viernes 7/5/21

Riesgo de contagio por Covid-19 dentro de un restaurante

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Van bajando las temperaturas, el verano queda atrás y el disfrute de las terrazas que tanto alivió a muchos tras el confinamiento, tiene los días contados. Para seguir atendiendo a los clientes en el exterior, los bares y restaurantes deberán adaptarse al frío (biombos, marquesinas, estufas de terraza…), al mismo tiempo que  acondicionan el interior de los establecimientos para minimizar el riesgo de contagio que tanto temen quienes aun no se han decidido a entrar a un restaurante tras el inicio de la pandemia. No es lo mismo entrar en un bar a desayunar y salir a los diez minutos, que reunirse con amigos a cenar en un restaurante donde, por mucho que se reduzca el aforo, se compartirá aire y espacio con varios comensales que, por regla general, no utilizarán mascarilla durante las dos horas o más de tertulia que sigan a la comida o la cena.

Un estudio publicado en septiembre por el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos) concluye que frecuentar los establecimientos hosteleros es un factor de riesgo para la transmisión del Covid-19 por incitar a prescindir de la mascarilla durante horas. El virólogo Anthony Fauci (experto en enfermedades infecciosas y asesor de todos los gobiernos de la Casa Blanca durante los últimos cincuenta años), es contundente al recomendar sentarse en una mesa al aire libre antes que entrar al comedor de un restaurante por el gran riesgo de contagios que suponen los locales cerrados.

Tanto por el turismo como por nuestra idiosincrasia, el sector de la restauración tiene un gran peso en la economía española, y la apresurada rapidez con que con se le levantó la veda en la desescalada, sitúa a la hostelería y al ocio en el centro de la polémica atribuyéndole parte de culpa de los actuales rebrotes. En España es obligatoria la mascarilla, una amplia mayoría las utiliza y sin embargo somos líderes en los rebrotes de Covid-19 después de haber pasado por uno de los más duros y largos confinamientos. Hay expertos que atribuyen parte de culpa a que la mascarilla no se utilice con rigor en los establecimientos hosteleros, ni tampoco en las celebraciones familiares, algo que sumado a nuestra propensión a la proximidad física, a tocarnos, a hablar fuerte o a cantar en las reuniones, multiplica el riesgo de propagación de virus cuando se comparten recintos cerrados.

Hemos cometido errores de bulto como mantener parques cerrados mientras se abrían los bares. No volvamos a caer en las mismas equivocaciones. Deberíamos aprovechar la posibilidad que nos proporciona nuestro clima para realizar actividades en el exterior, incluso en invierno

Por ello, y a punto de que llegue el invierno, es acuciante que los locales de restauración adapten sus terrazas al frío (son muchos quienes no piensan utilizar el interior de los locales hasta que la pandemia esté controlada) y a su vez pongan al día los sistemas de ventilación y renovación del aire en los comedores interiores, asociando dispositivos específicos que además de ventilar filtren el aire reteniendo al máximo las partículas víricas.

Es responsabilidad de todos no repetir errores  como este verano cuando, confiados, muchos  han bajado la guardia en un intento de salvar la campaña turística estival a costa de un lamentable repunte de contagios. Llama la atención que mientras en España se abrían demasiado pronto los bares y restaurantes al 60% de su aforo, en EEUU permanecían cerrados los comedores interiores a la espera de utilizarlos sólo a un cuarto de su capacidad una vez finalizara septiembre.

Estamos metidos de pleno en una segunda ola y no es de descartar que las cifras de contagios suban más conforme bajen las temperaturas y vuelvan las aglomeraciones. Si bien hay actividades inevitables a las que millones de ciudadanos estamos expuestos cada día y hay que asumir como indispensables (ambiente laboral, transportes públicos, tiendas donde abastecerse…), hay también situaciones superfluas de las que se puede prescindir minimizando así los riesgos de contraer la Covid-19. Por ello, siempre que no esté garantizado un riesgo cero de contagio, deberá respetarse la obligación de utilizar mascarilla en los lugares cerrados donde compartamos espacio con otras personas.

Hoy por hoy, el comedor de un restaurante no es un emplazamiento de bajo riesgo ni debería utilizarse como un lugar de tertulia, al menos no mientras estemos en pandemia. Por muy incómodo que resulte mantener una charla de sobremesa con la mascarilla puesta y a metro y medio de distancia de nuestro interlocutor, deberemos ser conscientes del estado de emergencia que atravesamos, y ponderar si merece la pena correr un riesgo de contagio que podría cambiar por completo nuestra vida o bien acabar con ella.

La salud pública debe ocupar siempre el primer lugar de prioridades en la lucha anticovid, muy por delante de las repercusiones económicas que pueda sufrir cualquier sector empresarial o laboral. Es una irresponsabilidad relajar las medidas de seguridad. A nadie se le ocurre salir a pasear mientras bombardean una ciudad sólo por ejercer el derecho a hacer lo que a uno le apetezca. Si no se puede pasear no se pasea; ya se podrá hacer libremente cuando acabe la guerra.  Hay muchas actividades prescindibles de las que deberíamos olvidarnos mientras estemos en lucha contra el  coronavirus.

Soy consciente de que estas reflexiones no serán compartidas por muchos (tanto empresarios como aquellos cuyos trabajos dependen de la hostelería, el turismo o el ocio), pero me siento en la necesidad de exponerlas por lo absurdo que sería hacer un vida normal cuando la normalidad nos abandonó con la pandemia y no regresará hasta que la venzamos.

Hemos cometido errores de bulto como mantener parques cerrados mientras se abrían los bares. No volvamos a caer en las mismas equivocaciones. Deberíamos aprovechar la posibilidad que nos proporciona nuestro clima para realizar actividades en el exterior, incluso en invierno. El exterior es siempre mejor que el interior, sobre todo si comparamos una terraza bien acondicionada comparado con un local cerrado donde se habla fuerte, no hay buena ventilación, se prescinde de la mascarilla mientras se bebe o come y luego casi nadie se la vuelve a poner, mientras unos y otros confraternizan casi tocándose, un comportamiento que conduce a la acumulación de aerosoles y predispone al contagio.

Riesgo de contagio por Covid-19 dentro de un restaurante