viernes 18/6/21

El Sr. Lara, soberanía política y soberanía económica

Vaya por delante que no considero a José Manuel Lara del grupo Planeta una persona con demasiada autoridad para dar muchos consejos de prudencia y diálogo.

Vaya por delante que no considero a José Manuel Lara del grupo Planeta una persona con demasiada autoridad para dar muchos consejos de prudencia y diálogo.

Que el propietario y editor de La Razón, uno de los medios que más hace para alimentar el clima de crispación social y de conflicto entre Cataluña y España, le pida al Gobierno español y catalán que practiquen el diálogo es como si un pirómano hiciera declaraciones pidiendo política preventiva frente a los incendios.

Lara no es sólo el editor de La Razón, lo es también de Antena 3 y durante unos años lo fue del diario Avui, en el penúltimo intento de mantener con respiración asistida a un medio que ha sido todo un símbolo de prensa catalana y en catalán y también todo un símbolo de proyecto empresarial ruinoso. Tan ruinoso que fue el estado español el que posibilitó su salvación, cuando Lara exigió hacerse cargo de las acciones del Avui sin mochila. Y ésto conllevó negociaciones políticas para que la Seguridad Social y la Hacienda Pública renunciaran a exigir la deuda a los nuevos empresarios –Lara y Godo entre ellos– lo que nunca han aceptado ni la Seguridad Social ni Hacienda, cuando se trata de un caso de subrogación empresarial. Que quede claro que estos comentarios de paso no pretenden diluir su responsabilidad en el clima de crispación creado en la sociedad. Sólo pretendo poner de manifiesto la complejidad del mundo en que vivimos y los riesgos de simplificar realidades que son muy complejas.

Una vez que ha quedado claro cuál es la autoridad que me merece el Sr. Lara, dejadme añadir que las últimas declaraciones que ha hecho nos deberían hacer pensar. Llevan por título: "Planeta no tendrá que ir a Cuenca por la independencia de Cataluña, sino a Luxemburgo por el IVA digital"

Más allá de las intenciones del Sr. Lara, sus declaraciones nos deberían hacer pensar un poco. Sobre todo los que hacen una identificación automática y simple entre un determinado modelo de Estado y la soberanía política.

En estos niveles de globalización económica el debate no es entre dos, los Estados nacionales del siglo XX y las naciones sin estado que pretenden serlo en el siglo XXI. Tenemos un tercer actor más potente que ambos, que son los mercados financieros globales. Y ante esto quizás deberíamos reflexionemos sin muchos simplismos.

Sin duda, disponer de estructura de Estado ofrece más instrumentos políticos para hacer frente a los retos de la globalización de manera autónoma, pero ni de lejos garantiza la única soberanía real, que es la soberanía económica frente a los mercados financieros y una economía globalizada.

Y ese es el principal reto hoy de las sociedades y de la democracia. Cómo hacer de la construcción política de Europa el instrumento de gobernanza de la globalización económica. Y ésto pasa, entre otras cosas, por la armonización fiscal que dificulte el “dumping” social entre Estados. No perdiendo de vista que a más Estados y más soberanía política teórica para regular la fiscalidad, más riesgos de “dumping” fiscal y más posibilidades de que la única soberanía real, sea la de los mercados.

Las sociedades tienen derecho a ilusionarse, en el sentido de creer y tener ilusión en algo, especialmente en momentos de gran desconcierto como los que vivimos. Pero sería bueno que la ilusión no tuviera forma de ilusionismo, que es una de las formas como se llaman a los juegos de magia.

Sólo con reflexiones serenas que huyan del simplismo y la simplificación, que no sitúen los debates en terreno casi religiosos podremos evitar caer en una gran frustración.

Porque hay dos cosas con las que deberíamos coincidir la inmensa mayoría de la sociedad catalana. Que tenemos el derecho a decidir qué tipo de sociedad queremos y cómo la queremos organizar políticamente. Y que este ejercicio democrático a decidir es un medio para conseguir un fin, una verdadera soberanía de la ciudadanía catalana ante cualquier otro poder, sea económico y político. Sabiendo, para no hacernos trampas al solitario que vivimos en un mundo de soberanías compartidas.

Ya sé que las declaraciones del Sr. Lara tienen morbo por otras cosas, pero en su condición de gran empresario, propietario de SICAVs, propietario de medios de comunicación, nos ha puesto sobre la mesa un debate que, en mi opinión es el debate.

El Sr. Lara, soberanía política y soberanía económica
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