domingo 18/4/21

La guerra nunca es la solución

paloma

Las guerras siguen siendo nuestro pan de cada día y los fundamentalismos de cualquier tipo; religiosos, raza, ideología, tribu, equipo, familia; suelen ser grandes excusas para seguir en el mismo “camino”. Siria y la situación de los Rohingya, son ejemplos recientes, tristes y dolorosos

El ser humano da muestras de ser el menos humano de los animales sobre la tierra, ya que utiliza la guerra, la masacre y el horror para conseguir sus intereses más rastreros y menos propios de la humanidad. Se considera que el ser humano está en la cúspide de la pirámide evolutiva, sin embargo, pese a su nivel de conciencia no es capaz de utilizar métodos menos dañinos para alcanzar el bien común. Hemos de considerar, por ello, que el bien común no es lo que buscan algunos de sus integrantes que quieren sobresalir por encima del resto de sus congéneres. También el “ojo por ojo” y el fomento del resentimiento forman parte del cúmulo de excusas que se utilizan para buscar el “camino de la guerra” en el que sólo ganan unos cuantos “inhumanos”. Sin embargo, no podemos olvidar que el resentimiento es una mala solución. Así, nos decía Nelson Mandela que “El resentimiento es como beber veneno y esperar que mate a tus enemigos.”

Apuntaba Todorov que “el ser humano no termina en los límites de su cuerpo, sino que incluye la relación con los demás [1].” Nos hacemos en relación con los demás y el entorno. La individualidad solo es reconocible  y factible en convivencia con y para los demás. Nadie es único si está solo, simplemente está solo [2]”. No obstante, “las gentes de todo el mundo sufren una “obsesión identitaria”, ha escrito el psicólogo evolutivo John Tooby. Obsesión que nos transforma y nos conforma. Así “Los fanáticos pseudoreligiosos y los nacionalistas partidarios del racismo suelen pintar otro panorama: ellos defienden la existencia de un colectivo homogéneo, original  puro que, en su opinión, ofrecería mayor protección y estabilidad. [3]” Sin embargo, los resultados de la vida “en guerra”, en discordia nos debe convencer de que “Existir realmente en plural significa sentir un respeto mutuo por la individualidad y la singularidad de todos [4].”

Debemos reconocer, por tanto, que nacemos programados para distinguir entre Nosotros y Ellos. E inevitablemente, y a veces inconscientemente nos favorecemos a Nosotros, sobre todo, cuando nos sentimos amenazados. La evolución procuró que los seres humanos nos interesásemos por nuestros equipos y por el puesto que ocupamos en ellos. Apoyamos los unos a los otros es una sólida estrategia de supervivencia para una criatura débil y ruidosa sin demasiadas armas naturales. Vivir en grupo es un billete hacia la supervivencia, y por eso la mayoría de los primates así lo hacemos. De hecho no hay sociedad sin unas líneas marcadas que distingan entre grupos [5]. La inserción del ser humano en grupos y la pasión nacionalista espolean el sentimiento guerrero, pero el mundo realmente avanza con la cooperación, la experiencia de cooperar en busca de objetivos comunes une a los grupos e individuos y consigue saltar los obstáculos y problemas de la vida diaria.

Podemos pensar en un mundo globalizado que mediante valores comunes buscara soluciones globales a favor de toda la humanidad, desechando las guerras y el espíritu de ganar fortaleza para imponerse a los demás y hacer prevalecer los intereses propios. No obstante, inventamos herramientas como “la globalización neoliberal [que] es la historia de cómo el noventa y nueve por ciento entregamos voluntariamente el control de nuestras vidas a fanáticos con una percepción delirante de la realidad social. [6]” Este “capitalismo prospera venciendo a otros, se hace fuerte en la guerra; la conquista es el principal de sus valores. ​[7]” Escribe Juan C. Monedero.

La barbarie del hombre y de sus inventos no tiene fin. Las guerras siguen siendo nuestro pan de cada día y los fundamentalismos de cualquier tipo; religiosos, raza, ideología, tribu, equipo, familia; suelen ser grandes excusas para seguir en el mismo “camino”. Siria y la situación de los Rohingya, son ejemplos recientes, tristes y dolorosos. Hay quien dirá que esta es la única alternativa. Pero, la realidad es contundentemente tozuda y nos muestra que con esta alternativa la solución viene siempre con el enfrentamiento y la guerra, lo que nos lleva a una espiral sin fin llena de angustia y horror. La guerra nunca es la solución.


[1] Todorov, Tzvetan (2016: 27). Insumisos. Galaxia Gutenberg.
[2] Emcke, Carolin. (2016:184). Contra el odio. Taurus
[3] Ibídem (2016:184)
[4] Ibídem (2016:186)
[5] Berrreby, David. Lo que nos separa. National Geographic, abril 2018.
[6] Rendueles, Cesar (2015:196). Capitalismo Canalla. Seix Barral.
[7] Monedero, Juan Carlos. El gobierno de las palabras. Fondo de Cultura Económica de España S.L. 2009.

La guerra nunca es la solución