miércoles 19/5/21

Portugal caerá, pero ¿es Alemania realmente un modelo?

El Gobierno portugués ha caído ante el rechazo de la oposición a aceptar un nuevo plan de ajuste. Actitud sin duda oportunista porque si ganan las elecciones tendrán que aplicarlo corregido y aumentado. En estas circunstancias es difícil que Portugal escape a tener que solicitar la ayuda del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Más que una ayuda, se considera un estigma que hay que evitar.

El Gobierno portugués ha caído ante el rechazo de la oposición a aceptar un nuevo plan de ajuste. Actitud sin duda oportunista porque si ganan las elecciones tendrán que aplicarlo corregido y aumentado.

En estas circunstancias es difícil que Portugal escape a tener que solicitar la ayuda del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Más que una ayuda, se considera un estigma que hay que evitar. Pero después de Grecia e Irlanda, Portugal puede continuar la historia de los países europeos derribados como las fichas del dominó, por una razón bien sencilla: ningún plan de austeridad y de rigor, por más severo y doloroso que sea, puede restablecer la solvencia de un Estado que ha perdido la confianza de sus acreedores. Por eso tiene que acudir a una ayuda financiera basada más en la confianza política y en la solidaridad de sus socios en el euro que en la lógica especulativa del mercado.

Para que esta ayuda se pueda prestar de forma estable, al final Alemania ha aceptado ampliar y hacer permanente el Fondo de ayuda a países en dificultad (FESF). Después de haber casi precipitado a la zona euro a una grave crisis, parece que el Gobierno alemán se ha dado cuenta de que la supervivencia del euro exigía ayudar a los países en dificultad para financiar su déficit, sin lo cual las consecuencias serian dramáticas, no solo para ellos sino para toda la zona euro, Alemania incluida.

Esa ayuda no era demasiado generosa, puesto que no se trataba de subvenciones a fondo perdido sino de préstamos a un tipo de interés bastante elevado, entre el 5 y el 6%.

Pero la idea de que los laboriosos alemanes iban a “pagar” por los países del Sur provocó un verdadero rechazo en la opinión pública alemana, azuzada por los medios populistas. Por ello, el gobierno de Merkel ha condicionado la continuidad y la ampliación del FESF a la aprobación de un nuevo pacto de competitividad, o “pacto por el euro” que debe ser aprobado en el próximo Consejo Europeo.

Este pacto, que se añadirá al Pacto de Estabilidad y Crecimiento con sanciones aumentadas y más automáticas, plantea un conjunto de medidas sobre fiscalidad, pensiones, salarios y déficits que equivalen a imponer a todos los países europeos la draconiana austeridad que Alemania lleva practicando desde hace diez años.

Este proyecto marca, desde luego, la voluntad de ir más allá en el proceso de integración europea a la vez que abre la posibilidad de una Europa a varias velocidades. La armonización de la base del impuesto sobre sociedades es una medida largamente reclamada y, desde luego, necesaria para evitar el dumping fiscal en el Mercado único. Hasta ahora fue rechazada porque significaba entrar en una competencia reservada a cada país, pero ahora esta resistencia se ha vencido.

Pero el contenido del pacto ,centrado en el concepto de competitividad por los costes ,tiene el riesgo de obligar a los países en crisis a nuevos retrocesos sociales .Y avanza en una dinámica de integración a través de reglas que limitan la capacidad de acción nacional sin crear una nueva capacidad de acción al nivel europeo .No se trata de crear un “gobierno “europeo, capaz de adoptar cuando sean necesarias decisiones de carácter discrecional, sino más bien de ampliar a otros ámbitos el conjunto de reglas restrictivas que el Pacto de estabilidad establecía para la política presupuestaria

La gran cuestión que se abre ahora es si el “modelo alemán” es tan buen modelo como su capacidad exportadora parece indicar. Y si es trasladable al conjunto de Europa.

Ambas cosas son muy discutibles. Para que alguien exporte alguien tiene que importar y los excedentes comerciales de Alemania son la contrapartida de los déficits de los demás países europeos. Hasta hace poco Alemania conseguía dos tercios de su superávit comercial con sus socios europeos. Durante la última década, 2/3 de las exportaciones alemanas se han dirigido hacia los demás países de la Unión Europea, mientras que solo 3/5 de sus importaciones venían de allí. Si toda Europa hubiese aplicado las políticas de austeridad alemanas el resultado hubiese sido una grave recesión. Y ese riesgo todavía existe.

Ahora las exportaciones alemanas en la zona euro han caído del 60 al 40 % debido al aumento de las exportaciones al este de Europa y a los países emergentes. Pero también las importaciones provenientes de los países del euro han caído de manera que el 60 % del excedente comercial alemán se sigue obteniendo de su comercio con los países del euro. Como consecuencia de estos excedentes comerciales y del débil crecimiento de la economía alemana, los flujos de capital alemán han alimentado el excesivo endeudamiento de los países del Sur.

Suena raro hablar del débil crecimiento alemán, pero la realidad es que, a pesar del fuerte crecimiento post-crisis, el crecimiento del PIB alemán ha sido solo del 1,4% en media anual entre 1996 y el 2008 y del 0,9% en media durante la última década, frente el 2,2% de Francia y el 1,2% de la zona euro excluyendo Alemania.

El gran debate en Europa estos días es si la capacidad exportadora alemana es debida a la contención de sus costes salariales, muy fuerte durante los últimos diez años, o si se debe a otros factores más estructurales.

Un debate donde pasión y razón se mezclan, y donde se utilizan datos al gusto e interés de cada cual. Pero lo cierto es que en Alemania la pobreza, la precariedad y las desigualdades han crecido explosivamente en los últimos años. Las políticas sociales y fiscales de los últimos diez años, en buena medida responsabilidad de los gobiernos socialdemócratas, han aumentado las desigualdades salariales y en general, la desigualdad de la renta después de su redistribución. Según Eurostad, el crecimiento de la desigualdad durante los años 2000 solo ha sido menor en Rumania y Bulgaria.

La inversión en infraestructuras materiales e inmateriales, educación incluida ,ha caído y su demografía esta en un estado crítico.

Las empresas alemanas han desarrollado una estrategia de deslocalización en los países del Este para reducir sus costes. En parte debido a esto, Alemania es el país que menos empleo ha creado en los últimos veinte años entre los 15 que formaban la UE antes de la ampliación. Y 2,5 millones de personas trabajan por 5 euros a la hora en un país que no tiene todavía salario mínimo.

De todo esto hay que hablar cuando se habla del “modelo alemán” y de la actitud hacia Europa de los alemanes. Una actitud plasmada en el contenido del “pacto por el euro” recién aprobado por el Consejo el día siguiente de la caída del gobierno portugués. Al análisis de ese plan habrá que dedicar las siguientes crónicas, esperando que, al filo de la crisis, la crisis portuguesa no se extienda a España. No hay razones objetivas para ello, pero los mercados ya han dado suficientes pruebas de su falta de objetividad.

Portugal caerá, pero ¿es Alemania realmente un modelo?
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