lunes 14/6/21

Desbordamiento: primeros síntomas

manifestacion Vox Madrid
Manifestación de Vox en Madrid.

Todos esperábamos del siglo XXI un cambio que modificase las relaciones de poder viciadas del pasado. Pero, oh! sorpresa, en lugar de un cambio alineado con la idea Kantiana de la razón, la paz, la belleza y la bondad, el arranque de este siglo ha optado por el camino inverso, con una asombrosa aceleración de la injusticia, la desigualdad, la criminalidad estructural y la guerra injustificada. Hemos asistido atónitos al encumbramiento de la barbarie hasta ver campar por el mundo a sus anchas a los heraldos del hambre, la guerra y la muerte, los jinetes del apocalipsis en versión tweet a caballo de sus facebooks o sus telegrams. La furia de sus embates y la estridencia de sus clarines, nos ha aturdido a todos.

El mundo al completo ha parecido sucumbir a la proclamación de la hecatombe anunciada por semejantes espantajos, pero parece que la cosa remite que, como con las peores pesadillas, estamos despertando y comenzando a tratar desde la lucidez de la vigilia los horrores de las ensoñaciones nocturnas. Estamos a muy poco de sobrepasar el umbral del pavor que el mundo desigual nos ha legado como herencia envenenada de tiempos anteriores. Se está produciendo un desbordamiento de la realidad trasnochada que ha servido de base para la reivindicación del orden, de un orden que solo existe en la frivolidad de los ganadores de siempre y en la soberbia de quienes se creen agraciados por poseer cierto color cutáneo, por su radicación natal, o por el tipo de sexo con el que gustan pasar las noches.  

No es la primera vez en la historia que banqueros y fascistas andan de la mano y dibujan el contorno del mundo que ellos ven y trazan el futuro que desean para sí, para su prole, y para la nuestra. Lo hicieron a mediados del siglo pasado y lo han versionado en el comienzo del actual con cierto éxito. Pero insisto en que se está produciendo un desbordamiento claro de sus expectativas de un mundo regido por el mercado, el color blanco de la piel y la identidad masculina. Lo que está ocurriendo parece los primeros síntomas de un tsunami. Ya veremos.

Las manifestaciones en todo el mundo a propósito de la actividad policial racista es un desbordamiento de la brutalidad contra los negros si, pero también contra los latinos, los inmigrantes, los pobres,  y sobre todo aquel que no financie la obra social de los huérfanos del cuerpo. El BLM (Black Lives Matter) es el desbordamiento de una injustificable presión policial sobre los sectores sociales desfavorecidos, como lo fue el Me too en el caso del abuso repetido sobre la autonomía de las mujeres. Ambos movimientos están desarbolando lo que se consideraban frutos del paraíso que dios había otorgado al hombre blanco.

Aquí en España tenemos nuestra versión del desbordamiento de la radical inconsistencia entre lo que se presenta como ideal y la realidad. Vox y los cacerolos han solido acabar sus concentraciones con enardecidos vivas al rey y hasta le solicitan en una web haga la merced de tomar cartas en el asunto, disuelva el Parlamento  y hágase con el mando apoyado en el ejército. Pero la monarquía se haya un pelo atareada tratando de salvar los muebles rotos dejados por el emérito, con tribunales españoles y extranjeros soplándole el cogote y el CIS esperando la oportunidad de trasladar a los españoles la pregunta que tanto incómoda a esos seguidores de los editoriales del ABC. Vinculante o no vinculante, la respuesta a la pregunta sobre preferencias entre monarquía y república van a dejar en buen lugar hasta a Alfonso XXIII. Ni renuncias a herencias ni leches, la gente ya no cree más este cuento chino, ha sobrepasado la situación.

Existen otros síntomas de ir a más que amplifican la toma de conciencia. El modelo de relaciones internacionales basado en el derecho universal quedó quebrado por la estupidez insana de Bush, Blair y Aznar y la avaricia de la industria petrolera global con jeques y prohombres tejanos dictándonos cómo había de ser vivida la vida, sin injerencia en sus asuntos y sin amenazas de tribunales o de agencias internacionales dedicada a la vigilancia de los actos honestos. De aquello a denunciar a la OMC, China, la ONU, la OMS, el tribunal de la Haya, etc, etc solo había un paso que primero dio Trump y luego han copiado otros. Pero también a nivel de relaciones internacionales se produce un desbordamiento de esa huida de las responsabilidades respecto de temas globales más allá del comercio. Está el cambio climático, el avance de la ciencia, la coordinación de programas de alimentos, el cambio de paradigma tecnológico o el tratamiento de los flujos migratorios.  Una parte importante del mundo soliviantado ve Europa como un camino a seguir. Las dificultades de construcción de una estructura administrativa eficiente (y más justa) no dañan el reconocimiento del humanismo universalista contenido en su propia definición, al que creo acabaran sumándose otros espacios políticos. Las reivindicaciones globalistas están sobrepasando la capacidad de respuesta nacionalista.

Y, en fin, hasta en la maltratada América Latina las clases sometidas se encuentran ya en marcha para desbordar su particular cáncer neoliberal, el Lawfare lanzado contra líderes populares como Evo o Lula, que aquí estudian con desvelo algunos tribunales sin apercibirse que sobre ellos también asciende la ola. 

Desbordamiento: primeros síntomas
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