domingo 20/6/21

Los sindicatos y la izquierda ante el 23F laboral del PP

La llamada reforma laboral de febrero (RD-L 3/2012) del Gobierno del PP supone dinamitar todo el derecho laboral acumulado a lo largo de dos siglos de lucha de los trabajadores, de los asalariados.

La llamada reforma laboral de febrero (RD-L 3/2012) del Gobierno del PP supone dinamitar todo el derecho laboral acumulado a lo largo de dos siglos de lucha de los trabajadores, de los asalariados. Todo ha sido laminado: la negociación colectiva desaparece, la destrucción de derechos sobre salarios, condiciones de trabajo, lugar de trabajo, quedan al albur de los llamados empresarios, que se convertirán en meros capataces; los costes de despido de 45 días por año trabajado pasa en la práctica a 20 para los nuevos contratos y para los viejos una mezcla con hasta 12 meses de máximo –esto no se ha destacado lo suficiente-; los ERES sin autorización previa; los llamados cínicamente contratos indefinidos para emprendedores –no se dice qué es un emprendedor- con ¡un año de prueba sin derecho a indemnización! Nada han respetado estos golpistas de lo laboral del Gobierno del PP. Es muy posible que haya aspectos anticonstitucionales porque los golpistas no miran la Constitución para sus fechorías. Todo esto es lamentable, pero exige una reflexión sobre el próximo pasado de sindicatos y partidos de izquierda que representan –o debieran representar- la izquierda sociológica. Todo lo justifica el Gobierno del PP porque creen –la derecha siempre con la creencia en lugar de la ciencia- que se va a crear empleo. Y sin embargo nuestra historia y la de la mayor parte de los países dice que el empleo con derechos se crea cuando crece la economía. Al menos eso ocurre al 80% de la responsabilidad del crecimiento. Incluso cuando se pone el ejemplo de Alemania, se omite que hay casi 5 millones de empleos –los famosos minijobs- que lo son sin derechos laborales o con discriminación de derechos respecto al resto. Con la lógica neoliberal del PP y de la derecha europea no me cabe duda que si llegáramos a la esclavitud no habría paro. Pero para iniciar o detener al menos la espiral contractiva en la que nos internamos deberían cambiarse ideas y personas, economistas y políticos zoquetes que gobiernan las instituciones clave europeas, ya que no se pueden cambiar –eso sólo lo hacen los fascismos- a las clases populares conservadoras que votan a estos cenutrios empeñados en reducir el gasto público para que les cuadren las cuentas públicas. Si todos los países se olvidaran de sus déficits y se propusieran como primera meta para el año 2012 que la demanda agregada no fuera inferior a la del 2011, los llamados mercados no les quedaría más remedio que seguir apostando en Europa porque eso aumentaría la solvencia de sus deudores –los Estados-, aunque perdieran liquidez a corto. Están en medio del dilema del prisionero, son también prisioneros de su estulticia cuando se creen sus guardianes. Volviendo a la reforma-destrucción del derecho laboral de febrero del Gobierno del PP, la cosa queda de tal manera que debe obligar a una reflexión de más hondo calado a los sindicatos, tanto sobre su papel en el pasado como en el próximo futuro; también la izquierda política. Veamos algunos cambios y reflexiones obligadas ante el tsunami de destrucción masiva del PP.

1) Las medidas del PP obligan a pensar que durante demasiado tiempo el binomio, los dos railes de la negociación-presión de la que hablaba Marcelino Camacho, quedó sesgada hacia la negociación. Apenas unas semanas antes de la destrucción del derecho laboral español de febrero, los sindicatos y las patronales habían firmado un acuerdo de moderación salarial. Yo lo consideré un error porque, además de que la contraparte, es decir, la de las ganancias, no puede controlarse ni moderarse, ello suponía una disminución de la demanda agregada porque las rentas salariales son el componente más estable de esta demanda. Ahora ese acuerdo es papel mojado, un guijarro que se ha llevado la ola golpista laboral del PP. Que el PP se haya atrevido a tanto demuestra el poco miedo y respeto que tiene al mundo del trabajo, especialmente al asalariado. En mi opinión los dos sindicatos mayoritarios deben pensar y rectificar esa estrategia que pone en pie de igualdad, en equidistancia, la negociación y la presión sindical, de tal forma que ha de ocurrir en el futuro que la causa de la negociación sea siempre la lucha por las mejoras de las condiciones laborales y de vida -¡también de vida!- de los asalariados. Negociación sin lucha previa es visitar el matadero. No debe importar que la derecha mediática, los órganos de expresión del PP como el ABC o El Mundo, algunas televisiones autonómicas, se vuelquen contra los sindicatos. Eso hay que darlo por descontado y por bienvenido. La derecha debe temer a los sindicatos, tanto si están en el momento de la negociación como en el de la lucha, pero esto ocurrirá si la primera es efecto de la segunda.

2) Los sindicatos y los sindicalistas deben ser ejemplares en su comportamiento. No me refiero al privado, mejor dicho, al familiar, sino al sindical. Un punto problemático ha sido el de los liberados. Aquí se han cometido errores que la derecha mediática, que tanto añora el franquismo, lo ha aprovechado. Los sindicalistas no debieran formar parte de Consejos de Administración de ningún tipo y menos cobrar por ello. Cuando hubiera aquí –como ocurre en Alemania- cogestión en la empresa, sí sería aceptable e, incluso, necesaria, pero con sueldos o dietas modestas y justificadas por su dedicación. En todo caso los líderes sindicales deberían estar fuera de todo esto y si se viera la conveniencia porque la ley lo permitiera de la presencia sindical en la gestión –no sólo en los “consejos”- de empresa privadas y públicas, debería darse a técnicos dependientes de los sindicatos, con conciencia de que su labor ha de ser sesgada hacia lo social y con la obligación de dar cuenta a los sindicatos que les han nombrado. La mujer del Cesar, además de ser fiel, ha de parecerlo. No importa –al contrario- que los golpistas laborales del PP y sus corifeos mediáticos ataquen a los sindicatos con mentiras, siempre que sean mentiras en su totalidad.

3) Un punto descuidado absolutamente –es mi impresión- es la sociología electoral de la derecha. Una parte del voto del PP es un voto obrero, de asalariados, es decir, es un voto pleno de estulticia, como ahora se ha podido comprobar. Los asalariados que han votado al PP se han pegado un tiro en los pies –por no decir en los huevos, dado que es una expresión machista-, es un voto contra sus intereses. Los sindicatos deben poner en evidencia esa estupidez, sobre todo ahora que ya se ha demostrado que lo es. Creo que hay que ir más allá y precisar cuál es el sujeto sociológico que sustenta a los sindicatos. Dice el refrán que quien mucho abarca poco aprieta. Los sindicatos deben contar con quien demuestra que quieren cobijarse bajo el amparo de su acción sindical, incluso aunque no compartan sus ideas y postulados en su totalidad. Es decir, lo contrario de lo que pareciera dictar el sentido común. Los sindicatos debieran buscar en las organizaciones de autónomos, pensionistas, parados, jóvenes que aún no han tenido su primer empleo debiera, sus aliados, pero desde la autonomía de las partes, sin intentar engullirlos, porque los intereses de todos ellos –incluidos los de los asalariados- no son exactamente los mismos; tratar de buscar lo que les une para la acción común. No se trata de volver a un mero obrerismo, sino de reconocer que ideas e intereses de todos ellos no son conjuntos disjuntos, pero tampoco son coincidentes al 100%, no son el mismo conjunto. Más vale unas buenas alianzas que una unidad insulsa. Aunque no lo crean muchos sindicalistas, son casi mayoría de autónomos, pensionistas y parte de los asalariados que les gustaría ver desaparecer a los sindicatos, y aquellos no son la burguesía precisamente.

4) Más difícil lo tiene el partido que representa la izquierda sociológica mayoritaria del país, es decir, el PSOE. Las medidas de mayor del 2010 y posteriores le han hecho perder varios millones de votos, aunque no sean todos los 4.300.000 votos perdidos de las últimas elecciones generales. El PSOE de Zapatero ha dado importantes avances de los derechos llamados civiles como la ley del aborto según plazos, el matrimonio homosexual, o que afectan al Estado de Bienestar como la ley Dependencia, pero se quedó ahí. Además, cuando sobrevino la crisis, la Merkel y los mercados, no supo enfrentarse a ellos y lo que hizo fue dejarse llevar por esa corriente. Las medidas de mayo del 2010 y posteriores fueron la puntilla, aunque tuviera el aliento de los llamados mercados en el cogote. Ni siquiera fue capaz de escenificar su discrepancia, suponiendo que la tuviera. Pero la cosa tiene más calado. En España están muchas cosas por hacer. En primer lugar España está a casi 10 puntos de media de participación del gasto público de la media comunitaria y a más si hablamos de gasto social, y sin dinero no se puede avanzar ni cambiar nada; en segundo lugar, España tiene un problema con la memoria histórica, con los herederos de los franquistas y falangistas que asesinaron a unos 200.000 españoles ¡con la guerra acabada! y durante más de un decenio. Lo del juez Garzón es un reflejo del poder de los herederos del franquismo en las instituciones. El PP es en sí mismo un gigantesco rescoldo del franquismo que, no sólo no se apaga, sino que gana elecciones. La izquierda en general debe tomar el toro por los cuernos de las reparaciones históricas, de la condena de los franquistas, de sus herederos y de sus justificadores, de la anulación de los juicios durante la in-civil guerra y durante los 40 años que gobernó el genocida gallego. No se hizo con el carlismo y aún tuvo su Montejurra con Fraga como ministro después de más de siglo y medio desde su nacimiento. El tercer problema: conversión del PSOE de un partido socioliberal o meramente neoliberal en lo económico a un partido socialdemócrata -¡qué menos!-. Ello supone un compromiso en y con la defensa del Estado de Bienestar desde lo público, sin concesiones a lo privado, sin privatizaciones, ni siquiera de la gestión, es decir, una verdadera alternativa a lo que están haciendo el Más en Cataluña, la Espe en Madrid o la Cospe en Castilla-La Mancha con la sanidad pública (hasta ahora) y la educación. Debe hacer creíble el PSOE que es una alternativa. Y lo tiene difícil porque el nuevo líder oficial del socialismo español debe hacer en algunos casos lo contrario de lo que hicieron los gobiernos en los que participó. Cuarto problema milenario: la influencia de la iglesia católica en los ámbitos civiles y públicos. La izquierda -y específicamente el PSOE- deben tomar el miura de la enseñanza concertada de curas y monjas y pasarla a la pública, para que haya sólo dos tipos de enseñanza: la privada –hasta cierto punto inevitable- y la pública, al igual que en el resto del mundo. Los curas a las iglesias y a los púlpitos y sólo a ellos. El que quiera religión que vaya a las iglesias o centros de culto y que se la pague. Ahora ya no podrán ser colaboradores necesarios de los golpistas del 36 donde, si tienen razón con lo del Infierno, ahí estarán quemándose eternamente. Un quinto problema: colocar la ciencia y la cultura españolas hasta el máximo de sus posibilidades. Es también un fracaso secular. El PSOE ha dado muchos avances –casi todos- pero falta presupuesto y ahora el PP lo ha recortado y más que lo va a hacer. La ciencia es el mejor antídoto de la creencia, el conocimiento y la cultura frente a las religiones, sus interpretes y supporters ; aún son más en España los que rezan que los que piensan. Un sexto problema es el de hacer compatible el Estado de las Autonomías con una sanidad pública y una educación pública universal, gratuita y no discriminatoria según territorios. No tenemos ya un Sanidad Pública de estas características, sino 17 sistemas de salud públicos, con la particularidad de que algunos están en tránsito hacia lo privado. Es hora de repensar lo de las competencias entre la Administración Central del Estado y las Autonomías.

Hay más problemas, pero con estos ya tienen tajo sindicatos y partidos de izquierda para el próximo quinquenio.

Los sindicatos y la izquierda ante el 23F laboral del PP
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