sábado 12/6/21

Gabilondo de lejos el mejor presidente

En 2020 volvió a ser trágico el número de muertes por accidentes de tráfico, que ascendió en toda España a 870 personas. Miles de familiares y amistades han sufrido el golpe de la muerte en sus vidas. Detrás de cada cifra hay una historia, un relato que se rompe. La muerte por COVID, sólo  en la región de Madrid, asciende a 22.803 personas con datos que crecen en las últimas jornadas. Sólo en los tres últimos días han fallecido 76 personas. La irresponsabilidad de la gestión de Isabel Díaz Ayuso es evidente.

En este escenario es en el que Ayuso decidía la semana que termina convocar unas elecciones. Ese era el deseo público de Vox, poco aireado en los medios de comunicación, y sin ningún rubor, en su línea, Ayuso traicionaba el pacto firmado con Ciudadanos y destituía a todos los consejeros de la formación naranja. El resultado inmediato es que Madrid está gobernada por una persona cuyo partido sólo contó con el apoyo del 22,2 por ciento en las últimas elecciones regionales.

El supuesto terremoto que ha metido a la derecha en una crisis impredecible tenía su epicentro en Murcia. En aquella región, tras 26 años de Gobierno y corrupción del PP, estaba cantado tras las últimas elecciones un gobierno de Ciudadanos y PSOE, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de la capital. Este último, auténtico centro de poder y clientelismo gracias a la administración en pedanías del territorio. Fue el fracasado Albert Rivera quien impidió esa coalición por su fidelidad a la foto de Colón y porque con una miopía galopante entendió que así asentaba su futuro “a nivel nacional”, que es como siempre hablan en Ciudadanos y en el PP.

La sorpresa surgió poco después con el “tamayazo a la murciana”. Tres diputados de Ciudadanos traicionaron a su partido, incumplieron lo que habían firmado escasas horas antes y a cambio de sueldos y poder mantienen al PP en el Gobierno. Gentes que habían venido a reformar la vida política se convierten en un apéndice indispensable de las formas más corruptas y ruines que el PP históricamente utiliza, el “viejo PP” del que reniega Pablo Casado y que ahora él imita. En este circo no se puede obviar la tercera pista, la que ofrece Vox. La ultraderecha ganó en Murcia las elecciones, pero Abascal barrió a los ganadores porque le hablaron de tú a tú. El objetivo de Abascal en Murcia, como en Madrid, es la convocatoria de elecciones para no ganarlas pero para gobernar entre bambalinas mirando al futuro, sin la miopía del PP de Casado.

El viaje sin luces largas de Casado deparará un PP sin él. Con Ayuso o con Feijó pero sin él. No hace ni seis meses, Casado escenificó su ruptura con Vox: “No somos como ustedes, somos la España tranquila. No vamos a ser rehenes de lo que diga Vox”, proclamaba bajo una sonora ovación de la bancada popular en el Congreso de los diputados el día de la moción de censura de Abascal a Sánchez. “Ha quedado claro”, espetó Casado a Abascal,“a usted no le gusta el PP y a nosotros usted tampoco”. El PP va, viene y por el camino se entretiene.

ELECCIONES PLEBISCITARIAS

Cuando estas líneas están por concluir, el TSJM acaba de dictaminar que habrá elecciones a pesar de la previa presentación de sendas mociones de censura por parte de Más Madrid y el PSOE. Independientemente de este fallo, la maquinaria ya estaba a tope desde el minuto uno. Los medios de comunicación de derechas ya dan a Isabel Díaz Ayuso como presidenta. Ya han decretado su victoria pase lo que pase. Esperemos que tras el escrutinio no haya que vivir un “asalto al Capitolio” a lo castizo.

Ella misma en ABC deja claro que convoca unas elecciones plebiscitarias y que no cree en la democracia representativa: “El resultado medirá exactamente lo que opinan los madrileños de mí, sin intermediarios”. Por supuesto a la convocatoria de elecciones no le falta ningún aliño. La fecha para ir a las urnas… un día laborable. Curiosamente ningún empresario ha puesto el grito en el cielo por las miles de horas de trabajo que se pueden perder, teniendo en cuenta que cada trabajador tiene derecho a cuatro para ejercer su derecho. Lo que está claro es que los que tienen chalecos en la Sierra lo tienen más fácil.

Ayuso lleva en campaña electoral desde hace más de un año, aprovechando cualquier resquicio por inmoral que sea. Desde sus lloros en las iglesias, hasta su infinidad de salidas de tono con tres pilares fundamentales: 1) buscar (y encontrar) al Gobierno de España en sus permanentes ataques; 2) insistir en la “teoría del gazpacho”: Pablo Iglesias es igual a Ángel Gabilondo que son igual a Pablo Hasel y a Pablo Echenique y a los independentistas, es decir, socialcomunistas proetarras que van a subir impuestos y que sólo buscan lo peor para España y su unidad; 3) Buscando votos le sale a cuenta hacer una campaña específica para un público muy objetivo o “target” que se dice ahora: hosteleros y autónomos.

Ayuso cuenta con que autónomos, y concretamente el sector de hostelería, no se van a enterar de que mientras ella no ha aportado ni un euro, es el Gobierno de de España presidido por Pedro Sánchez el que está dando todas y cada una de las ayudas que reciben y que esta semana acaban de aumentar con la aprobación de entre 3.000 y 200.000 euros. El tiempo también juega en contra de Ayuso. Por eso, cuando lleguen los fondos europeos ("next generation”) ella querrá tener amarrado su poder de una forma u otra, como sucede en Madrid desde hace 26 años.

En este aliño no podemos obviar que convocando elecciones el 4 de mayo, prácticamente dentro de un mes, Ayuso-Casado impiden que el resto de partidos se planteen ni siquiera realizar elecciones primarias para que las bases elijan candidaturas. Bien es cierto que al menos quienes han presentado mociones de censura, lógicamente, cuentan con la confianza para que sus líderes presidan la comunidad de Madrid.

La cuestión es que el balance de las gestiones políticas de Isabel Díaz Ayuso es nulo, trágico y vergonzoso. La pandemia la está bandeando como Donald Trump, con muerte y  a todas luces buscando una casi imposible inmunidad de rebaño, caiga quien caiga (casi 23.000 personas ya); tras escándalos como el de las residencias; su estancia en un hotel de lujo; las pizzas y cocacolas para niños y niñas sin recursos; su fiesta en el IFEMA con Almeida y Villacís; el escándalo Zendal; la nefasta gestión de la nevada “Filomena”…, todo ello envuelto de oscurantismo en las adjudicaciones y sólo dos leyes aprobadas: la ley del suelo, que sigue en la línea de alentar el ladrillazo y la creación de una universidad privada. Hemos llegado a estas alturas sin unos presupuestos regionales cuando más falta hacen y con un PP superando con creces a Vox en propuestas ultraderechistas.

¿Y LA OPOSICIÓN?

“He perdido mi vida por delicadeza”, escribió Rimbaud. La convocatoria de elecciones es la oportunidad última para que a la oposición no le suceda lo mismo que al poeta, que le tocó vivir en esa época en que había que escribir con la pistola en la mano, en un tiempo en que hasta las revoluciones eran burguesas. Rimbaud sólo publicó una obra y debió ser musa del Atlético de Madrid por su título: “Una temporada en el infierno”, redactada tras su desastrosa relación amorosa con el poeta Paul Verlaine.

En Madrid, la ciudadanía no está para que las izquierdas se resignen. Podemos debe dejarse de inviables revoluciones de gaseosa, que la realidad apremia; Más Madrid debe dejar de mirarse al ombligo y considerar que no sólo es cosa de cantidad, sino de calidad, es decir, por un mejor Madrid. Todas las izquierdas deben dejar la obsesión por España, deben dejar de respirar en Moncloa y la Carrera de San Jerónimo, deben “matar a los padres” Sánchez, Iglesias, Errejón, el trío de machos alfa y pensar en Madrid, que no es España.

Debe ahondarse en el concepto federal de España desde Madrid y tener claras las competencias de cada administración. Ahí está radicando también uno de los grandes males del PSOE. Es inconcebible que un partido de alma federal, tenga como secretario general de la “federación de Madrid” a un delegado del Gobierno. Alguien me decía recientemente, a modo de queja, que José Manuel Franco “hace lo que le dicen desde Moncloa”, pero…, es que para eso está un delegado del Gobierno y en buena lógica y deben surgir contradicciones entre entre Delegación del Gobierno y la Secretaría General del PSOE de Madrid.

El PSOE es partido centenario y lleva ya 26 años en la oposición madrileña. Evidentemente Ángel Gabilondo no es Rimbaud, no ha perdido su vida por delicadeza. Pero ha perdido una oportunidad de oro en este tiempo. Si hubiera presentado una moción de censura hace unos meses, cuando las barrabasadas de Ayuso eran incuestionables, ahora el PSOE tendría media campaña hecha. No ha entendido que la oposición a Ayuso era diferente a la que se hizo con Cristina Cifuentes. Pero a pesar de ello, es una evidencia fácilmente argumentable que sería, de lejos, el mejor presidente de la Comunidad de Madrid. Precisamente por su afán de aglutinar, por su afán de consensuar, por su espíritu radicalmente moderado.

Gabilondo no es Joe Biden y Mónica García no es Kamala Harris, pero ese sería el resultado necesario para Madrid.

Gabilondo de lejos el mejor presidente
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