domingo 18/4/21

El dinero habla, por desgracia demasiado alto

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El dinero ha robado el alma al mundo, a Europa y a sus ciudadanos. Los negocios dominan y regulan a los gobiernos.Y los gobiernos no cumplen con la tarea de amparar a todos los que están bajo su amparo

El poder del dinero se acrecienta cuando éste escasea y se reparte de forma más desigual. Entonces el dinero habla a voces y dirige nuestras vidas querámoslo o no, favoreciendo siempre a los mismos. Esta circunstancia nos aclara por qué se pueden dedicar millones de euros para salvar a los bancos, empresas de energía, autopistas, y al mismo tiempo se recortan las posibilidades de vida de miles de personas disminuyendo pensiones, salarios, sanidad, educación, etc. Todos estamos a merced de los poderosos: aquellos que tienen grandes sumas de dinero y gran patrimonio. Incluso la justicia no es fácil para los que no estén en la cúspide de la sociedad; los mejores abogados están dispuestos para buscar el mínimo resquicio que evite cualquier sanción a los poderosos. No ocurre lo mismo con los pobres que pueden ser sentenciados a prisión por buscar formas de no morir, formas de vivir dignamente.

Nadie duda sobre la realidad actual: “el poder que el dinero tiene para limitar, distorsionar y corromper es el mayor motivo singular de preocupación para la liberad de expresión. El dinero habla demasiado alto. (1) ”De forma tan ensordecedora que no deja oír lo que tiene que decir la ciudadanía. Así uno de los problemas más importantes de la desigualdad económica y social es el atentado contra la libertad de expresión. “Los estados autoritarios o totalitarios acostumbran a considerar que la restricción y la manipulación del lenguaje son los cimientos básicos de su poder. (2) ”Impidiendo la expresión pacífica de los ciudadanos el Estado ahoga cualquier cambio en contra de los intereses propios y de las élites que lo avalan.

El disidente chino Liu Xiaobo Premio Nobel de la Paz decía: “La libertad de palabra es la base de los derechos humanos, la raíz de la  naturaleza humana y la madre de la verdad. Matar las palabras libres es insultar los derechos humanos, reprimir la naturaleza humana y suprimir la verdad.” De nada vale ninguna Constitución si no hay libertad de expresión, si no se pueden manifestar los desacuerdos con el cumplimiento o incumplimiento de las leyes, si la ciudadanía no puede dar su opinión.

El dinero en esta economía capitalista es cada vez más virtual y, sin embargo, ha adquirido tal importancia que se ha convertido en una mercancía estrella que se compra y vende infinitas veces dependiendo de la fluctuación de su valor y permitiendo un mundo creciente de especulación y avaricia cada vez más voluminoso que crece, además, como un verdadero cáncer maligno, desordenadamente. Mercancía que no subyuga y se convierte en la razón de ser de nuestras vidas. Pero, casi todo, es dinero ficticio y aparece por arte de magia sin que suponga ninguna relación real con la circulación de bienes y servicios. En consecuencia, mantener el statu quo de este sistema fuera de toda la lógica es la imprudente locura de unos pocos y el sufrimiento de muchos otros.

No veo ninguna razón, por tanto, para mantener esta situación. Los valores que una sociedad sana debiera tener, a mi modo de ver, distan mucho de los que se persiguen tozudamente por la ideología neoliberal. Hay otros valores más necesarios para un desarrollo vital. Sin duda “hay un bien superior, que consiste en que las personas deben tener la libertad de escoger cómo vivir su vida, mientras eso no impida que otros hagan lo mismo. Defendemos que el camino de la tolerancia no es meramente uno más de los “caminos verdaderos”,  es el único cuyo objetivo es permitir a los seres humanos vivir una multiplicidad de otros caminos verdaderos, lo cual exige un difícil equilibrio entre un incondicional respeto de reconocimiento por el creyente y lo que puede ser una total falta de respeto de valoración por el contenido de las creencias. Si esto es transigir, para defenderlo tenemos que ser intransigentes (3)”.

El dinero, como ya dije en otra ocasión, ha robado el alma al mundo, a Europa y a sus ciudadanos. Los negocios dominan y regulan a los gobiernos. Los gobiernos no cumplen con la tarea de amparar a todos los que están bajo su amparo. Están muy ocupados en defender los intereses de los poderosos, sus propios intereses y, en ocasiones, en guardar sus vergüenzas. En las sociedades antiguas, sin embargo, la economía no desbordaba el ámbito social y solamente si la sociedad tenía problemas el individuo quedaba desamparado. Polanyi escribió: “El individuo no está en peligro de pasar hambre a menos que la sociedad en su conjunto esté en una situación similar (4)”.

Permitir que el dinero esté por encima de las personas nos arroja a una sociedad en la que podemos llegar a perder la libertad de expresión, a mantener actitudes intolerantes y poco empáticas, a perder en definitiva aquello en lo que creemos y nos hemos obligado, en definitiva: el respeto por los derechos humanos.


(1) Garton Ash, Timothy (2017:499). Libertad de palabra. Tusquets Editores
(2) Ibídem (2017:502)
(3) Ibídem (2017:386)
(4) Polanyi, Karl. Nuestra obsoleta mentalidad de mercado.

El dinero habla, por desgracia demasiado alto