domingo 9/5/21

La Sanidad Pública tras la victoria del PP

Los resultados de las elecciones del 20 de noviembre plantean serios interrogantes a la Sanidad Pública en España.

Los resultados de las elecciones del 20 de noviembre plantean serios interrogantes a la Sanidad Pública en España. Por primera vez un partido de derechas tiene el poder en el gobierno central y en la mayoría de las omunidades autónomas (con excepción de Andalucía con unas elecciones en ciernes, País Vasco con un gobierno minoritario, Canarias y Navarra con unas coaliciones donde el PSOE no es imprescindible y Cataluña con el gobierno de CiU que tiene en política sanitaria unas posiciones mas agresivas y liberalizadoras.

¿Que va a pasar?. Por supuesto jugar a las adivinanzas no tiene mucho sentido, máxime cuando probablemente la respuesta se despeje en un plazo relativamente breve, sin embargo merece la pena hacer dos consideraciones, la primera tiene que ver con cuales son los objetivos últimos de la política neoconservadora o neoliberal en cuanto a la sanidad y la segunda con que escenarios son previsibles para su desarrollo.

La primera cuestión esta bastante clara. Desde la época de Thatcher y Reagan la ideología neoliberal ha partido de la base de que es necesario adelgazar el Estado y hacer que sean las personas las que individualmente asuman los riesgos de su vida, también de su salud. Consecuentemente se propugnó el desmantelamiento de los sistemas de bienestar y la puesta en funcionamiento de un modelo de sociedad donde el mercado asume la totalidad de la provisión de bienes y servicios y, lógicamente, el acceso a los mismos esta mediatizado por la capacidad económica de cada persona. La idea de que el mercado es el mecanismo mas eficiente de asignación de recursos en todos los ordenes de la sociedad se ha hecho cada vez mas hegemónica y predominante, y para ello se ha producido un ataque sistemático a los principales enemigos de este modelo teórico: los sistemas de protección social por burocráticos e ineficientes, las redes y organizaciones de solidaridad y de modulación de los ataques del capitalismo salvaje (los sindicatos y otras organizaciones sociales) y los sistemas de organización social y política capaces de poner trabas a la voracidad insaciable de los mercados (los sistemas de organización política, las administraciones publicas, y los políticos identificados con corrupción, como si el mundo empresarial no fuera el origen y la principal fuente de corrupción e ineficiencia en nuestra sociedad).

En cualquier caso hay que ser conscientes de que en Sanidad este proceso se ha producido con una gran flexibilidad y capacidad de adaptarse al terreno concreto, las circunstancias de cada país, lo que hizo que mientras que en los países con sistemas sanitarios públicos se hiciera hincapié en la ruptura de la integralidad de los mismos introduciendo mercados internos, desregulación y empresarización de los centros sanitarios, en los sistemas mas liberalizados se fomentaran copagos, subvenciones al sector privado, disminución de las coberturas públicas, etc.

En España los objetivos son bien conocidos y se pueden concretar en desregular los servicios sanitario públicos favoreciendo pseudomercados y/o mercados internos, incentivar la presencia del sector privado dentro del Sistema Nacional de Salud (concesiones administrativas, PFI, etc) aunque sea a costes exorbitantes, recortes de los presupuestos públicos para deteriorar la Sanidad Pública (conscientes de que uno de los principales obstáculos a la política privatizadora es el convencimiento generalizado de la población y de los profesionales que la calidad de la atención sanitaria es significativamente mejor en el sistema público, no tiene precio la imagen de Esperanza Aguirre acudiendo a un hospital público cuando creía que tenia un grave problema de salud ), establecimiento de copagos, favorecer el aseguramiento privado (CiU no para de señalar como uno de sus objetivos la desgravación fiscal de las pólizas de seguros privados) y en fin segmentar la asistencia sanitaria con un sector privado que atienda a las clases altas y media-alta y el establecimiento de una nueva beneficencia para los sectores de asalariados con menor poder adquisitivo (recuérdese que mas del 60% de los asalariados cobra menos de 1000 euros/mes), parados y pensionistas.

Hay una especial insistencia en establecer el copago que a primera vista no se entiende bien porque hay muchísima evidencia que no contiene el gasto, que es incapaz en discriminar la demanda apropiada de la inapropiada y que tiene efectos muy negativos sobre las personas mas enfermas y con menos recursos. Siendo así ¿Porqué hay tanto interés en ponerlo en marcha? Hay al menos tres motivos evidentes: primero se quiere mercantilizar la atención sanitaria y acabar con su carácter solidario y redistributivo para convertirla en un producto mas de consumo, en una mercancía, y ya se sabe que el acceso a las mercancías esta ligado a la capacidad económica de cada uno, y a la capacidad de pago directo y no a las necesidades de salud; segundo, porque establecer sistemas de pago en el acceso a las prestaciones sanitarias favorece a los seguros sanitarios por dos vías, porque comparativamente se vuelven mas baratos y porque se pueden articular seguros privados que cubran estos copagos, y tercero porque el ruido sobre el copago crea una cortina de humo sobre los despilfarros del gasto sanitario, es decir sobre el elevado gasto farmacéutico y la sobreutilización tecnológica que son los problemas reales de nuestro sistema sanitario.

¿Qué escenarios son previsibles?. Básicamente dos aunque es obvio que al final puede concretarse una combinación de ambos.

Estaría el que podría denominarse vía rápida de transformación del sistema sanitario, que abordaría el cambio de la Ley General de Sanidad para arbitrar un sistema dual de seguros/beneficencia y/o el establecimiento de copagos generalizados (farmacéutico, consultas, hospitalización, etc.). Es, seguramente, lo que quieren algunos sectores del PP, los mas neoliberales (Esperanza Aguirre, FAES, etc) y obviamente la actual mayoría parlamentaria se lo permite a nivel legal. El principal problema, desde la óptica del PP, es que promovería una amplia contestación social y uniría a la mayoría de las fuerzas a su izquierda, con evidentes repercusiones en las elecciones andaluzas. De todas maneras no puede descartarse porque el PSOE parece estar noqueado, con poca capacidad de respuesta, y la ofensiva mediática para favorecer y encubrir este tipo de actuaciones esta siendo muy potente.

La otra opción, la vía lenta consistiría en actuaciones en las diferentes comunidades autónomas de naturaleza distinta, pero convergentes y complementarias (privatizaciones, recortes, externalizaciones, copagos menores en temas secundarios, etc). Paralelamente, se avanzaría en la promoción del aseguramiento privado con fuertes desgravaciones fiscales a quienes contraten estos seguros. Esto permitiría sacar a una parte importante de la clase media (es además el sector más importante económicamente e influyente políticamente) y dejaría un sistema público débil y descapitalizado para los sectores sociales más débiles de la clase trabajadora, resucitando el concepto de beneficencia (ya lo dijo Olof Palme “un servicio para pobres será siempre un pobre servicio”). Esta opción plantearía como principal limitación, desde la óptica del PP, el que tardaría mas tiempo en cambiar la situación y que esta sujeta a muchas mas incertidumbres. Las ventajas desde ese mismo punto de vista es que pasa más desapercibida y que puede presentar diferente intensidad según comunidades autónomas y las respuestas que provoque. Puede ser la estrategia más factible y de hecho es la que ya está en marcha en muchas comunidades autónomas.

No es nada improbable que acabe produciéndose una combinación de ambas estrategias , además con intensidad variable dependiendo de los territorios concretos, del predominio de las familias que hay dentro del PP, y de la respuesta social que encuentren estas medidas

Desde la perspectiva de quienes defendemos el sistema sanitario público quedan cuatro ejes de trabajo en los que hay que avanzar, sin descuidar ninguno de ellos porque son complementarios. Uno es el científico–técnico, que tiene que ver con el seguimiento y evaluación de las privatizaciones y la política neoliberal, desvelando las debilidades que presenta en el marco teórico y analizando sus repercusiones sobre la salud y sobre el funcionamiento de los servicios sanitarios; el segundo es el profesional, que debe de analizar las consecuencias sobre los profesionales de la política privatizadora, tanto en cuanto a sus condiciones de trabajo como sobre la propia practica profesional y la calidad de la misma; el tercero es el social, potenciando una amplia alianza de todos los sectores políticos y sociales que se enfrentan a la privatización, y el cuarto y no menos importante, es el internacional, porque los problemas y las soluciones no se circunscriben a España y hay que darles respuesta desde un marco mas amplio que permita avanzar en alternativas globales a lo que es una estrategia global de desmantelamiento de los servicios sanitarios públicos. Se trata de una tarea dificultosa y llena de problemas, pero que puede y debe de afrontarse con flexibilidad y tenacidad, aunando los esfuerzos de todos los agentes, porque es muy importante lo que esta en juego, un sistema sanitario público universal y de calidad.

La Sanidad Pública tras la victoria del PP
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