro modo. Y esta demanda tiene que ver con los puestos de trabajo, con los salarios y con las prestaciones sociales. Es sabido, por el contrario, que las exportaciones son un juego de suma cero, que para que un país tenga superávit, tiene que haber otro que luche contra su déficit. Alemania conoce bien esta ley económica y sonríe.

El slogan que se utiliza para el engaño masivo es el de “la creación de empleo”. Posteriormente se vende que partir los contratos en dos y disminuir el paro y los empleos es una consecución de las promesas realizadas. Precarizar el trabajo, disminuir los salarios hasta hacerlos inservibles para la vida, posibilitar la huida de los jóvenes españoles que no tienen opción de encontrar trabajo, hacer que muchas familias se queden sin ningún miembro que tenga un empleo para ganarse el pan, adobar todo ello con la subida de los servicios básicos y las tasas de los servicios público; no parece una desatención de los ciudadanos. ¡Los pobres tienen que realizar su función de pobres!

También, hay una lucha encarnizada sobre el medio ambiente. El modelo económico capitalista, tiene como base el crecimiento continuo e ilimitado, choca, por tanto, frontalmente con la propia naturaleza finita de nuestro planeta. Las ansias de beneficio empresarial no están recortadas por los costes del medio ambiente. Los costes lo pagaremos los ciudadanos del mundo y en primer lugar los que menos tienen. El orden neoliberal claramente no cuida su casa. El beneficio privado, en contra de lo que decía Adam Smith, se olvida y pone en marcha la destrucción de la casa de todos.

Estas dos posiciones enfrentadas y el olvido de las necesidades sociales y del medio ambiente, se manifestaron claramente en la reforma del artículo 135 de la Constitución. Se preservaron, sin participación del pueblo, los intereses de los poderosos en contra de la salvaguarda del Estado de Bienestar Social.

Realmente lo que está en lucha es una visión del mundo en el que todos puedan vivir con dignidad y con el reconocimiento de los derechos humanos contemplados en la normativa internacional y otra visión que considera que es necesario una acumulación de riqueza entre las élites, entre los más ricos, para que puedan caer las migajas a los que se encuentran pisoteados por abajo. Es una lucha que se traslada al campo político con un resultado muy negativo, porque, en cualquier empresa es muy difícil progresar sin un código ético, sin busca de unos objetivos comunes y, sin embargo, las distintas partes tiran de los extremos para no llegar a ningún sitio y haciendo posible una ruptura que puede llegar a ser dramática.

Estamos nuevamente en campaña electoral, me equivoco, no hemos dejado de estar en ella. Seguimos jugándonos un futuro, ya no mejor, sino posible, y debemos saber desentrañar la realidad de nuestra política para poder hablar y votar libremente.  Y volviendo a la sabiduría de Castells, no podemos olvidar que “En el contexto de las emociones básicas que han identificado los neuropsicólogos (miedo, asco, sorpresa, tristeza, alegría e ira), la teoría de la inteligencia afectiva en la comunicación política sostiene que el desencadenante es la ira y el represor el miedo (3)”. Y que “las personas sólo pueden desafiar a la dominación conectando entre sí, compartiendo la indignación, sintiendo la unión y construyendo proyectos alternativos para ellas y la sociedad en su conjunto (4)”.


(1) Castells, Manuel (2015:26). Redes de indignación y esperanza. 2ª Edición actualizada y ampliada. Alianza Editorial.
(2) Ibídem (2015:27).
(3) Ibídem (2015:240)
(4) Ibídem (2015:249)

¡Es la política, imbéciles! ¡O es la ética!
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