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El pecado de Salvador Illa

Quim González Muntadas | 09 de enero de 2021

salvador illa
Salvador Illa en el Congreso de los Diputados
La inesperada candidatura de Salvador Illa ha alterado el tablero electoral. Las primeras encuestas publicadas apuntan que se abren nuevas alternativas más allá del independentismo.

Salvador Illa parece que no comulga con la máxima que dice: “quien se resigna a llegar segundo o incluso tercero, cuando corren tres, nunca tendrá la sensación de haber perdido”. Al contrario, parece que ha decidido cometer el grave pecado de creerse capaz de vencer al nacionalismo hegemónico durante décadas en la Catalunya bien pensante e influyente. Ha tenido la intolerable arrogancia de no aceptar que su partido siga condenado a ejercer el papel de la oposición más educada.

Ha decidido presentarse a President de la Generalitat con la promesa de que, pase lo que pase, "hablará de todo y con todos", porque afirma que “la mitad de Catalunya necesita a la otra mitad, aunque no piense ni vote como ella”. Aspira a poner "punto final" a la "intransigencia" y la "sinrazón" que ha representado el 'procés’. Y se compromete, con una política sin grandilocuencias, a tejer desde abajo el reencuentro de una sociedad hoy partida en dos, un paso indispensable para recuperar la fuerza y la unidad de Catalunya.

Illa es un candidato soso y sobrio en un país en el que sobran políticos histriónicos, para unas elecciones en las que sobra teatralidad, y en una sociedad, la catalana, ya cansada de momentos y fechas históricas

Salvador Illa es un candidato soso y sobrio en un país en el que sobran políticos histriónicos, para unas elecciones en las que sobra teatralidad, y en una sociedad, la catalana, ya cansada de momentos y fechas históricas. Reivindica una década nueva, que supere los diez años del cansino “procés” que lo único que ha conseguido es empobrecer, dividir y desprestigiar a Catalunya.

La campaña electoral empezará en pocos días. Cada candidato o candidata centrará su mensaje y sus promesas según su ideología, quien la tenga. Pero por desgracia, una vez más, el eje electoral girará en torno al conflicto que vivimos en Catalunya. Unos insistirán en que el conflicto es entre territorios, entre un Estado reprensor y un territorio ocupado y oprimido. Otros seguirán negando el conflicto, cerrando los ojos e insistiendo que la solución es no hacer nada. Ambos, unos y otros, desde la soberbia, reafirmarán que lo han hecho todo bien y por ello el cien por cien de la culpa la tiene la otra parte. Unos, esperan que la solución venga de la mano de héroes y mártires. Los otros, que vendrá sola con la negación de que existe.

Salvador Illa ha dado un salto de página y, desde la humildad, con la firme defensa de la legalidad constitucional, ha afirmado que no todo se ha hecho bien, la necesidad de dejar atrás los errores de unos y otros. Que debemos abrir una nueva etapa para restaurar la fraternidad y la normal convivencia social. Que debemos construir puentes y derribar esos muros, cada día más altos, que dividen a la sociedad catalana. Que es la hora de recuperar “el seny”. Que, como escribió Vicens Vives, es la hora de “dejar y cambiar el arma de la causa perdida por la herramienta del trabajo de cada día para construir el reagrupamiento del país hacia su refugio esencial que es el trabajo, el que, de verdad, entierra decepciones y despierta nuevas esperanzas”.    

La inesperada candidatura de Salvador Illa ha alterado el tablero electoral. Cuando todo parecía decidido y que las elecciones del 14 de febrero serían una batalla entre el independentismo de Oriol Junqueras y el de Puigdemont, con una muy baja participación, las primeras encuestas publicadas apuntan que se abren nuevas alternativas más allá del independentismo. Y ponen en cuestión la creencia, tan extendida, de que la mayoría independentista es inexpugnable.

Se abre la oportunidad, como reclama la. Plataforma de Catalunya de Apoyo al Gobierno progresista de coalición de España PSOE-UP/, para que se rompa la percepción entre tantos sectores de la sociedad catalana de que las elecciones al Parlament de Catalunya son unas elecciones de segundo orden, menos decisivas que las generales. Una oportunidad para los ciudadanos y ciudadanas catalanas de izquierdas y progresistas, para los que creemos en la solidaridad y la cooperación, para contribuir al mismo tiempo a fortalecer la acción del Gobierno de coalición progresista de España. Para abrir un nuevo tiempo en el que el mundo del trabajo, los derechos y la justicia, estén en el centro de la acción de gobierno.
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