sábado 6/3/21

¿Quién debe capitalizar las Cajas?

nuevatribuna.es | 26.01.2011Sin entrar en matizaciones más complejas, el RCC (Ratio Core Capital) es la relación que existe entre los fondos aportados por los propietarios de una sociedad, más las reservas acumuladas y las deudas contraídas por esa entidad, que en el caso de las entidades financieras se concretan en los activos ponderados por riesgo.

nuevatribuna.es | 26.01.2011

Sin entrar en matizaciones más complejas, el RCC (Ratio Core Capital) es la relación que existe entre los fondos aportados por los propietarios de una sociedad, más las reservas acumuladas y las deudas contraídas por esa entidad, que en el caso de las entidades financieras se concretan en los activos ponderados por riesgo.

El Gobierno de España ha decidido elevar dicha relación para los bancos y cajas de ahorro a un mínimo del 8%.

Esa medida sin duda alguna es buena. Da más solvencia, más garantías, más confianza y más estabilidad al sistema financiero y ayuda a que el dinero que nos prestan del exterior sea menos caro (o más barato, como se prefiera). Es decir, cuanto más dinero se tenga para responder inmediatamente a las deudas contraídas, mejor.

Frente al maremagnum de cifras distintas que se han publicado (intencionadamente, por supuesto), la vicepresidenta Elena Salgado, con la información “oficial” analizada, ha fijado la necesidad de sumar 20.000 M.€. al capital del que actualmente disponen las entidades.

Hasta aquí todo correcto. Las preguntas ahora son ¿cómo pueden conseguir esa cantidad las cajas y bancos hasta septiembre? ¿cuál es la fórmula idónea?. A la primera pregunta la vicepresidenta Salgado dice con claridad que “con cualquiera de las fórmulas que están previstas”. A la segunda pregunta obviamente no responde, corresponde a cada entidad tomar sus propias decisiones, de acuerdo con su situación concreta y sus compromisos con terceros, como el FROB.

Los bancos y cajas tienen varias opciones de acuerdo con la legislación vigente y, sobre todo en el caso de las cajas, después del Real Decreto 11/2010 de 1 de julio.

En el caso de no conseguirlo, el Gobierno aporta más garantías. Está dispuesto a comprar acciones de un banco. Cabe preguntar en este terreno si el Gobierno considera que sólo las acciones tienen garantía suficiente y si las cuotas participativas con derechos de representación, aprobadas en julio del 2010, ya no son válidas. Si es así habría que explicitarlo.

El Gobierno está en su derecho de considerar eso, además no obliga a las cajas a emitir acciones ahora, sino que les da un margen de 6 meses para aumentar su capital como ellas consideren.

Salvando incluso este hecho y considerando que se puedan emitir, tanto cuotas participativas, como acciones, ¿dónde o a quién acuden las cajas de ahorro para conseguir el capital que necesitan y llegar al 8,9 o 10% de “core capital”?.

Pueden acudir a Bolsa las que hayan constituido banco y confiar en que alguien las compre, pero antes hay que hacer todo un proceso de análisis real de cuanto vale una caja, para poner el precio por acción. Esto, como todo, se puede hacer bien o deprisa y corriendo, como se ha venido haciendo, dado que no se acometieron estos problemas, ni hubo control de la morosidad por parte del Banco de España y del Ministerio de Hacienda a su debido tiempo.

Por otra parte, no parece que las Bolsas de Valores estén muy animadas a Ofertas Públicas de Venta, ni que sea ahora (o en los próximos meses) el mejor momento para exponerse a dar ese paso.

Por todo ello, aparte de las ventas de activos para los que haya compradores, considero que en estos momentos difíciles, pero al mismo tiempo cargados de buenas previsiones y resultados positivos para los próximos años y una vez culminado el proceso de saneamiento que ya está en marcha, las cajas deben acudir fundamentalmente a pedir el apoyo y su capitalización a los que las han llevado adelante durante muchos años y consolidado como el 50% del sistema financiero español: sus trabajadores y sus clientes.

Emisiones de activos financieros para esos sectores demostraría, en primer lugar, el interés real por mantener o no el actual modelo jurídico de las cajas de ahorro.

Evidentemente, hay otras opciones, ofrecer la adquisición de un porcentaje significativo del capital al que se valore cada caja y entregarles (o no) la gestión de las mismas a fondos de inversión de Londres, Qatar, Oslo o China, públicos o privados, o incluso a los grandes bancos españoles.

Todas las opciones son legítimas, pero reconozco que unas me gustan más que otras. Sin duda, la respuesta que se va a dar a la propuesta de acudir a los actuales “accionistas” de las cajas que son sus clientes y sus trabajadores, va a ser un “mantra” que se repetirá sin cesar y con eso se acabará cualquier discusión: “eso no lo entienden los mercados”, “eso no lo aceptan los mercados”, “cuéntales eso a los mercados”. Recuerda mucho a aquello que dijo Agustín de Hipona: “Roma locuta, causa finita”; si bien en aquella época por lo menos sabíamos quien estaba en Roma.

La simple conversión en bancos, como parecen animar las autoridades, con todo el respeto hacia estas entidades, no garantiza tampoco la supervivencia y los buenos resultados. Por sólo citar un ejemplo, el Banco de América ha perdido en 2010, 2658 Millones de € y en 2009 “sólo” perdió 1.157 Millones de €. Es posible que el 2011 gane dinero, pero sus pérdidas ahí están. Por el contrario, la mayoría de las cajas de ahorro y bancos españoles, salvo excepciones, han ganado dinero a pesar de la que está cayendo, del hundimiento del sector inmobiliario y de algunos gestores y consejeros aventureros o clientelistas.

En España son varias decenas de Bancos, desde la crisis de 1980, que han desaparecido o han sido obligados a fusionarse, con miles de trabajadores a la calle o prejubilados.

Efectivamente, habrá cajas que en este proceso tengan que desaparecer y “pagar sus pecados”, como CajaSur y alguna otra, pero aquellas que manejen acertadamente el timón por estas aguas turbulentas y cuenten con recursos propios suficientes podrán salir fortalecidas y seguir cumpliendo con sus principales objetivos: dar préstamos a las familias y empresas, conseguir beneficios para garantizar la obra social dirigida a los más desfavorecidos de la sociedad.

Juan José Azcona Olóndriz | Economista

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